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"No volveremos a Siria hasta que no caiga el régimen"

Miles de refugiados sirios huyen de la represión a Líbano y Turquía

JORGE GARCÍA

'Quince vecinos fueron detenidos cuando cruzaron la frontera porque se fiaron de las autoridades sirias. Por eso, no pensamos regresar a nuestro país', dice Ziad, seudónimo de un padre de familia de 42 años procedente de Talkalaj, al oeste de Siria, y que encontró refugio en la casa de un familiar en Líbano. Como Ziad, muchos son los sirios que huyen de la represión de las Fuerzas de Seguridad del régimen de Bashar al Asad. Intentan alcanzar los vecinos Líbano o Turquía, donde llegaron en las últimas 24 horas más de 2.400 personas, según las autoridades de Ankara.

En Líbano, que Siria ocupaba militarmente hasta 2005, las autoridades de Damasco enviaron a sus hombres para invitar a los refugiados a volver a sus casas sin miedo a represalias. Pero la familia de Ziad lo tiene claro. 'No vamos a volver a Siria hasta que no caiga el régimen. Vino a vernos el alcalde con el jeque, quien nos dijo, una vez a solas, que regresáramos porque iban a detenernos nada más entrar en territorio sirio', dice.

Cuando su familia huyó, la situación era insostenible. 'Más de cien tanques cercaban toda nuestra comarca. Miles de militares y otros tantos shahiba [fantasmas en árabe, y civiles contratados por el régimen] de Hizbolá e Irán nos sitiaban. Había muchos francotiradores. Mucha gente murió, como mi hermano', narra Ibrahim, primo de Ziad. Cree que sólo en Talkalaj fueron detenidos unas 600 personas. Ya habla de torturas con mecanismos eléctricos, disparos indiscriminados, bombardeos contra casas de civiles, falta de alimentos y de agua, corte de electricidad...

Cuando se les pregunta por qué creen que el régimen usa tanta brutalidad, responden que es 'porque somos suníes y exigimos libertad'. 'Son los chiíes alauíes los que están dando órdenes al Ejército y al Gobierno. Pero no nos van a callar. Todo lo que hemos hecho ha sido solidarizarnos con la gente de Daré [donde empezaron las revueltas] y pedir mejoras de calidad de vida'.

La zona fronteriza entre el norte de Líbano y el oeste de Siria es ampliamente conocida por los contrabandistas. Gasolina, productos básicos, drogas, armas Ese es el principal motor de su economía. Damasco sostiene que grupos criminales en ciudades como Talkalaj están sembrando el caos. 'No es cierto que vayamos armados y nos tomemos la justicia por nuestra mano, pero sí estamos hartos del régimen y que queremos que caiga. Son unos ladrones. Mira cómo roba al país Rami Maj-luf, primo del presidente. No podemos comprar coches, casas ¡Las cosas deben cambiar!', responde Ibrahim.

Ziad va más allá: 'La comunidad internacional debe intervenir, acabar con esta masacre e iniciar una nueva etapa. Al Asad ha creado una brecha que no va a cicatrizar'.

Los miles de refugiados en el norte de Líbano (6.500 según la Cruz Roja libanesa) y en Turquía no tienen prisa para volver. Ziad tiene familia en Líbano y es de un país que conoce bien. 'Además, nos tratan bien en los servicios de emergencia libaneses. Nos han dado muchas facilidades para establecernos y adaptarnos', subraya.

Sin embargo, tras ellos han quedado otros muchos sirios que no han podido escapar. Los ejércitos sirio y libanés se han coordinado para cerrar las fronteras en Al Arida y Wadi Jaled. Un hecho que ha sido condenado por parte de la ONG Frontiers-Ruwad. Su directora, Samira Tarad, declaró que Beirut tiene suscritos acuerdos internacionales y que al cerrar pasos fronterizos los está incumpliendo.

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