Publicado: 03.09.2015 19:13 |Actualizado: 03.09.2015 19:24

El padre de Aylan rechaza la tardía oferta de asilo de Canadá

Abdulá Kurdi relata el trágico accidente: "Las manos de mis dos niños se escaparon de las mías". Regresará a Kobani, Siria, para enterrar a sus seres queridos. Se niega a aceptar la propuesta de Ottawa, que antes de la desgracia negó la solicitud de refugio de la familia

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Abdulá Kurdi, en la morgue de Mugla para recuperar los restos de su familia. - AFP

Abdulá Kurdi, en la morgue de Mugla para recuperar los restos de su familia. - AFP

ANKARA.- Abdulá Kurdi, el padre del niño ahogado cuya imagen se ha convertido en símbolo de la tragedia de los refugiados sirios, ha rechazado este jueves la oferta de asilo tardía de Canadá y ha pedido a la comunidad internacional que haga lo posible para evitar sufrimientos como el suyo.

"Quiero que el mundo entero nos escuche desde Turquía, donde hemos llegado escapando de la guerra. Tengo un gran sufrimiento. Hago esta declaración para evitar que otras personas tengan el mismo sufrimiento", dijo Kurdi a periodistas turcos delante del Instituto Forense de la ciudad de Mugla, en el suroeste de Turquía.

Relató que, tras la trágica muerte de su esposa y de sus dos hijos, de 3 y 5 años, tras naufragar el bote en que la familia intentaba llegar a la isla griega de Kos, su hermana mayor, que vive en Canadá, fue entrevistada en la televisión en ese país, que luego le ofreció asilo. "He recibido una oferta del Gobierno de Canadá. Era una oferta para que yo pueda ir allí. Pero, después de lo ocurrido, no quiero ir. Voy a llevarme los cuerpos primero a Suruç (ciudad turca en la frontera con Siria) y luego a Kobani (ciudad siria cercana). Pasaré el resto de mi vida allí", explicó.



Teema Kurdi, la hermana, una peluquera que emigró a Vancouver hace más de 20 años, había explicado anteriormente a la prensa que la familia de Abdulá Kurdi realizó una solicitud de refugio pero fue rechazada en junio por el ministerio de Ciudadanía e Inmigración canadiense debido a la complejidad de las aplicaciones de refugiados procedentes de Turquía. La familia tenía obstáculos, como los miles de refugiados sirios kurdos en Turquía: las Naciones Unidas no los registró como refugiados y el gobierno turco no les concedió visados para viajar.

Desde el Instituto Forense de la ciudad de Mugla, Abdulá Kurdi contó que la familia había pagado una suma de dinero a traficantes para que organizaran la travesía a la isla griega de Kos. Pero "la guardia costera nos detuvo y después nos liberó. Esta vez nosotros mismos conseguimos el bote y empezamos a remar hacia Kos", agregó. "Después de alejarnos unos 500 metros de la costa, en el bote empezó a entrar agua y se nos mojaron los pies. A medida que aumentaba el agua, cundía el pánico. Algunos se pusieron de pie y el bote volcó. Yo sostenía a mi mujer de la mano", recordó.

"Las manos de mis dos niños se escaparon de las mías, intentamos quedarnos en el bote, pero el aire disminuía. Todo el mundo gritaba en la oscuridad. Yo no lograba que mi esposa y mis hijos oyeran mi voz", añadió. Relató cómo, fijando la mirada en las luces, consiguió nadar hasta la costa. "Cuando alcancé la costa comencé a buscar a mi esposa y a los niños. Pensé que se habían asustado y escaparon. Llegué a Bodrum y no pude encontrarlos en nuestro punto de encuentro. Luego fui al hospital y me enteré de las tristes noticias", explicó.

Ahora el único objetivo de Abdulá es recuperar los cuerpos de sus tres seres queridos y llevarlos de vuelta a Kobani. Todos los intentos por conseguir la solicitud de asilo para su familia fueron en vano, como ha explicado su hermana Teema: "Mis amigos y mis vecinos me echaron una mano con sus ahorros, pero no conseguimos sacarlos de Siria y por eso cogieron esa barca. Estaba incluso pagando dinero por ellos en Turquía, pero es horrible la forma en la que tratan a los sirios allí".

La imagen de Aylan Kurdi, de tres años, ahogado en la playa turca de Bodrum fue publicada hoy en primera página por casi todos los diarios turcos y ha estremecido al mundo. La autora de la foto, la periodista Nilufer Demir, confesó al diario Hürriyet que se le había helado la sangre cuando vio el cuerpo del pequeño con su camiseta roja. "No podía hacer nada por él. Lo único que podía hacer es que su grito fuera oído en el mundo, y lo hice con su fotografía", ha declarado.