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Obama, en caída libre pese a sus éxitos legislativos

El presidente de EEUU no transforma sus victorias políticas en apoyo popular y se hunde en las encuestas arrastrado por la economía

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Reforma sanitaria: aprobada. Reforma financiera: firmada. Marea negra: contenida (de momento). Ley de protección del medio ambiente: calentando motores. Subsidios de paro: finalmente extendidos. Economía: tirando. Desde principios de este año, Barack Obama ha conseguido superar los obstáculos que se han interpuesto en su camino, lidiar con las catástrofes y cumplir, a base de mucho compromiso, sus promesas electorales.

Sin embargo, el presidente estadounidense no para de caer en los sondeos, su nivel de aprobación y popularidad está por debajo del 50% y sus intervenciones parecen haber perdido la magia de los grandes momentos.

Los conservadores aspiran a controlar el Capitolio dentro de tres meses

Las razones son muchas y variadas: desgaste natural del poder, enfado generalizado porque la economía no acaba de despegar; alternancia natural al acercarse las elecciones a mitad de mandato donde el partido mayoritario siempre pierde algo de su base electoral; impaciencia del estadounidense de a pie ante una clase política que no parece entender sus problemas. 'Washington is broken' (Washington está roto) clama la opinión pública.

La Casa Blanca sabe o teme que perderá los comicios del próximo 2 de noviembre y lo único que se pregunta es por cuanto. Lo reconoció incluso su portavoz, Robert Gibbs, en una reciente tertulia televisiva, lo que le valió ser crucificado por los suyos.

Gibbs se limitó a decir que en la Cámara de Representantes había 'suficientes escaños en juego para que los republicanos pudieran retomar el control. No hay duda de ello'.

El 82% de los estadounidenses cree que la situación económica es mala

De los 435 representantes, 258 son demócratas y 177 republicanos. Todos se presentan a la reelección (tienen mandatos de dos años). Los conservadores necesitan 39 representantes para ganar y en este momento parece que los tienen, aunque todavía faltan tres meses hasta los comicios del 2 de noviembre, una eternidad en tiempo político. En el Senado el equilibrio es más precario, 58 demócratas, 40 republicanos y dos independientes (sólo se presenta un tercio en estas legislativas).

Los sondeos no auguran a Obama un otoño fácil. Una devastadora encuesta de la prestigiosa Universidad de Quinnipiac, aseguraba esta semana que el índice de popularidad presidencial había caído a su nivel más bajo, 44%. Según otro sondeo, de la cadena de televisión CBS, el 82% de los estadounidenses piensa que la situación económica es mala y el 75% cree que empeorará.

No es lo que se ha logrado si no cómo se ha logrado, dicen los republicanos

'Paradójicamente, este Congreso ha sido uno de los más productivos de los últimos años y ha aprobado leyes muy importantes', dice Thomas Mann, politólogo del Instituto Brookings, 'pero la crisis financiera y la unánime oposición de los republicanos han convencido a la opinión pública de que no se ha conseguido nada constructivo'.

El problema, argumentan los republicanos, no es lo que se ha logrado si no cómo se ha logrado, en 'un clima envenenado políticamente y de profundo enfrentamiento ideológico', comentaba Norm Ormstein, del American Enterprise Institute, un centro de análisis ultraconservador.

Irónicamente en la victoria de 2008 están algunas de las claves de lo que podría ser la derrota de 2010. El estilo de Obama, un candidato que montó una campaña basada en su persona, un presidente que se ha rodeado de un pequeño equipo de colaboradores ajenos a la cultura del poder de Washington 'ha creado una distancia con la base', explicaba Donna Brazil, una de las estrategas demócratas que dirigió la campaña electoral de Al Gore. 'Para ganar en noviembre -argumentaba- el presidente debe recordar a sus votantes por qué le eligieron, presentar los logros de estos dos últimos años y reforzar la imagen de los republicanos como el partido del no'.

En la victoria de Obama en 2008 están las claves para la derrota en 2010

Muchos analistas han comparado las próximas elecciones con las legislativas de 1994. Aquel 8 de noviembre, cuando Bill Clinton llevaba dos años en la Casa Blanca, los demócratas sufrieron la peor derrota de su historia. Después de dominar el Congreso durante prácticamente 40 años se vieron arrollados por una revolución conservadora. En una sola noche los conservadores ganaron 54 escaños en la Cámara de Representantes y 8 en el Senado, y se hicieron con una mayoría de gobernadores por primera vez en dos décadas. Una victoria que allanó el camino a la presidencia de George Bush.

Los demócratas temen ahora que la crisis eche por tierra sus esfuerzos tan duramente logrados sobre todo en los distritos conservadores que votaron progresista arrastrados por la marea Obama.

La Casa Blanca espera repetir el ejemplo de Reagan, hundido en 1982

Si los republicanos ganan en noviembre, la presidencia de Obama podría quedar de hecho paralizada. Si ya fue complicado sacar sus ambiciosas promesas electorales con una mayoría holgada en la Cámara y raspada en el Senado, un logro conservador pararía en seco toda iniciativa legislativa de la Casa Blanca.

Los sondeos también ilustran el doble aspecto del fenómeno Obama. El candidato llegó al poder porque consiguió motivar el voto independiente y movilizar el voto joven. 'Cuando los votantes de Obama acudieron en masa a las urnas y votaron por el cambio ¿por qué votaron exactamente? ¿Fue a favor de una visión pragmática, por encima de las diferencias ideológicas o por una visión progresista y ambiciosa?', se preguntaba el pasado junio en las páginas del New York Times, Matt Bai, uno de sus analistas políticos.

Los demócratas se han puesto las pilas. Esta semana, 'Organizing for America' que ha retomado el relevo de lo que fue 'Obama for America', es decir, todo el aparato de campaña y su impresionante lista de millones de mails, mandaba un mensaje para animar a los suyos. 'Vamos a seguir adelante en los próximos meses con las batallas que nos quedan por librar aunque los cínicos nos digan que debemos esperar hasta las elecciones'.

Obama tampoco escatima esfuerzos. Desde el pasado febrero, desde la sorprendente victoria del conservador ScottBrown en Massachussets, al llevarse el escaño del senador Ted Kennedy, una derrota que sembró el pánico en el partido (si caía tal escaño en un bastión demócrata nadie estaba a salvo), el presidente ha llevado su mensaje a los estados más delicados, en mítines semanales por todo el país.

Mark Penn, uno de los estrategas de la campaña de Hillary Clinton, recomendaba hace unas semanas a Obama 'retomar el centro', como hizo Clinton tras la derrota de 1994.

En este panorama desolador brilla una pequeña llama de esperanza y se llama Ronald Reagan. Tras dos años en el poder, el presidente republicano llegó a sus midterm en 1982 con tan sólo el 35% de popularidad y en medio de una recesión brutal. El paro alcanzaba el 11%. Los republicanos, que ya eran minoría en la Cámara de Representantes, perdieron 26 escaños. Los demócratas se preparaban a retomar la presidencia con facilidad.

Pero dos años más tarde, el panorama había cambiado completamente, Reagan fue reelegido, arrasando en las urnas frente a Walter Mondale, ganando su puesto en el panteón conservador, gracias a un mensaje ideológico de esperanza y sobre todo por una potente recuperación económica.