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Orgullosas de votar a una presidenta

La victoria de Dilma era un sueño para las brasileñas

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Yo tenía tres sueños: ver a un obrero convertirse en presidente de la República, y Lula lo cumplió; ver a un negro en la presidencia de Estados Unidos, y Barack Obama lo cumplió, y ver a una mujer llegar a ser la jefa del Estado brasileño, y esa es Dilma. Imagina mi alegría, voy a ver cumplidos los tres sueños'. Hace años que Alcione Massula trabaja con mujeres maltratadas y por eso sabe de la importancia de los símbolos para impulsar la emancipación de las mujeres. Ella, como muchas otras activistas, recibía anoche eufórica los resultados provisionales que colocaban a Dilma Rousseff al borde de la victoria en las elecciones presidenciales.

'Es un gran avance. No hace tanto tiempo, en 1932, ni siquiera podíamos votar. Una mujer presidenta es un gran paradigma roto. Es muy importante desde el punto de vista simbólico. Siento un gran orgullo', dice Massula.

Brasil es uno de los países del mundo con menos mujeres en cargos públicos

Si bien Brasil ha progresado en cuestiones como la universalización de la educación de las mujeres y en su participación en la fuerza de trabajo, donde están casi al 50%, en la participación política es uno de los países del mundo con índices más bajos.

'Según la Unión Interparlamentaria, Brasil está en el puesto 142 del mundo en cuanto a cargos políticos ocupados por mujeres. Es un problema grave. Y las últimas elecciones legislativas no cambiaron mucho el panorama', dice Rebecca Tavarés, representante del Fondo de la ONU para las Mujeres (UNIFEM) en Brasil y el Cono Sur.

En el Congreso recién elegido, hay un 8,8% de mujeres: 45 diputadas de un total de 513 escaños, el mismo número que en la anterior legislatura. En el Senado, hay un 10,5% de mujeres: 13 senadoras del total de 81.

La ley exige que haya un 30% de mujeres en las listas, pero los electores no votan listas cerradas y eso hace que muchas candidatas no resulten elegidas. 'Esperamos que tener una mujer presidenta contribuya a cambiar esta situación', dice Tavarés.

Dilma Rousseff se une al reducido grupo de mujeres jefas de Estado, que en Latinoamérica ha contado con Michelle Bachelet en Chile, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y Laura Chinchilla en Costa Rica.

'No hace tanto tiempo, en 1932, las mujeres ni siquiera podíamos votar'

Según José Eustáquio Diniz Alves, profesor de la Escuela Nacional de Ciencias Estadísticas y experto en la presencia de las mujeres en la política brasileña, Dilma Rousseff tiene una trayectoria de vida que puede clasificarse como feminista. 'Participó en la lucha contra la dictadura, está divorciada, nunca siguió el modelo patriarcal de ama de casa, construyó una carrera profesional y disputó influencia en espacios de poder público', señala.

'Pero su campaña no ha tenido un contenido feminista. Al contrario, usó y abusó de discursos que refuerzan el papel tradicional de la mujer, especialmente el papel de madre, expresado en el eslogan 'Patria libre, patria madre'. Hizo una campaña muy maternal y habló poco de las banderas del movimiento de mujeres', añade Alves.

En temas como el aborto, Dilma no sólo no se posicionó a favor de despenalizarlo sino que, ante el ataque de los evangelistas y el riesgo de que su influencia decantara la balanza hacia José Serra en las elecciones, declaró que no iba a cambiar la ley.

'Si Dilma forma un Gobierno paritario, como Zapatero, el efecto será inmenso'

El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha logrado algunos avances para mejorar la situación de las mujeres. En 2003, un año después de su llegada al poder, se creó la Secretaría Especial de Políticas para Mujeres en el Gobierno, cuya misión es 'establecer políticas públicas que contribuyan a la mejoría de la vida de todas las brasileñas y que reafirmen el compromiso del Gobierno federal con las mujeres del país'.

En 2006, se aprobó la Ley Maria Da Penha contra la violencia de género. Y nueve de cada diez familias que reciben la ayuda Bolsa Familia, el programa estrella de la política social de Lula, están encabezadas por mujeres.

'Este es un hecho muy importante para Brasil, que se pone por delante en el mundo', señala el profesor de la Escuela Nacional de Ciencias Estadísticas, José Eustáquio Diniz Alves. 'Pero si el Gobierno de Dilma no toca las cuestiones de género, el efecto será pequeño. Si hace una política que aumente la participación de las mujeres, creando, por ejemplo, un Gobierno paritario, como hizo en España José Luis Rodríguez Zapatero, el efecto será inmenso', concluye Alves.

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