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"Los occidentales no pueden ganar en Afganistán e Irak"

Entrevista a Gérard Chaliand. Experto en guerras asimétricas. En su libro ‘El Nuevo Arte de la Guerra’, este reconocido especialista analiza las razones del éxito de la estrategia de los talibanes en

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Desde finales de los años setenta, Gérard Chaliand recorre el planeta y las bibliotecas en busca de lugares muy particulares. Aquellos donde una guerrilla que empieza en harapos acaba poniendo en aprietos a los ejércitos más poderosos. En Afganistán, este estudioso ha descubierto que los occidentales combaten a los insurgentes afganos como si se tratara de una guerrilla a la antigua, como si fueran los españoles frente a las tropas napoleónicas a primeros del siglo XIX. Craso error, porque los talibanes son una guerrilla del siglo XXI, que ha reaprendido las mejores lecciones de estrategia y de táctica militar. Chaliand lo cuenta en su libro de reciente publicación, El Nuevo Arte de la Guerra, agotado en su primera tirada.

Dice usted en su libro que el concepto de las guerras asimétricas (un ejército regular frente a guerrillas locales irregulares) es falaz. ¿Por qué?

La no validez del concepto de asimetría hoy en Irak o Afganistán es flagrante cuando lo comparamos con lo que es comparable; a saber, las guerras contra las insurrecciones del siglo XIX. En aquella época, los Ejércitos coloniales podían emplear un poderío de fuego ya muy superior a los de las guerrillas, y además tenían con ellos la indiferencia de la opinión pública. Hoy, cuando usted tiene en Afganistán a unos talibanes capaces de perder a 50 hombres para matar a un soldado de la coalición, y a una opinión pública occidental que se niega a aceptar las bajas, la asimetría queda reducida a la nada.

Usted dice que Occidente tiene en cuenta su escasa natalidad y el envejecimiento de su población.

Sí. Los norteamericanos perdieron 58.000 hombres en Vietnam y pasó lo que pasó. Apenas han perdido varios miles en Irak y ya les parece demasiado. En Afganistán, la OTAN pierde dos centenares y eso ya plantea problemas. Tenemos una natalidad muy limitada: nadie quiere perder a su hijo único, o casi único. En esas condiciones: ¿pueden los occidentales ganar ahora las guerras irregulares, en el estricto sentido de la palabra victoria? La respuesta es no.

Es lo que usted llama la 'mutación de sensibilidades' en Occidente...

En 1991, tras la primera guerra contra Irak, los occidentales no publicamos la cifra de bajas del adversario, porque nuestras opiniones públicas hubieran sufrido una conmoción al ver la desproporción entre los muertos de la coalición y los de los iraquíes. Se trata de una novedad radical en la historia de la guerra. Lo del cero muertos fue el sueño de una guerra sin víctimas en su propio campo. Los norteamericanos lo mantuvieron un tiempo con la solución del bombardeo aéreo, como en Bosnia y sobre todo en Kosovo, o incluso en el Afganistán de 2001. Pero un territorio sólo se controla en el suelo. Ahora, los norteamericanos tienen, en Irak, 140.000 hombres del Ejército regular y utilizan masivamente a mercenarios; 185.000 hombres pertenecen a compañías militares privadas. Los muertos de esas firmas no se cuentan, y sus dirigentes no rinden cuentas ante el Congreso.

Respecto a Irak y Afganistán, se podría interpretar tambiénque EEUU está demostrando que, a largo plazo, en el suelo, con hombres, no sólo tiene la tecnología para ganar sino la voluntad de pagar con sangre.

En Irak, los norteamericanos están buscando una no derrota para salvar la cara. En cuanto a la supuesta demostración de fuerza sobre su voluntad de pagar el precio de la sangre, no lo creo. En cuatro años han perdido algo más de 4.000 hombres en Irak, y la OTAN unos 200 por año en Afganistán. Ya se lanzan operaciones con considerables daños colaterales, es decir, operaciones que, para ahorrar vidas de soldados de la coalición, provocan muertos civiles afganos.

Sin embargo, se podría decir que incluso Francia intenta transformar en orgullo sus muertos en el campo de batalla. Los diez soldados víctimas de la emboscada talibán fueron objeto de honores ejemplares. Sarkozy supermediatizó su visita a Kabul.

Precisamente... ¿Se imagina usted a Charles de Gaulle viajando a Argelia hace 40 años por la muerte de unos diez soldados en acción de combate? Inimaginable. Sarkozy fue a Afganistán para mostrar que era solidario con los soldados voluntarios de un contingente que él envió a Afganistán.

Usted es partidario de afganizar el conflicto. ¿Retirar las tropas occidentales no sería un fracaso?

No hay ninguna razón para luchar por la libertad de un pueblo a largo plazo, en vez de dejarlo a él que lo haga. El Ejército afgano, a condición de que desee defender su régimen, debería poder asumir el destino del país en cuanto disponga de los medios. Eso no es para mañana. O sea que, entre tanto, los occidentales no pueden ni ganar ni irse.

Irse querría decir reconocer la victoria de una ideología diferente de la del universalismo.

Exacto. Pero, de todas formas, ya hay consenso para decir que habrá una negociación política con los talibanes. La única duda es el momento. Si fuera ahora, los talibanes estarían en posición de fuerza para imponer sus prioridades. Los norteamericanos van a intentar modificar la correlación de fuerzas a su favor. Después deberían poder negociar en mejores condiciones.

Usted tiene una reputaciónde buen conocedor del terreno.

Voy a Afganistán una vez al año. Por citar un ejemplo, en junio pasado, un día después de la operación de los talibanes contra la prisión de Kandahar, yo estuve por allí. Integrado con un grupo de afganos, vestido como ellos, que traducían. Así podemos efectuar investigaciones sobre el terreno, se puede hablar con los barbas grises, reunirse con gente, y hacerse una idea de la situación.

¿Están tomando los talibanesel control de las zonas pastún?

Sí. Las zonas rurales pastún del sur y del este están bajo su control. Los occidentales y el Gobierno de Karzai controlan las ciudades y Kabul.

En la Conferencia de Donantes de junio se dijo que un 85%de los afganos tiene acceso ahora a cuidados médicos.

Es un cálculo muy exagerado. En cuanto a la ayuda, es cierto que se mide en miles de millones de dólares, pero hay que pensar que buena parte regresa a Occidente para pagar a expertos, consultores, ONG...Otra parte va a la corrupción y muy, muy poco se destina realmente a cambiar las condiciones de vida de los campesinos.

¿Está usted de acuerdo con la idea de que el general Petraeus, que ahora asumirá el mando también en Afganistán, ha obtenido un éxito en Irak?

En Irak ha transformado un desastre en una no victoria. La ha vuelto presentable, decente.