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Las olvidadas por la Academia

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La concesión del Premio Nobel de la Paz a Ellen Johnson-Sirleaf, Leymah Gbowee y Tawakul Karman ha permitido al presidente de la Academia Sueca afirmar que la democracia no puede asentarse en los países sin la participación de las mujeres. No debo sospechar que la famosa institución no conocía este axioma hasta ahora, sino que se ha limitado a repetir lo que todos los activistas de derechos humanos ya reconocen y lo que el feminismo lleva defendiendo, colectivamente, doscientos años.

En España, desde 1975, hemos hecho bandera de la afirmación de que el futuro será feminista o no será, y, desgraciadamente, las guerras, las hambrunas y las crisis de los últimos años, nos están dando la razón. Porque tales desastres han tenido como principales víctimas a los más débiles, mujeres y niños, mientras la mayoría de los verdugos son hombres, y allí donde las mujeres tienen más poder, la paz y la igualdad se acrecientan para todos los seres humanos.

El galardón de la Paz sólo ha sido concedido a 15 mujeres en 110 años

Entusiasmo en las urnas

Los Nobel de la Paz de este año dan excelso ejemplo de ello. Recuerdo la emoción con que seguí las elecciones en Liberia el año 1997 cuando después de haber sido arrasado el país por guerras atizadas por los imperialismos habituales, toda la población se lanzó, con un entusiasmo desconocido en España, a votar a una mujer para que redimiera a su país de la violencia demente que lo había destruido. Era conmovedor ver a los liberianos haciendo colas multitudinarias, a las cinco de la mañana, delante de los colegios electorales, que abrían a las nueve, para depositar su confianza en Ellen Johnson-Sirleaf mediante aquella frágil papeleta electoral, como se acude a la madre para confiarle los problemas, seguros de hallar en ella comprensión, refugio y soluciones.

Y así ha sido. Desde que es presidenta del país, ha logrado acabar con aquella guerra, estabilizar la situación económica y elevar el estatus económico y social de la mayoría de la población, una de las más pobres del mundo. En esta tarea la ha secundado, con la misma dedicación y generosidad, Leymah Gbowee, su ayudante.

La cuota femenina global entre los 813 premiados con un Nobel es del 5,29%

Tawakul Karman se ha erigido en símbolo de la lucha de los oprimidos contra un poder despótico en Yemen, arriesgando su integridad física, su libertad y su vida. Ellas tres merecen el Nobel de la Paz y la admiración y el reconocimiento de todos los habitantes del planeta.

Labor abnegada y heroica

Pero a la vez, muchas más que siguen el mismo camino, despreciando los riesgos a que sus actividades feministas y altruistas las exponen, permanecen olvidadas. Si tenemos en cuenta que únicamente 15 mujeres han ganado este premio en los 110 años desde que se instituyó, y en esta especialidad son las más, no es mucho el aprecio que sienten los hombres de la Academia Sueca por la labor abnegada y heroica de tantas mujeres. Sólo 43 mujeres han sido laureadas en el total de los premios Nobel. Es decir, de un total de 813 personas galardonadas, lo que supone una cuota femenina global del 5,29%.

Prefirieron Obama a Sendler, que salvó a miles de niños del gueto de Varsovia

Resulta triste recordar que no se consiguió el reconocimiento para las feministas de Greenham Common que estuvieron dos años acampadas frente a las bases de misiles del Norte de Inglaterra demandando que se eliminara el armamento nuclear; ni para Mariles Irena Sendler, quien durante la Segunda Guerra Mundial salvó miles de niños judíos del gueto de Varsovia con riesgo de su vida, y para la que estérilmente el movimiento feminista del mundo entero estuvo pidiendo el Nobel, el mismo año que le fue concedido a Obama.

En este momento, en Afganistán, donde las mujeres son objeto del odio de los talibanes; así como en México, en ese infierno en que han convertido la ciudad de Tijuana, donde se asesina a miles de mujeres impunemente, las feministas luchan denodadamente por lograr justicia para las víctimas y parar los feminicidios, con riesgo de su vida. Y en India, donde se quema a las jóvenes esposas para cobrar la dote, y en toda África, para evitar las mutilaciones genitales de las niñas y en el planeta entero para erradicar definitivamente toda clase de violencia machista contra las mujeres.

La Academia Sueca tiene muchísimas candidatas para otorgar sus premios en los años venideros.