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El pacto de Merkel sobre inmigración pone en peligro el espacio Schengen

Tras el acuerdo entre la canciller y su ministro de Interior de crear “centros de tránsito” para solicitantes de asilo, el Gobierno de Austria asegura que “protegerá” sus fronteras.

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La canciller de Alemania Ángela Merkel en el parlamento en Berlín. / Reuters

Solo se sabe de la existencia de una única fotografía del acto, aunque fue uno de los días más importantes en la historia de lo que después sería la Unión Europea. El 14 de junio de 1985, Alemania, Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo firmaban en una pequeña localidad de este país, Schengen, un acuerdo según el cual se comprometían a eliminar los controles entre sus fronteras.

Hoy el espacio Schengen se extiende a lo largo de 26 países; más de 400 millones de personas pueden viajar libremente por un territorio que supera los cuatro millones de kilómetros cuadrados. Una realidad que podría venirse abajo debido al acuerdo migratorio de los conservadores alemanes.

Tras una larga y esperpéntica negociación entre la canciller, Angela Merkel, y el ministro del Interior, Horst Seehofer, los conservadores alemanes han acordado la creación de “centros de tránsito” para solicitantes de asilo en la frontera entre Alemania y Austria.

El temor de analistas y expertos, e incluso de la propia Merkel, es que un movimiento de este calibre inicie un efecto dominó de cierre de fronteras dentro de la Unión Europea.

Según el texto pactado en Berlín en la noche del lunes, de escasos tres párrafos, aquellas personas en busca de asilo que estén registrados en otro país de la Unión Europea serán expulsadas. En los casos en que ese país sea uno con el que Alemania tenga un acuerdo bilateral, como España, serán enviados allí directamente. En caso contrario, serán devueltos al país por el que entraron: Austria.

La relación entre la CDU de Merkel (Unión Democrática Cristiana) y la CSU (Unión Socialcristiana) de Seehofer -presente únicamente en el rico Estado federado de Baviera-, que comparten grupo parlamentario en el Bundestag y han mantenido su alianza desde 1945, nunca había vivido un momento tan crítico. El acuerdo ha solventado (temporalmente) sus disputas, pero no ha sentado bien al otro lado de la frontera.

Austria ya ha anunciado que "protegerá" sus fronteras: "Nos veremos obligados a tomar medidas para evitar desventajas para Austria y su pueblo"

El Gobierno de Austria ya ha anunciado que “protegerá” sus fronteras. En caso de que se activen las devoluciones, “nos veremos obligados a tomar medidas para evitar desventajas para Austria y su pueblo”, ha asegurado el Ejecutivo de Viena a través de un comunicado.

El canciller austríaco, Sebastian Kurz, insistía en esta idea a través de su cuenta personal de Twitter. “Tras el acuerdo entre CDU y CSU, ahora esperamos una rápida clarificación de la posición alemana por parte del Gobierno federal. Austria está preparada para cualquier escenario y responderá de forma pertinente, sobre todo en nuestra frontera sur”.

Precisamente era esta situación la que quería evitar Merkel. Por ello rechazó en un primer momento el “plan maestro” sobre inmigración de su ministro del Interior, que incluía la expulsión inmediata de los solicitantes de asilo ya registrados en otro país de la UE.

Seehofer se veía en posición de fuerza y dio un ultimátum de dos semanas a Merkel; o encontraba la canciller una solución europea o aplicaría unilateralmente su plan. La bávara CSU, ya de por sí bien escorada a la derecha del conservadurismo alemán, además se siente presionada ahora por la pérdida de votantes hacia la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Las elecciones regionales de octubre no hacen sino aumentar la preocupación en Múnich, la capital bávara.

Merkel movió hilos y consiguió convocar una mini cumbre y, luego, una cumbre europea en apenas diez días. De allí salió con un acuerdo entre los 28 Estados miembro, más un pacto bilateral con la España de Pedro Sánchez y la Grecia de Alexis Tsipras. Todo parecía encarrilado.

No obstante, de vuelta en Alemania Merkel se encontró con un Horst Seehofer enrocado en su posición y desacreditando lo acordado en Bruselas. El ministro del Interior incluso llegó a anunciar su dimisión, para después suspenderla temporalmente antes de una última reunión con Merkel. Cuanto más pasaban las horas, más parecía que Seehofer se había embarcado en una cruzada a ninguna parte, arrastrando a su partido y amenazando con romper el Gobierno alemán. “Es justo preguntar: ¿ha perdido la cabeza la CSU?”, llegó incluso a preguntar el reportero del semanario Spiegel Rene Pfister.

