Publicado: 06.04.2014 08:40 |Actualizado: 06.04.2014 08:40

Los nuevos partidos cambian la cara política de Europa

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Con un megáfono en una mano y el ordenador en la otra para actualizar su popular blog, el cómico italiano Beppe Grillo sorprendió a Europa. Su Movimiento 5 Estrellas fue la agrupación más votada en las elecciones italianas de octubre de 2013, con el 25,5% de apoyos. Al mismo tiempo pero más al norte, en la República Checa, el segundo hombre más rico del país, Andrej Babis, también ha coloreado la política con gamas diferentes; en su primera cita con las urnas, la Alianza de los Ciudadanos Descontentos ha rozado el 20% de los votos.

No son los únicos. Los 'novatos' se extienden a lo largo y ancho de Europa, de Sur a Norte y de Este a Oeste. En Portugal, la esquina más occidental del continente, las candidaturas independientes, cada una de una tonalidad y de un matiz diferente, lograron el control de trece cámaras municipales, entre ellas la de Oporto, en los comicios locales de septiembre de 2013. Si los independientes portugueses concurrieran unidos a una generales, hoy serían la tercera fuerza del país.

Nuevos partidos, nuevas caras y nuevas siglas están cambiando el panorama político de una Europa anclada, desde la segunda mitad del siglo XX, en tres grandes familias políticas: la social-democracia, la liberal y la conservadora. En los últimos tiempos, los arcos parlamentarios del continente han experimentado modificaciones en su estructura, despertando recelos y emociones, a partes iguales. También muchas dudas. Sucede en Italia, en la República Checa y en Portugal. También en Eslovaquia, donde los comicios de 2012 estuvieron marcados por el 50% de abstención y el 7% logrado por la novel formación Gente Corriente. Y en el Estado español, en el que según el Ministerio del Interior han surgido 492 partidos entre 2011 y 2012, con Vox y Podemos como las dos de las últimas novedades, desde extremos ideológicos opuestos.

Según el Ministerio del Interior, en España han surgido 492 partidos entre 2011 y 2012

"Son hijos del descontento, que se explica tanto por razones económicas como políticas. Hay quien percibe que los partidos políticos tradicionales no sólo son incapaces de dar respuesta a los problemas sino que además forman en sí mismos parte del problema", apunta la profesora de la Universidad de Valencia Astrid Barrio. El docente de Ciencias Políticas de la Universidad de Ámsterdam y autor del libro Transformaciones de los partidos en las democracias europeas, André Krouwel, considera también que el fenómeno se sostiene porque la gente no está satisfecha, aunque las razones exactas son muy diferentes: "Algunos partidos nacen en torno al fenómeno de la inmigración y por la islamización, mientras que otros lo hacen porque están preocupados por la desaparición del Estado de bienestar".

Más allá de un marco general de desagrado o decepción con quienes gobiernan, el nexo de unión entre las nuevas formaciones se desvanece rápido. La esencia de su espíritu y su razón de ser abarca todo el arcoiris. Y es que, las alternativas nacen por la derecha o por la izquierda, cuando no por el centro, desde abajo o desde arriba, cuando no por el medio, de un día para otro o a fuego lento. Quieren ser la pieza que falta en el puzzle, pero tampoco desean encajar en el dibujo establecido, buscan desfigurarlo. Colorearlo.

Grecia. Doce años ha precisado la coalición de izquierda Syriza, desde su nacimiento en 2004, para convertirse en la segunda fuerza más votada (en junio de 2012 alcanzó el 27% de apoyo). Apenas cuatro meses necesitaron Griegos Independientes, escindidos de la derecha tradicional de Nueva Democracia, para ser la cuarta fuerza del país. En la sexta posición aparece Izquierda Democrática, que rompió con Syriza y que después, paradójicamente, ayudó a Nueva Democracia a controlar el Ejecutivo. La madeja griega es multicolor y se enreda: la derecha, los socialistas y la izquierda moderada están ahora, todos juntos, en el Gobierno. En vigilia, la izquierda radical y la derecha xenófoba.

Más allá de un desagrado con quienes gobiernan, el nexo de unión entre las nuevas formaciones se desvanece rápido

Portugal. Mientras se escuchan rumores de algo nuevo por la derecha, la izquierda ya disfruta de su último ‘descubrimiento': se llama Livre y es la formación nacida al calor del eurodiputado independiente Rui Tavares. El profesor del ISCTE-Instituto Universitario de Lisboa Pedro Adão e Silva lo tacha de "micropartido" y subraya la "importante diferencia" de la República lusa: no tiene problemas de identidad regional, por lo que no surgen partidos regionalistas; tampoco hay racismo o xenofobia, lo que hace poco probable que nazca una opción de extrema derecha; y el Partido Comunista de Portugal controla el espectro de la izquierda, lo que dificulta el camino a las alternativas que transitan esta vereda. A pesar de todo ello, los grandes partidos andan lejos del 70% de los votos que tenían hace pocos años, entre otras cosas, porque la abstención roza el 40%.

