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"Nací para morir amarraíto al yugo"

El sindicalista Sepúlveda pide cambios a los empresarios de minas

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'¡Viva Chile, mierda! ¡Sáquenme de aquí! ¡Ya pueees!' Lo primero que emergió a la superficie del minero Mario Sepúlveda fueron los gritos con los que jaleó desde la cápsula Fénix a quienes lo estaban sacando de su encierro. Casi sin esperar a ser liberado del arnés de seguridad, Sepúlveda se abalanzó a repartir achuchones a ingenieros, socorristas, y también al presidente Piñera, a quien reservó tres efusivos abrazos. El minero le obsequió después con un souvenir de la mina: un pedrusco.

Sepúlveda, el segundo de los 33 en ser liberado, no quiso hacer injusticias y repartió luego otras piedras, que se había traído en una bolsa, a todos los presentes, incluido al ministro de Minería, Laurence Golborne, a quien saludó con un sonoro '¡Hola, jefazo!' A su mujer, Elvira, apenas le dio un abrazo, por lo que alguien le sugirió: 'Oiga, abrace también a su esposa', a lo que el minero respondió: 'Con la vieja tenemos para toda la vida'.

Con el verbo que le convirtió en el animador del grupo, Sepúlveda aseguró: 'Siempre supe que me iban a sacar, siempre tuve fe en los profesionales que hay en Chile y en el Gran Creador. Dios y el diablo me pelearon y ganó Dios'.

De 39 años, casado y padre de dos hijos, este electricista ha ejercido de presentador de los vídeos de los mineros y de portavoz de sus compañeros para, por ejemplo, pedir que, cuando los rescataran, los recibieran 'con un asado'.

La alegría del rescate no le hizo olvidar ayer su condición de dirigente sindical. Tras repartir abrazos, piedras y dar gracias a Dios y al Gobierno de Chile, Sepúlveda recordó las duras condiciones en las que trabajan él y sus compañeros: 'Era el momento de hacer cambios, este país tiene que entender que hay que hacer cambios. No podemos quedar así bajo ningún punto ni circunstancia'. Y añadió: 'Los empresarios tienen que dar las armas para que los mandos medios hagan cambios'.

Ya en la primera grabación de los atrapados, el minero había hecho una sentida reivindicación: 'Este es un mensaje para el pueblo entero: la familia minera no es aquella familia que conocieron hace 100 o 150 años atrás. Hoy día, el minero es educado, es un minero que puede sentarse en cualquier mesa'.

A pesar de que algunos medios han destacado sus dotes de comunicador, este trabajador no cambiará de oficio: 'No quiero que me traten como artista ni como animador, sino como el Mario Sepúlveda minero. Nací para morir amarraíto al yugo'. El minero se subió luego a una camilla, preguntó por su perra y recordó: 'Oigan, el asado no se me ha olvidado'.