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El otoño americano

A diferencia de Tahir o de la Puerta del Sol, en las ocupaciones norteamericanas se habla menos de democracia y más de capitalismo financiero  

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Cuando hace unos meses se atacaba al 15-M por la indefinición de sus ideas, la plaza entera contestaba: vamos despacio porque vamos lejos. La solución sigue estando lejos, pero a fuerza de contagios por las cuatro esquinas del planeta, las raíces del problema cada vez están más cerca. En Occupy Wall Street, por ejemplo, están apenas a unas manzanas de distancia.

A diferencia de Tahir o de la Puerta del Sol, en las ocupaciones norteamericanas se habla menos de democracia y más de capitalismo financiero. Son movilizaciones complejas donde convergen militantes de viejo cuño, estudiantes con deudas de seis dígitos, sindicalistas del metal, hispanos sin papeles e incluso algún que otro capitalista libertario, pero el todo ha resultado ser mucho más poderoso que la suma de sus partes. Los lemas de la protesta ('Somos el 99 por ciento', 'A ellos les rescataron, a nosotros nos vendieron') han corrido como la pólvora, y en poco menos de un mes las ocupaciones ya han logrado una victoria decisiva.

Occupy Wall Street ha politizado el relato de la crisis financiera

Occupy Wall Street ha politizado radicalmente el relato de la crisis financiera. El resultado es que la cuestión social está en el centro de la batalla política del país por primera vez desde las luchas por los derechos civiles de los años sesenta, y que la imagen sonriente y poderosa del viejo sueño americano ha saltado hecha añicos por los aires.

Subtitulada a múltiples idiomas, esa promesa de un capitalismo feliz, justo y provechoso ocupa desde hace décadas el inconsciente colectivo del imperio entero. Por eso Occupy Wall Street es un momento decisivo de los levantamientos de 2011: habrá más, e irán más lejos. El mundo entero se ha mirado en el espejo neoyorquino, y para su sorpresa ha visto un espectro de revolución.