Holanda. El líder xenófobo y antimusulmán Geert Wilders, del Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD), asestó un varapalo a los dos partidos que han controlado la vida política holandesa durante años: los liberales y los socialdemócratas. VVD se presentó a las elecciones del 20 de marzo en dos únicas ciudades, imponiéndose en Almere, localidad dormitorio cercana a Ámsterdam.

El cómico Beppe Grillo, el adinerado Andrej Babis, el mediático Rui Tavares o incluso el polémico Wilders son nombres que no requieren tarjeta de visita y menos con la atención informativa que generan a su paso. ¿Populistas? "El populismo es simplemente una estrategia para tratar de ser popular, enfatizando algunas cuestiones sobre otras. Todos los partidos lo hacen. Lo diferente es que quienes realmente lo son pretenden tratar como traidores a los otros, como sucede por ejemplo en los Países Bajos con Geert Wilders. Eso dinamita la democracia", sostiene Krouwel desde Holanda.

Con una democracia en horas bajas, el futuro (y el presente) pasa por nuevas recetas

Con una democracia en horas bajas, dados los índices de participación y la desconfianza del electorado, el futuro (y el presente) pasa por nuevas recetas. "Son partidarios de otras fórmulas más participativas, precisamente como mecanismo para dar más voz al pueblo y hacer valer sus intereses. Ponen en duda el modelo de la democracia representativa", apunta Astrid Barrios.

El fenómeno es especialmente significativo en España, donde los aires en torno al 15-M están cuajando en nuevas formas de implicación ciudadana. "Las estrategias políticas se están diversificando y crear un partido político es una forma más de participación. Mucha gente opta por opciones más horizontales e incluso grupos anarquistas están formando partidos políticos", describe el profesor de la Universidad Jaume I Ramón Feenstra, que analiza las dinámicas surgidas en torno al 15-M, como el Partido X, Escaños en Blanco o Podemos. La experiencia del Estado español ya ha calado fuera y el movimiento Occupy, que cuajó significativamente en Londres y Nueva York, está moviendo ficha en esta dirección, la del salto a la política.

En españa, los aires en torno al 15-M están cuajando en nuevas formas de implicación ciudadana

La intención de estas plataformas, espoleadas por las herramientas tecnológicas y digitales que las dan a conocer entre los internautas, es, según Feenstra, ir modulando a los partidos tradicionales: "No todo depende del porcentaje de votos sino de influencia, de hasta qué punto calan sus reivindicaciones y meten cuestiones en el debate y en la agenda pública. En el caso de Podemos es muy fácil porque busca también influir en Izquierda Unida para abrir la estructura y que haya una democratización interna. Mientras, el Partido X puede influir en las demás formaciones intentando que haya mayor participación ciudadana en los procesos".

¿Hay nerviosismo?, ¿habrá cambios en las formaciones hegemónicas? André Krouwel responde: "Los partidos se adaptan a su contexto o están condenados a desaparecer, también los tradicionales. El problema es que las cosas han cambiado drásticamente y lo siguen haciendo a marchas forzadas. Necesitan encontrar un acuerdo nuevo con diferentes grupos de votantes". Por su parte, la profesora de la Universidad de Valencia apunta que los recién llegados pueden tener una función sistémica muy relevante porque, al canalizar la protesta y el descontento, dando voz a aquellos que no se sienten representados, pueden servir para dar estabilidad al sistema y contribuir a su legitimación.

Las elecciones europeas previstas a finales de mayo son el próximo termómetro, tanto para tantear el músculo de las nuevas formaciones como el de la propia construcción europea. "Los partidos de centro siempre han sido europeístas y Europa siempre ha sido una fuente de legitimidad. Ahora que se desangra la situación...", deja el en aire Pedro Adão e Silva. "Son los comicios en los que más peso tiene la crítica ciudadana y en donde más se muestra la desafección", completa Ramón Feenstra.

Mientras unos perfilan sus candidaturas, otros piensan en coaliciones. La habitual escasa participación (en las últimas europeas sólo votaron cuatro de cada diez ciudadanos) y la necesidad de formar alianzas internacionales marcarán los comicios. "Veremos cómo se fortalece la derecha anti-inmigrante y que los conservadores representados por el Partido Popular Europeo podrían dividirse o implosionar. La izquierda va a tratar de llegar unida, pero no es un grupo coherente. Habrá muchas coaliciones de conveniencia, pues de algún modo son necesarias para tener poder. Pero no será una colaboración entusiasta dentro de los grupos políticos y los votantes quedarán descontentos de forma generalizada", hace sus cábalas Krouwel. La deriva de los partidos tradicionales, de los nuevos, de los de ayer y de los de siempre, de los de hoy, tiene una cita clave a finales de mayo.