Y pesar de todo, al final Merkel ha cedido. Ha evitado la caída del Gobierno, pero el acuerdo recoge la medida que Seehofer deseaba poner en práctica en un primer momento. El texto pone en negro sobre blanco la palabra “Zurückweisung” (rechazo), para referirse a aquellas personas en busca de asilo ya registradas en otro país europeo, o “migración secundaria”, como reza el pacto.

A la espera de los socialdemócratas

Sin embargo, tal y como ha expresado el canciller austríaco, son más dudas que certezas lo que desprenden los tres párrafos acordados en Berlín por Merkel y Seehofer. La primera y más clara es qué opinión tiene el otro miembro del Gobierno alemán, el partido socialdemócrata SPD. Es a ellos a los que les toca ahora mover ficha.

“Los centros de tránsito no están incluidos en el pacto de coalición”, ha asegurado al diario Die Welt Aziz Bozkurt, experto del SPD en temas migratorios. El partido, no obstante, no ha tomado aún postura oficial. La líder de la formación, Andrea Nahles, ha pedido más detalles antes de mostrar o no su apoyo.

"Las tensiones dentro del Gobierno no han terminado. Esto daña a Alemania no solo en el campo político, sino también económicamente"

No es la primera vez que se plantea en Alemania la creación de unos “centros de tránsito”. En 2015, el Ejecutivo, también formado por conservadores y socialdemócratas, ya barajó la opción, pero entonces el partido lo tuvo claro: “Las zonas de tránsito no están sobre la mesa. No a las detenciones, no a las vallas”, manifestó el entonces líder del SPD, Sigmar Gabriel.

Sin embargo, a los socialdemócratas alemanes no les quedan muchas más opciones que aceptar lo ya acordado, pues de otra forma podría suponer el fin del Gobierno y la convocatoria de nuevas elecciones. Todo esto ocurriría en un momento en el que el partido continúa a la baja las encuestas. La última, de la empresa INSA para el diario sensacionalista Bild, sitúa al SPD en el 19% (en las elecciones del pasado mes de septiembre obtuvo el 20,5%, el peor resultado de su historia).

Alemania se instala en la inestabilidad 

De lo que quedan pocas dudas es que Alemania se ha instalado por completo en la inestabilidad política. Durante los años más turbulentos de la crisis del euro, mientras en Grecia, España, Italia y Francia los cambios de Gobierno eran continuos, el panorama político germano apenas sufrió variaciones.

Asimismo, Alemania parecía mantener la estabilidad mientras al otro lado de sus fronteras surgían con fuerza formaciones de extrema derecha que ponían en jaque el clásico bipartidismo de la Europa occidental. La UE atravesaba momentos complicados, pero Berlín se mantenía, al menos, como elemento de referencia. Hasta septiembre de 2017.

Desde entonces, los alemanes se han acostumbrado a una incertidumbre política que desconocían desde que Merkel fue investida canciller por primera vez hace ya trece años. Primero fueron los seis meses que se tardó en poder formar Gobierno, incluyendo una sorprendente y abrupta ruptura de negociaciones de la que pudo ser y no fue una coalición entre conservadores, liberales y ecologistas.

Apenas tres meses después ha sido el enfrentamiento fratricida entre las filas conservadoras lo que ha devuelto a los titulares de la prensa alemana la palabra “crisis”. Y aunque se ha llegado a un acuerdo, pocos dudan de que la tensión máxima de las últimas semanas ha menoscabado la confianza entre CDU y CSU.

“Las tensiones dentro del Gobierno no han terminado. Esto daña a Alemania no solo en el campo político, sino también económicamente”, declaraba a la televisión estatal Deutsche Welle Marcel Fratzscher, presidente del Instituto Alemán para la Investigación Económica (DIW).

Por enésima vez, Merkel sobrevive a una tormenta política, aunque en esta ocasión sale debilitada y con numerosos frentes abiertos dentro de su propio Ejecutivo sin haber cumplido siquiera el medio año desde su último nombramiento.