Público
Público

París fuerza un recorte de pensiones por la vía rápida

Revuelta de los parlamentarios de izquierda contra el presidente de la Asamblea Nacional por negar la palabra a 160 diputados

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Decenas de diputados de la izquierda corriendo por los pasillos de la Asamblea Nacional detrás de su presidente, Bernard Accoyer, y gritándole '¡golpista!', hasta que este se encierra en su despacho protegido por los alguaciles. Esa escena, que no se veía desde hace décadas en la Cámara Baja francesa, se produjo ayer al término de 24 horas de una sesión de locura, que concluyó con la votación favorable al recorte de pensiones deseado por el presidente Nicolas Sarkozy.

Mientras en la calle miles de personas se manifestaron al grito de 'Señorías, no voten' con el apoyo de diputados del grupo comunista y aliados, en la Cámara se jugó ayer el primer asalto parlamentario del recorte de las pensiones. Por 329 votos a favor de los diputados conservadores y de los centristas sarkozystas, 233 en contra la izquierda y los verdes y las 11 abstenciones de los villepinistas y diputados de la derecha católica, la Cámara aprobó el proyecto de ley que endurece las condiciones de acceso a la pensión.

Miles de personas se manifiestan ante la Cámara Baja contra los recortes

Lo que suscitó la ira de los diputados de la izquierda en bloque no fue el resultado favorable al recorte, totalmente previsible. Fue la actitud del presidente de la Cámara, a quien los socialistas acusaron de 'actuar como un jefe de clan'. Para respetar el deseo de Sarkozy, que desea una tramitación exprés del proyecto y quería apuntarse una primera victoria ayer, el presidente Accoyer impuso una sesión maratoniana que se inició el martes a las 16 horas.

Se prolongó durante toda la noche y la madrugada de ayer, con diputados somnolientos que votaban artículo por artículo sin entender gran cosa. Por la mañana, al ver que aun así no iba a conseguir respetar el plazo impuesto por Sarkozy, el líder de la Cámara suspendió unas horas la sesión y dio una orden polémica: privó del turno de palabra a más de 160 diputados. Y así consiguió que llegara a tiempo la aprobación general.

'Esta decisión es en el fondo coherente con todas las derivas actuales del poder', subrayó el jefe del grupo socialista, Jean-Marc Ayrault, ante los diputados. Hay 'una crisis moral y política de la que Éric Woerth [el actual ministro de Trabajo, implicado en el caso Bettencourt y responsable del proyecto de recorte de las pensiones] es el símbolo', añadió. Y precisó: 'Hoy nuestra República está rota, porque los ministros confunden el interés general con el interés de la UMP', la Unión para un Movimiento Popular de Sarkozy.

La votación en el Senado será más complicada para los 'sarkozystas'

Pero el presidente consiguió su objetivo: aprobar la reforma de pensiones sin retraso. No obstante, durante la manifestación de ayer, François Chérèque, líder de la CFDT (el segundo sindicato del país), anunció que 'no nos vamos a dejar adormecer, porque lo importante es lo que vamos a hacer nosotros, ya, ahora, y por eso les digo a los asalariados: Sigamos movilizados'.

El presidente y la mayoría conservadora lograron ayer lo que Chérèque llamó 'un shock psicológico, que es lo que desea el Gobierno'. Pero en realidad, la partida sigue en el aire. El jueves próximo, los sindicatos lanzan una huelga general acompañada por manifestaciones, coincidiendo con el examen del proyecto de ley en el Senado. La anterior movilización, el 7 de septiembre, reunió a más de dos millones de personas y las huelgas empezaron a generalizarse.

Para el jueves próximo, empieza a haber sectores que convocan un paro, no de 24 horas, sino reconducible; es decir, algo parecido a la huelga indefinida en español. Los últimos sondeos siguen demostrando que la opinión está con los sindicatos y no con el Gobierno.

En el Senado, la situación se complica para Sarkozy. Su mayoría es más apurada que en la Cámara Baja, y basta con que los senadores de su grupo rechacen algún artículo para que la versión aprobada en el Senado sea devuelta a la Asamblea Nacional.

Los sindicatos apuestan por que los senadores metan ese grano de arena parlamentario en los engranajes del calendario infernal sarkozysta. Porque será la pólvora para propulsar más debates y sacar a más franceses a la calle.