Publicado: 05.08.2015 12:07 |Actualizado: 05.08.2015 12:26

El oscuro mundo de la caza "legal" en Zimbabue

Cazadores de todo el mundo pagan miles de dólares por acudir al país africano a abatir a animales como leones y leopardos, que luego se llevan como trofeo

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Imagen tomada en 2012 en el Parque Nacional de Zimbabue, en la que se puede ver al león Cecil. REUTERS

Imagen tomada en 2012 en el Parque Nacional de Zimbabue, en la que se puede ver al león Cecil. REUTERS

HARARE.- La muerte del león Cecil a manos del dentista estadounidense Walter Palmer, que pagó unos 50.000 euros para poder abatirlo de forma supuestamente "legal", ha puesto el foco sobre el oscuro mundo de la caza mayor en Zimbabue, práctica que se remonta al siglo XIX, cuando llegaron los primeros colonos.

Cazadores profesionales llegan a este país africano desde todo el mundo para participar en costosas expediciones como la que ofrece la compañía estadounidense Georgia Safaris: unos 23.000 euros por una cacería de 14 días cuyo único objetivo es encontrar y abatir a un leopardo.

Y ese precio no incluye las tasas de abate (cantidad que se paga cuando se hiere o se mata al animal designado), tampoco los impuestos del Gobierno zimbabuense ni el coste de preparar y embalar la presa para llevarla de vuelta a EEUU, lo que hace subir considerablemente el montante final de la expedición.



En comparación, la caza del leopardo en la vecina Sudáfrica asciende a solo 410 euros más otros 13.700 de la tasa de abate, según la oferta de la operadora local African Sky Hunting.

Sin embargo, la caza no es un entretenimiento solo para extranjeros. Zimbabuenses de clase alta y con buenas conexiones también participan en cacerías, incluidas las de arco y flecha, como la que acabó con Cecil.

En áreas como la reserva de Save Valley, un recinto privado en el sureste de Zimbabue, puede costar hasta 135 euros abatir un impala, un tipo de antílope pequeño considerado caza de llanura que se puede matar sin restricciones.

Las autoridades del país surafricano establecen cada año cuotas y tasas para cada tipo de animal, que se calculan en base a la población existente, en un intento de controlar la caza y, al mismo tiempo, sacar un rendimiento económico a la abundante fauna salvaje.

Muchos elefantes acaban huyendo de las zonas donde se sienten amenazados. En la imagen, un trabajador de un refugio en Botsuana, país fronterizo con Zimbabue. REUTERS

Muchos elefantes acaban huyendo de las zonas donde se sienten amenazados. En la imagen, un trabajador de un refugio en Botsuana, país fronterizo con Zimbabue. REUTERS

El director general de la Autoridad de los Parques y Vida Salvaje de Zimbabue (ZPWMA, en inglés), Edison Chidziya, aseguró hace unos días que este año sólo se podrán cazar 70 leones de una población global de 2.000.

El parque nacional de Hwange, donde solía vivir Cecil, tenía censados a 112 leones en 2013.

La mayoría de los países del África meridional permiten la caza deportiva, con la única excepción de Botsuana, que decidió prohibirla hace unos días, aunque Zimbabue ha puesto en marcha restricciones muy duras para la caza de leones, leopardos o elefantes fuera de los parques naturales.

El año pasado, Zimbabue ingresó alrededor de 63 millones de euros gracias a la caza deportiva, según cifras oficiales, mientras que este año se espera que en esta temporada la recaudación ascienda a 68,4 millones, aunque se cree que la reciente prohibición de importar marfil a EEUU afecte al volumen de negocio.

Theo Bronkhorst, el cazador profesional que ayudó a Walter Palmer a cazar a Cecil, ha recibido numerosas críticas por su comportamiento, ya que todo apunta a que atrajo al animal fuera de los dominios del parque para que, técnicamente, no fuera ilegal abatirlo.

Solo el guía que destapó la muerte del león, Bryan Orford, se ha atrevido a romper una lanza en su favor. "Es una buena persona y solo hacía lo que la mayoría de cazadores profesionales hace en Zimbabue. Puede que se equivocara, es humano como todos".

Sin embargo, son constantes las denuncias de malas prácticas entre la comunidad de guías y cazadores locales, que son acusados de organizar cacerías nocturnas, atraer animales con cebos y mover a las presas tras haberlas cazado para no incumplir cuotas.

"La caza es un actividad económica que genera millones para gente de la que no sabemos nada, y solo oímos hablar de esos millones cuando héroes como Cecil mueren", lamentaba recientemente el periódico local Sunday Mail.