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Napolitano confirma que el nuevo Gobierno de Italia tendrá que unir al centroderecha y al centroizquierda

El reelegido presidente de la República da un rapapolvo al Parlamento por el inmovilismo y las luchas cainitas de los últimos años. Mañana comenzará las reuniones para proponer un primer ministro. El Partido Democr&aa

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Giorgio Napolitano ha jurado esta tarde la renovación de su cargo como presidente de la República a sus 87 años 'hasta que las fuerzas me lo permitan' y durante su discurso ha empleado palabras durísimas contra los partidos políticos por 'no haber dado soluciones a la exigencia de reformar las instituciones y la renovación política' en el contexto de la crisis y por la 'lentitud, conveniencia, instrumentalización y peleas'que han caracterizado la vida parlamentaria de los últimos años. A partir de mañana comenzará a pensar en un primer ministro al que tanto centroderecha como centroizquierda - como ya ocurriera con Monti- se verán obligados a apoyar si no quieren ir de nuevo a las urnas.

Napolitano ha reconocido que 'no tenía pensado volver a esta Cámara para pronunciar un juramento' pero 'a la carga de la edad se han añadido otros problemas, como las cinco votaciones nulas en un ambiente cada vez más tenso' el pasado fin de semana durante la votación para elegir al nuevo jefe del Estado. 'Esto no había pasado nunca en la historia de la República. Ha sido una elección legítima pero excepcional [...] tanto o más grave que la condición de dificultad y emergencia que vive Italia en un contexto europeo e internacional [...] No he evitado mi responsabilidad [...] Pero sé que lo que ha pasado aquí en los últimos días representa el resultado de una larga serie de omisiones y errores y de irresponsabilidad'.

El presidente italiano puso especial énfasis en el hecho 'imperdonable'de que los partidos no hayan querido reformar la ley electoral de 2005 antes de las elecciones, lo que ha provocado la situación actual de bloqueo. También dio la bienvenida a los diputados y senadores del Movimiento 5 Estrellas (M5S) 'que han demostrado querer comprometerse en el Congreso y el Senado para ganarse el peso y la influencia que les espera' pero envió un mensaje directo a su líder Beppe Grillo, que acusó ayer a los partidos tradicionales de haber dado 'un golpe de listillos' a la hora de reelegir a Napolitano: 'Ese es el camino para una dialéctica democrática fecunda y no el de enfrentar a las plazas y el Parlamento [...] La red da unas posibilidades inéditas para expresarse individualmente y para participar en política [...] Pero no hay una participación realmente democrática, representativa y eficaz para la toma de decisiones sin el trámite de unso partidos que sean capaces de renovarse y de movimientos políticos organizados vinculados al imperativo constitucional del método democrático'.

Los diputados acogieron con fuertes aplausos algunos de los apsajes del discursod e Napolitano, que hasta entres ocasiones se emocionó y estuvo a punto de romper a llorar, cosa que le pasa muy a menudo desde hace meses cada vez que comparece ante el público. Pero en el fondo están acostumbrados a esa bronca, que por otra parte ha sido una constante sobre todo en los últimos tres años. A partir de aquí Napolitano empezó a desvelar cosas más serias. Por ejemplo, lo que ya se había interpretado después de que el exlíder del centroizquierda, Pierluigi Bersani; el líder del centroderecha, Silvio Berlusconi; y el máximo exponente de los democristianos, Mario Monti, se reunieran con él el sábado, desesperados por la imposibilidad de llegar a un acuerdo para elegir a su sucesor. Es decir, que el próximo Gobierno en Italia no lo elegirá el Partido Democrático de centroizquierda vencedor de las elecciones, ni el M5S, segunda formación más votada. Lo elegirá el propio Napolitano, incluido el primer ministro, y estará formado por miembros de todo el arco político, exceptuando, seguramente, el M5S.

'El hecho de que en Italia se haya extendido una especie de pavor a cualquier hipótesis de pacto, alianza, mediación o convergencia entre fuerzas políticas dispares es un símbolo de regresión, de la difusión de la idea de que se pueda hacer política sin conocer o reconocer la problemática tan compleja que conlleva el gobernar' dijo Napolitano. Esta frase sería muy bonita si, por un lado, la derecha no la llevara Berlusconi, y por otro, el centroizquierda con Pierluigi Bersani al frente se hubiera descompuesto precisamente por querer pactar con Il Cavaliere para satisfacer esa aspiración de entendimiento 'entre fuerzas políticas dispares', en lugar de aceptar el candidato que el M5S había propuesto, Stefano Rodotà, un hombre de izquierdas desligado de los partidos políticos desde hace mucho tiempo y sin ningún tipo de mancha en su currículum.

Parte de culpa la carga el propio Bersani, que no ha sido capaz de domar  la tormenta perfecta desatada entre las distintas facciones de su partido después de fracasar en el intento de formar un Gobierno. La otra la cargan los denominados 'francotiradores' del PD, que han querido imponer su posición y que han terminado por hacer explotar el partido no votando al candidato propuesto por Bersani en la elección a jefe del Estado, sirviendo en bandeja el futuro del país a Berlusconi, quien no hay que olvidar que hace dos meses se encontraba a 12 puntos de distancia por debajo de los progresistas en las encuestas.

Este martes Napolitano comenzará a dibujar el futuro de Italia y su nuevo Gobierno presidencialista. Por ahora los dos nombres que más han sonado para dirigir a esa gran coalición son los del septuagenario Giuliano Amato, presidente del Gobierno entre 200 y 2001 y subsecretario de presidencia de Bettino Craxi, el exprimer ministro mentor de Berlusconi que tuvo que exiliarse a Túnez para evitar las siete condenas que le cayeron por el escándalo de Tangentopoli. Toda una renovación. El otro sería el de Enrico Letta, exsubsecretario del PD (dimitó el domingo tras el éxito de las votaciones) que va a tener bastante en los próximos meses con guiar al partido hasta el Congreso en el que se elija al nuevo líder. En las últimas horas ha llegado a sonar el nombre de Annamaria Cancellieri, ministra de Interior técnica con el Gobierno Monti, a la que los democristianos querían como presidenta de la República.