Publicado: 02.01.2016 22:12 |Actualizado: 03.01.2016 07:00

'Mujeres al frente', la historia de siete mujeres colombianas sin miedo a la paz

El documental ofrece una visión del proceso de paz combatiendo el patriarcado

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Nelly Velandia, durante el rodaje del documental 'Mujeres al frente, la ley de los más fuertes'.

Nelly Velandia, durante el rodaje del documental 'Mujeres al frente, la ley de los más fuertes'.

Mujeres al frente, la ley de las más fuertes es un documental que cuenta cómo es posible cambiar una realidad violenta a través de la paz y el diálogo. Es la historia de siete mujeres colombianas de distintas clases, edades y etnias cuyo denominador común es su lucha contra el patriarcado, sus ansias de justicia, reparación y futuro tras haber sido víctimas del conflicto armado, aún vigente en el país sudamericano.

De llegar a Colombia, sola y sin equipo –“ni siquiera llevaba cámara, sonido ni apoyo de producción”– a conseguir que ONU Mujeres se fijara en el proyecto financiando parte, dado que este año se cumple el XV Aniversario de la Resolución 1325 de Naciones Unidas sobre mujeres y paz. Más tarde se unirían otras ONG, como Oxfam Intermón. Esa es la historia de la octava mujer, Lula Gómez, la periodista que un día se lanzó a la aventura de este documental.

La idea de esta cinta surgió del hartazgo de la negativa “de los medios tradicionales a dar una historia de la gente que no suele salir en los papeles, especialmente mujeres”, tal y como explica la periodista. La elección de Colombia, según cuenta, vino porque “estas mujeres son especialmente desconocidas”, porque “la violencia come violencia y la forma de pararla no pasa por armarse más”. Algo que las protagonistas de este documental siempre han tenido muy presente, utilizando como única arma “su coraje contra un sistema que las viene matando”.

Un sistema dominado por el patriarcado, que la realizadora no identifica únicamente con “la imposición del hombre sobre la mujer, sino también la del rico o el poderoso sobre el pobre o la del blanco sobre el negro, el indígena, el dispar”. 

El documental no abre la puerta a cómo se habría desarrollado el conflicto colombiano de haberse desenvuelto en una sociedad que no fuera patriarcal, sino que mira hacia adelante, al actual proceso de paz y a cómo las protagonistas de la cinta vienen a “no tener miedo a la paz, por muchas complicaciones que pueda traer”.



“Ser pactantes, no pactadas”

Algunas de las protagonistas, como Mayerlis Angarita o Nelly Velandia, por ejemplo, estuvieron en las negociaciones de paz de La Habana. La primera de ellas lidera el proyecto Narrar para Vivir, que surgió con reuniones clandestinas en parques y hoy ya conecta a más de 800 mujeres que persiguen la superación del conflicto a través de la narrativa y la denuncia de los asesinatos, las violaciones y los desplazamientos provocados por el conflicto. Durante su estancia en La Habana, Angarita siempre tuvo claro que “no queremos ser pactadas, sino pactantes”.

Velandia, por su parte, forma parte de la Asociación Nacional de Mujeres Indígenas y Campesinas de Colombia (ANMUCIC) y desde allí lleva años batiéndose el cobre por una política integral que traiga avances en temas de tierra, crédito y participación de las mujeres. Velandia es de la opinión de que “para que el mundo cambie, deben hacerlo también los hombres” y precisamente “por eso nos toca trabajar con ellos”.

La directora de Mujeres al frente es incapaz de quedarse con una sola historia, de elegir el testimonio que más le impactó porque, como ella misma admite, “todas ellas coinciden en su rechazo a la violencia, su convicción de que la paz solo es posible si hay desarrollo, apuesta sí o sí por el diálogo o la denuncia de la utilización de los cuerpos de las mujeres como arma de guerra”.

Un buen ejemplo de ello es Beatriz Montoya, directora de la Asociación de Mujeres de Oriente Antioqueño (AMOR), desde donde, tras haber hecho un mapa de la guerra, trabajan con víctimas y verdugos, transformando la cultura patriarcal a través de talleres con hombres sobre nuevas masculinidades. Otro es Luz Marina Bernal, que después de conseguir que su hijo fuera considerado el primer falso positivo, esto es, pobres asesinados por los militares que luego éstos camuflaron en las estadísticas como bajas de combatientes, ha logrado que la Fiscalía General de Colombia haya reconocido más de 4.500 ejecuciones extrajudiciales.

Los 50 minutos del documental no quedan ahí, sino que condensan experiencias tan motivantes como la Ciudad de Mujeres de Patricia Guerrero, construida por mujeres desplazadas, ahora propietarias que siguen edificando, pero ahora una sociedad lejos del patriarcado y la violencia; la exsenadora Vera Grabe, puro activismo en vena que hoy dirige el Observatorio de Paz; o Luz Marina Becerra, al frente de la Asociación de Afrocolombianos Desplazados (Afrodes), que combate la triple marginación de que son víctimas por ser mujeres, negras y pobres.

Mayerlis Angarita, durante el rodaje del documental 'Mujeres al frente, la ley de los más fuertes'.

Mayerlis Angarita, durante el rodaje del documental 'Mujeres al frente, la ley de los más fuertes'.

Morir por los Derechos Humanos

Mujeres al frente, por medio de cada una de sus historias, propone “la necesidad de una memoria, de la reinserción y entendimiento de las múltiples partes del conflicto colombiano, la apuesta por acabar con el sistema patriarcal, la reivindicación por una soberanía alimentaria”.

Y, lamentablemente, esta propuesta que no se queda en un discurso o en un mero documental, sino que la llevan constantemente a la realidad, les puede costar la vida. “Estas mujeres están expuestas prácticamente todos los días de su vida. La mayoría de ellas han estado amenazadas de muerte, han sufrido atentados y han sido insultadas”, relata Gómez, terminando por denunciar que “la situación de los defensores de los Derechos Humanos en Colombia es dramática: los matan”.

Tanto es así que Mayerlis Angarita ya ha conseguido salir viva de dos atentados cuya única razón de ser, según la periodista, es que “molesta por su constante denuncia y exigencia de que haya justicia y equidad”. Al final, concluye Gómez, “lo increíble es su fuerza para seguir: dicen que la indiferencia mata más que las balas y que es hora de hacer, que no las callan”.