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Palin espera que Dios le enseñe el camino a la Casa Blanca

La ex candidata republicana a la vicepresidencia no descarta presentarse en las próximas elecciones 

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Sarah Palin habla. Y ahora que va por libre, habla por los codos. La ex candidata a vicepresidenta ha decidido saldar cuentas con algunos responsables de la campaña republicana que desde la derrota del pasado martes no han parado de difundir los peores rumores sobre ella: impaciente, prácticamente analfabeta, insoportable, insufrible.

De vuelta a Anchorage, la gobernadora de Alaska se explaya en los medios. Llama 'cobardes' y 'estúpidos' a los que la critican anónimamente y la responsabilizan del tremendo resultado electoral.

Palin, a la que algunos auguran un brillante futuro en el seno de un partido en plena crisis de identidad, no descarta seguir en la brecha presidencial. Al margen de la victoria demócrata, ella ha disfrutado de lo lindo en la campaña.

Dios 'me enseñará el camino' dijo la ex candidata a la FOX. 'La fe siempre ha sido muy importante en mi vida', declaró. 'Si Dios me deja una puerta abierta en algún lado, espero que me enseñe donde está. Y si hay una puerta en 2012 o cuatro años más tarde, y si es algo que pueda ser bueno para mi familia, mi estado, mi país, o una oportunidad para mí, pues pasaré esta puerta'

Criticada por su despilfarro indumentario se dijo que había gastado hasta 150.000 dólares en conjuntos varios Palin lo ha negado todo. Fue el partido, dijo, que puso a su disposición todo un vestuario para los mítines y demás actos de campaña.

John McCain, que de momento ha guardado silencio, debía aparecer ayer por la noche en el programa de humor de Jay Leno. Muchos esperan que salga en defensa de la mujer que tanto ansiaba 'presentar a Washington'.

Palin, en una larga entrevista a los dos presentadores estrella de la cadena NBC; Matt Lauer (al que incluso le hizo la cena) y Brian Williams, reconoció que le hubiera gustado hablar en la noche electoral. Tenía pensado 'presentar' a John McCain en los términos más elogiosos. Pero no la dejaron. Así que es posible que las lágrimas que empañaron los ojos de la gobernadora en aquel estrado de Phoenix, no fueran de tristeza sino de rabia.