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"Si no hay independencia completa, habrá jaleo"

Los albanokosovares temen la escisión de la minoría serbia en el norte de la provincia rebelde.

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“Serbia está dispuesta a reconocer la independencia de Kosovo, pero con una pequeña condición: que la proclamen el próximo 29 de febrero, para que esos malditos albaneses sólo puedan celebrarla una vez cada cuatro años”.

El chiste circula estos días entre la población albanesa de Kosovo, y da cuenta del carrusel de especulaciones sobre la inminente separación de esta provincia del sur de Serbia. Lo contaba ayer en Pristina Bujar Bukoshi, urólogo y cirujano de 60 años que fue primer ministro del Gobierno kosovar en el exilio alemán entre 1991 y 2000.

Cuenta Bukoshi que en Kosovo no se puede hacer política y extirpar riñones el mismo tiempo, así que tras unos años de inactividad decidió volver al ruedo y es ahora diputado de la Liga Democrática de Kosovo, aliado del actual Gobierno del ex guerrillero Hashim Thaçi.

Bukoshi aplica su incurable sarcasmo a cualquier pregunta sobre el resultado de las elecciones serbias, que ganó el proeuropeo Boris Tadic: “Si hubiera vencido Nikolic, la agonía se terminaba antes”, comenta. Se refiere por supuesto a la interminable espera de la declaración de independencia.

El propio Thaçi dijo en Bruselas que era “cuestión de días”, pero eso fue el pasado día 24. Las especulaciones señalan varias fechas de aquí a mediados de marzo. Pero sólo hay un pronóstico fiable: no va a ser el 29 de febrero.

El juicio de Bukoshi sobre el resultado electoral es extrapolable a la mayoría de políticos albanokosovares, que creen que con un ultranacionalista como Nikolic, a la comunidad internacional le quedaría claro de una vez por todas que en Belgrado la gente sólo elige a “sucedáneos de Milosevic” y Serbia es por tanto “incurable”. Bukoshi está de acuerdo con Thaçi en que el resultado de los comicios serbios no iba a influir en la fecha.

Buscando fecha

La cuestión de cuántos países van a reconocer al nuevo Estado y cuánto van a tardar en hacerlo no tendrá consecuencias inmediatas en el terreno, a diferencia de lo que sucede con la reacción de la minoría serbia al norte de la ciudad kosovar de Mitrovica.

Allí, esta minoría, sin apenas contacto con sus vecinos albaneses, “vive exactamente igual que en el centro geográfico de Serbia”, explica Oliver Ivánovic, líder socialdemócrata serbio de la región.

En cualquier caso, si el norte serbokosovar se declara a su vez “independiente” del nuevo Kosovo y se une al territorio gobernado por Belgrado, “se va a abrir la caja de Pandora”. Bujar Bukoshi no se cansa de lanzar esa advertencia, y cuando lo hace se pone serio y aparca por un momento cualquier cinismo.

Reacción en cadena

Ese escenario tendría consecuencias imprevisibles para los Balcanes. En el peor de los casos, podría desatar una reacción en cadena. Los albaneses de Macedonia, un 25% de la población mayoritariamente concentrada en el noroeste del país, podrían de repente querer unirse a Kosovo.

Y a los serbios de Bosnia-Herzegovina podría darles por unirse a su vez a Serbia, haciendo trizas el histórico acuerdo de Dayton, forjado en 1995 por Bill Clinton, que puso fin a la guerra de Bosnia. Por eso, Bukoshi advierte: “Si no hay una independencia completa de la provincia entera, habrá jaleo”.

El ex primer ministro kosovar no tiene ninguna duda de cómo reaccionará la comunidad internacional si los serbokosovares del norte deciden separarse del nuevo Estado: “Por las amargas experiencias del pasado, vaticino que se aceptará una vez más una drástica violación de la resolución 1.224 de la ONU: tolerancia de los extremistas en el norte, desvinculación de Pristina, cesión ante Serbia”. En efecto, la propia ONU ha tolerado en contra de esa resolución la actuación directa de Belgrado
en Mitrovica.

Diseñando la bandera

Para Bukoshi, el principal problema de Serbia es que tiene pendiente “un proceso de desnazificación”, y que la comunidad internacional sigue considerando a Belgrado como potencia hegemónica en los Balcanes, como si estuviéramos en tiempos de Tito. Por lo demás, “todos los serbios saben interiormente que Kosovo
ya está perdido”.

Tampoco los albanokosovares albergan duda alguna al respecto. El hotel AFA de Pristina da la bienvenida en carteles “a todos los ciudadanos de países que vayan a reconocer la independencia de Kosova”. Porque el nuevo Estado tendrá nombre albanés, acabado en a.Una comisión sigue estudiando centenares de propuestas para la nueva bandera, en la que el águila bicéfala de los albaneses destacará de alguna forma.

Pero ningún político albanokosovar cree que haya que esperar a tener símbolos nacionales. Una lástima. La fiesta de la independencia quedará algo deslucida.
La UE enviará 1.800 policías a la zona.

La Unión Europea aprobó ayer el envío de 1.800 agentes de policía a Kosovo para sustituir a los efectivos de Naciones Unidas, desplegados en la provincia serbia desde la ofensiva de la OTAN de 1999.

El acuerdo se logró tras retirar Chipre su amenaza de bloqueo a la decisión. Los chipriotas, contrarios a la independencia kosovar, decidieron abstenerse, evitando así el veto a la decisión.

Desde Nicosia se teme que los turcochipriotas del norte de la isla declaren la independencia imitando a los albanokosovares.Chipre y Rumanía habían exigido que la misión se aprobara después de las elecciones en Serbia y antes de que Kosovo declare su independencia para evitar problemas de legalidad internacional.

La misión tiene previsto llamarse EULEX Kosovo y tendrá un coste de 205 millones de euros durante susprimeros 16 meses.  Los 27 acordaron designar al diplomático holandés Peter Feith como representante especial de la Unión Europea para Kosovo.La misión internacional, liderada por la OTAN, cuenta con 16.000 soldados en la todavía provincia serbia.