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Obama admite la "paliza" pero mantendrá su agenda

El presidente tiende la mano a los republicanos, al tiempo que les advierte de que ningún partido puede imponer su programa. Subraya que los electores no quieren revivir las luchas pasadas

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Barack Obama reconoció ayer que había recibido una 'paliza' en las urnas tras el maremoto conservador de las elecciones legislativas del pasado martes y asumió la derrota de su partido como una lección de 'humildad'. El presidente prometió trabajar con los republicanos, pero sin renunciar a los logros conseguidos durante sus dos años en la Casa Blanca.

'Espero poder trabajar cuanto antes', con los líderes republicanos aseguró Obama en rueda de prensa en la Casa Blanca. El mandatario reconoció que había sido una noche 'larga' y achacó los resultados a la 'frustración' de los estadounidenses ante la crisis.

Asume la derrota como una lección de 'humildad' y se hace responsable

Tranquilo y pausado, el mandatario lanzó claros mensajes a los militantes conservadores al asegurar que no pensaba que 'Washington pudiera resolver todos los problemas' y no pensaba dejar como 'herencia un país endeudado'.

La colaboración será necesaria, subrayó el presidente porque 'ningún partido podrá dictar' su programa, al controlar una cámara cada uno. 'Debemos encontrar un término medio' aunque 'no será fácil y seguirán habiendo diferencias', advirtió Obama.

De hecho no existe realmente precedente del nuevo mapa electoral. Es la primera vez en 80 años que la Cámara de Representantes cambia de mayoría sin que la acompañe el Senado. Y esta es la mayoría más amplia que consiguen los republicanos desde 1928.

Los republicanos no controlan todo el Congreso y tendrán que pactar con él

El presidente reconoció parte de su responsabilidad en el fracaso, por no haber hecho 'suficiente progreso en el tema económico', y prometió 'trabajar más duro' para sacar al país de la recesión, con la ayuda de los conservadores. Admitió que, en medio del 'caos y el furor' de la crisis, no 'cumplió su promesa' de cambiar los hábitos de Washington.

Obama se mostró conciliador pero también marcó los límites de su cooperación. 'Creo que se malinterpretarían las elecciones si se creyera que el pueblo estadounidense quiere ver repetidas las luchas de estos dos primeros años', dijo el presidente preguntado por las intenciones de los republicanos de derogar el plan de salud tan duramente negociado.

También aseguró que si bien estaba a favor de reducir el déficit, los gastos en educación e I+D seguían siendo una prioridad, así como la mejora de la infraestructuras del país. 'No tiene sentido que China tenga mejor tren de alta velocidad o mejor superordenador que nosotros', añadió.

Más reflexivo hacia el final de la rueda de prensa, que duró una hora, el presidente reconoció 'sentirse mal' ante la derrota de muchos de sus colegas demócratas 'que tomaron riesgos aún sabiendo el coste. Los admiro mucho y me pregunto si hubiera podido hacer algo distinto para seguir viéndoles aquí'. Y usó la palabra 'paliza' para definir su nueva situación en el Congreso.

Envalentonados por su victoria, los republicanos fueron menos conciliadores. 'Vamos a cambiar de dirección', declaró el que será nuevo presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, al hablar de la reforma del sistema de salud, que calificó de 'monstruosidad'. Prometió luchar por un Gobierno más pequeño, menos costoso y más responsable', y pidió la colaboración de la Casa Blanca. 'Creemos que [Obama] está dispuesto a trabajar con nosotros en estas prioridades; nuestra nueva mayoría será la voz del pueblo estadounidense', dijo Boehner.

El maremoto republicano afectó por igual a los demócratas que se mantuvieron fieles a Obama y los que tomaron sus distancias. Los primeros en caer fueron los que consiguieron frágiles victorias en 2008 en distritos conservadores, arrastrados por la ola del cambio generacional prometido por el presidente.

Estas elecciones no son una repetición de 1994, el ejemplo al que más se había recurrido hasta ahora para ilustrar la debacle demócrata, las elecciones legislativas en las que el entonces presidente Bill Clinton vio esfumarse su mayoría. Sobre todo porque en esta ocasión, los republicanos, aunque han ganado más claramente en la Cámara de Representantes, se han quedado sin el Senado, lo que anticipa una batalla aún más complicada para ambos bandos.

'No podía haber peor resultado', decía desde las páginas del Washington Post, el comentarista Ezra Klein. 'Los republicanos no controlan del todo el Congreso y no tienen poder suficiente para que se les eche la culpa de los resultados legislativos. Los demócratas han perdido poder en la Cámara, pero no tienen una mayoría sólida en el Senado. Resumiendo: los republicanos no pueden asumir un poder de gobierno y los demócratas no tiene capacidad de gobernar'.

De momento significa que los logros de Obama en sus dos primeros años de mandato podrían estar fuera de peligro. Aunque los conservadores hagan lo posible por socavar el alcance de la reforma del plan de salud, sin eliminarlo del todo, deberán enfrentase a un Senado afín a la Casa Blanca.

Durante la rueda de prensa, Obama reconoció que en Washington era difícil a veces no sentirse aislado del resto del país, la gran crítica de la campaña republicana: 'Cuando estaba en Iowa [preparando su candidatura de 2008] la gente entendió que mi historia era la suya'.

Recordó, para consolarse, que 'dos grandes comunicadores, Ronald Reagan y Bill Clinton,' se vieron en situaciones parecidas en 1994 y 1982 tras sus respectivas palizas electorales. Y aunque no lo dijo explícitamente, también habría podido añadir que sus dos predecesores en el cargo fueron reelegidos dos años más tarde.

Comicios sin listas electorales 

Los miembros del Senado y de la Cámara de Representantes son elegidos para seis y dos años, respectivamente. En los dos casos, los comicios son uninominales; es decir, que no hay listas electorales. Por ejemplo, cuando fallece un senador, hay que celebrar nuevas elecciones. El Senado renueva un tercio de sus miembros cada dos años. 

El control de la Cámara de Representantes

Además de votar las leyes federales, a los 435 miembros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos les corresponde hacer propuestas de presupuesto, que pueden ser luego rechazadas o modificadas por el Senado. La Cámara puede abrir una investigación contra altos funcionarios e iniciar el proceso de ‘impeachment' contra el presidente. 

El Senado es el ‘juez' de la Casa Blanca 

El Senado es una cámara de control del Ejecutivo de EEUU. Aprueba los nombramientos de los miembros del gabinete presidencial y de la Corte Suprema. Son los senadores que llevan a cabo el ‘impeachment' contra un miembro del Gobierno o el presidente. Para destituir al inquilino de la Casa Blanca se necesitan los votos de los dos tercios del Senado. 

La última palabra es del presidente 

El presidente de EEUU es el jefe del Ejecutivo, aunque también posee funciones legislativas con recomendaciones que puede hacer cada año al Congreso en el Discurso de la Unión. La Constitución le permite vetar una ley. También puede ejercer el ‘pocket veto', que consiste en no firmar una ley aprobada en el Congreso. 

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