Publicado: 29.04.2015 15:20 |Actualizado: 29.04.2015 21:35

261 años de cárcel para la banda de 'Casper': robaba cocaína a narcos con torturas

La Audiencia Nacional condena a 16 integrantes de esta organización. Recurrían a las amenazas y a métodos extremos para obtener información sobre el tráfico de cocaína en contenedores para luego robarla. Llegaron a torturar a un testigo protegido y le cortaron el dedo con un machete.

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Juicio a la banda de Casper

Un momento de la vista oral del juicio a la banda de 'Casper', condenada por amenazar y torturar a narcos con el fin de robarles la droga.

MADRID.-  La Audiencia Nacional ha condenado a un total de 261 años de prisión a los 16 integrantes de la llamada banda de Casper, dedicaba a robar contenedores de droga en los puertos para luego revenderla. Para ello, realizaban vigilancias con sofisticados sistemas tecnológicos y torturaban, amenazaban y retenían a personas –como el director de una sucursal-, cuya confianza se ganaban haciéndose pasar por guardias civiles.

De esta manera obtenían información sobre quienes consideraban que podrían ser traficantes y poder así seguirlos con el fin de robarles la droga (volcado de droga) de los contenedores.
La organización estaba liberada por Ángel Suarez Flores, alias " Casper", a quien la Audiencia Nacional condena a 90 años de prisión.

La Sala de lo Penal les condena por delitos contra la salud pública, amenazas, detenciones ilegales, torturas, lesiones, tenencia ilícita de armas (entre las que se incautaron un bastón eléctrico). Los magistrados absuelven a otros ocho acusados.

En una sentencia de 218 páginas la sección primera de la Sala de lo Penal considera acreditado que los ahora condenados integraban un grupo cuya finalidad, entre otras muchas actividades delictivas, era la de apoderarse de contenedores de droga, sustrayendo los estupefacientes a otros traficantes.

Para conseguir sus objetivos los condenados se hacían pasar por guardias civiles y no escatimaban en inflingir torturas, amenazas e incluso detenciones ilegales.

La sentencia hace un relato pormenorizado de todas las actuaciones delictivas que se han podido probar durante el juicio celebrado.

Por ejemplo, las torturas inflingidas a un testigo protegido al que intentaron obtener información sobre unos contenedores de droga que llegaban de Algeciras. Lo trasladaron a una nave industrial, le dejaron en ropa interior, " le envolvieron la cabeza con cinta, le dijeron que para que no salieran los fluidos al dispararle... propinándole puñetazos y patadas. Y como les dijese que uno de los contenedores de droga que buscaban ya había sido despachado para estar seguros que decía la verdad le cortaron parcialmente el dedo pulgar del pie izquierdo con un machete".



La Sala considera que, tras años de investigaciones, se han podido probar dos operaciones de droga realizadas por los acusados en Algeciras y El Cuervo, cerca de Lebrija (Sevilla) en el año 2009.

Durante estos años en que fueron investigados los condenados utilizaron una treintena de vehículos. La Sala no condena por delito de blanqueo porque no se ha podido probar durante el juicio.

El tribunal sí considera acreditado que Angel Suarez, " Casper" obtuvo pingües beneficios del tráfico de droga, pues la operación de los 211 kilos de cocaína importada de Bolivia y que ellos robaron “debió sin duda proporcionárselo".

Este alijo estaba valorado en el mercado en seis millones de euros. Para conseguirlo, secuestraron a un hombre, con el fin de conseguir el nombre de otra persona a quien torturaron y lograr la dirección del lugar donde se escondía la cocaína.

Para apoderarse de esta cocaína, la banda secuestró a un colaborador de los traficantes, a quien “golpearon con gran violencia “durante horas”, usando distintos instrumentos contundentes como barras de hierro, mientras le amenazaban a sus familiares hasta que lograron que confesara dónde estaba oculta la droga.

Una de las absueltas es la mujer de Casper, al no haberse podido probar que conociese el origen ilícito del dinero que todos los meses le proporcionaba su marido y que se gastaba en el mantenimiento de la familia.

Considerado uno de los mejores butroneros de España, Casper ya había sido condenado por el robo de 14 obras de arte del domicilio de la empresa Esther Koplowitz tras lo cual se había reciclado en importador y prestamista.