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El narco y el neocolonialismo

El Gobierno mexicano ha permitido que espías estadounidenses operen en el país sin consultar al Parlamento

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Tras la masacre cometida por los cárteles el pasado jueves en Monterrey, el presidente mexicano, Felipe Calderón, volvió a subrayar la responsabilidad de Estados Unidos, acusando al país vecino de no hacer lo suficiente para poner fin a la venta indiscriminada de armas, regular el consumo de drogas y reducir las ganancias derivadas del narcotráfico.

Sin embargo, la colaboración entre ambos países es mucho más estrecha de lo que sus líderes admiten en público. Washington tiene agentes secretos en suelo mexicano, tal y como desveló esta semana The New York Times. El rotativo publicó que EEUU mantiene un centro de inteligencia dentro de una base militar mexicana, que estaría junto al aeropuerto de Monterrey, la capital financiera del país y uno de los focos más violentos de la guerra entre los cárteles.

EEUU dirige centros de inteligencia en Monterrey y en la capital mexicana

Miembros de la CIA, de la Agencia Antidrogas (DEA) y exmilitares estadounidenses trabajan allí 'codo con codo' con las fuerzas de seguridad mexicanas para recopilar información sobre la delincuencia organizada y planificar las operaciones de choque, añade el artículo. Además de tener informantes en México, los estadounidenses han entrenado a soldados y policías federales, interrogan a sospechosos y graban conversaciones.

A esta base militar hay que sumarle otro centro de espionaje en el corazón de Ciudad de México, dónde los agentes estadounidenses discuten la estrategia de combate al narcotráfico con altos funcionarios del Gobierno mexicano y los someten a exámenes de confianza, según averiguó el diario La Jornada.

Esta injerencia se da en el marco de la Iniciativa Mérida, un tratado de seguridad entre EEUU y México para combatir el crimen organizado, que se puso en marcha en junio de 2008 y por el cual los mexicanos ya han recibido cerca de 1.400 millones de dólares en equipo militar, tecnología y asesoría en técnicas de combate antiterrorista. Pero esta cooperación no contemplaba centros de espionaje con permiso gubernamental.

Agentes de la CIA y de la DEA diseñan las operaciones contra el narco en México

Aunque la noticia ha suscitado la indignación de la clase política mexicana, que ha visto cómo el Ejecutivo vulnera la soberanía nacional sin pedir permiso al Parlamento, no viene de nuevo. A principios de año, se supo que aviones no tripulados estadounidenses sobrevolaban el territorio mexicano a petición del Gobierno local.

Los cables de Wikileaks ya habían revelado que el embajador estadounidense en México en 2006, Tony Garza, favoreció la toma del poder de Felipe Calderón para 'promover las áreas que son prioritarias para nosotros (EEUU)'.

Panamá, Colombia y ahora el país azteca han sido un 'gran escudo imperial'

Para John Ackerman, jurista especializado en la relación bilateral entre estos países, el gran problema es 'la subordinación mexicana a la estrategia de Washington. A la Administración estadounidense le conviene un vecino controlado políticamente, tanto por sus intereses en el mercado de las drogas y el armamento como por el petróleo o los recursos naturales'. Cada día entran ilegalmente a México cerca de 2.000 armas y EEUU es el destino principal de los narcóticos mexicanos. Además, EEUU no persigue el narcotráfico, el lavado de dinero o el contrabando de armas con mucho ahínco, en opinión de los expertos mexicanos.

En este sentido, Beatriz Torres, del Centro Académico de la Memoria de Nuestra América en México, señala que las guerras contra el narcotráfico en Panamá, Colombia y ahora en el país azteca 'han sido un gran escudo imperial para justificar el control económico, social, político y militar en América Latina desde que se acabó la Guerra Fría'.

De hecho, en septiembre pasado, Hillary Clinton comparó los cárteles mexicanos con la narcoinsurgencia de Colombia en los años ochenta. Y aunque el país azteca lo negó, aplica la misma estrategia de represión militar que se aplicó en el país suramericano. Allí, el Plan Colombia permitió que se instaurasen siete bases militares. Aquí, en menos de cuatro años de cooperación militar, ya parecen controlar una.

Desde la sociedad civil, el Movimiento por la Paz critica la sumisión de Calderón a los inquilinos de la Casa Blanca. 'Los manuales y lógicas militaristas de EEUU están sembrando sufrimiento, horror y muerte en nuestro país. No se trata de negar su colaboración frente al crimen organizado, sino de evitar que la lógica de su poder militar y sus intereses globales impongan el diseño de seguridad de nuestra nación', dijo uno de los líderes del movimiento, el poeta Javier Sicilia, delante del Senado.

En cambio, desde el Gobierno se oponen. El portavoz de Seguridad mexicano, Alejandro Poiré, aseguró que 'la presencia de funcionarios de EEUU en México respeta cabalmente la constitución' y anunció que en la siguiente fase de la Iniciativa Mérida se capacitará a los policías locales.

Para Poiré, la cooperación 'ha fortalecido nuestras capacidades frente a quienes ponen en riesgo la tranquilidad de la población'. Desde que el Gobierno ha sacado el Ejército a las calles, han muerto más de 40.000 personas y hay otras 5.000 desaparecidas.