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Parto con cesárea en Italia

Grillo es la única esperanza de cambio real y rechaza pactar con la vieja política. Bersani, único que puede formar Gobierno, no convence a Grillo y rechaza el ‘governissimo' con Berlusconi, que resucita y viste el disfraz d

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Italia está de parto con cesárea. La salud de la criatura promete ser precaria, y su vida, corta, pero del trauma podría surgir la esperanza de un cambio que haga tabla rasa de un sistema ineficaz, anquilosado, agotado y corrupto. El ansia de regeneración se convierte en clamor y va más allá del 25% de votos que han caído en el saco del movimiento antisistema Cinco Estrellas (M5S) de Beppe Grillo. La gran duda es si se dejará pasar de largo lo que puede ser tanto una desgracia como una oportunidad, si se impondrá la política de siempre o se abrirá paso a una tercera república en la que las cosas ya no serán nunca como hasta ahora. Entre tanto, tal como escribe Ezio Mauro en La Repubblica, al igual que en el Vaticano, la situación en Italia es de 'sede vacante'.

Los resultados electorales dejan agonizante el sistema de partidos surgido de la Segunda Guerra Mundial y configuran un país ingobernable como preludio de comicios anticipados, más pronto que tarde. Pero hay otras opciones, y todas pasan por la alianza centroizquierdista que lidera Pier Luigi Bersani, pírrico vencedor. El líder del Partido Democrático necesita un aliado, pero ya no podrá ser el que antes del domingo parecía más natural: Mario Monti, el ex primer ministro tecnócrata obediente al dictado de Angela Merkel.

Monti aún no está fuera de juego

Paradigma de los brutales recortes y pésimo candidato, Monti ha sido barrido en las urnas y sus escasos diputados y senadores no deberían servir siquiera como moneda de cambio. Sin embargo, ya se habla entre bastidores de una fórmula que aún le mantendría en candelero. Si es imposible formar un Gobierno estable, Giorgio Napolitano podría seguir como presidente de la República (hasta ahora se niega en redondo) y Monti como presidente del Consejo. Sería un mandato provisional, previo a la convocatoria de nuevos comicios, con la misión de reformar la Constitución y la ley electoral. Sería una solución a la belga, de duración limitada, pero no necesariamente muy corta. Yves Leterme se mantuvo dos años al frente de un Ejecutivo como ése sin que Bélgica se derrumbase. Sería rizar el rizo, pero cosas más raras se han visto en Italia.

dirigente responsablepara salvar el país

El pacto de Bersani con Silvio Berlusconi, el llamado governissimo, sería una infamia y una traición, imposible de perdonar al líder del centroizquierda, que lo rechazó antes de las elecciones y lo ha vuelto a rechazar después, pero por desgracia, no se puede excluir de forma rotunda. Il Cavaliere, lo peor que le ha ocurrido a la política italiana en varias décadas, sólo mira a su interés personal y es el político que más ha hecho por arruinar, ridiculizar y desprestigiar a su país. Se trata de un presunto delincuente (ayer mismo se supo que la fiscalía de Nápoles le investiga por la supuesta compra de un senador), un populista demagogo, y 'un payaso [...] con una extraordinaria presión de testosterona', como le ha calificado -con tanta precisión como falta de tacto- el líder socialdemócrata alemán, Peer Steinbrück. Que pese a todo ello haya sumado un 30% de los votos es algo que, aunque cueste, hay que tragar, porque el voto es libre. El caso es que, tras resurgir una vez más de sus cenizas, Il Cavaliere viste estos días el traje de dirigente responsable dispuesto a acuerdos razonables para salvar el país. Si seduce a Bersani, será una pésima noticia que deparará a Italia y Europa muchos y alarmantes sobresaltos.  

Contra la vieja política

La otra opción sería un pacto con Grillo. Sería también anti natura, porque si algo representa el M5S es el repudio de la vieja y anquilosada clase política de la que el veterano Bersani es representante de manual. Tampoco complacería a Europa y los mercados, pero, no obstante, ahí reside la remota posibilidad de que las urnas hayan alumbrado una solución, no un problema. Grillo -que no es parlamentario, porque no fue candidato- se cierra por el momento a cualquier compromiso con el líder del Partido Democrático, al que considera 'un muerto que habla' que debe dimitir, un 'acosador político' que sólo le presenta 'propuestas indecentes'. Pero quien sabe si, justo cuando las posiciones parecen más distantes, no se estarán sentando las bases de un acuerdo. De hecho, ya surgen voces entre los partidarios de Grillo que le aconsejan que negocie con Bersani, como el premio Nobel Dario Fo.

El cabeza visible del M5S (otro payaso, pero ya retirado y orgulloso de serlo) aclara que su movimiento no está 'contra el mundo' y que, aunque decidido a pasar a la oposición, estudiará caso por caso y, desde la oposición, apoyará, propuestas concretas que se ajusten a su programa, 'las proponga quien las proponga', como la eliminación de las contribuciones públicas a los partidos. Es el modelo que está aplicando en Sicilia y que, hasta ahora, no ha entrado en crisis.

Grillo abomina de la medicina dura dictada por Merkel, aplicada por Monti y respaldada con reticencia por Bersani mientras duró el Gobierno técnico. Sin embargo, los planes del líder del centroizquierda eran aplicar a la brutal hoja de ruta para reducir el déficit y la deuda una corrección que aliviase el impacto social de los ajustes y estimulase el crecimiento imprescindible para la recuperación, en la línea de François Hollande. Es más, dice haber sacado conclusiones de su amarga e insuficiente victoria y defiende, en teoría, algo en lo que coincide con el M5S: una reforma profunda de las instituciones y de la vida política. Cuesta creer que sea cierto, pero es un punto de partida. Ahora prepara un plan de siete u ocho puntos que presentará la semana próxima a Napolitano, quien deberá determinar si le ve en condiciones de poder formar Gobierno.

El pacto con Grillo-Bersani parece casi imposible pero, si no se alcanza, aunque sea parcial e implícito, aunque se ponga a prueba día a día, aunque esté repleto de obstáculos, de éxitos y fracasos, cualquier otra posible solución al embrollo resultaría nefasta. Lo sería la vergonzante coalición Bersani-Berlusconi, o que el líder del PD gobernase en minoría con el respaldo externo de Il Cavaliere, que a buen seguro se cobraría un precio desorbitado.


 

Grillo: esperanza e incógnita
Si Bersani no alcanzase un compromiso ni con Grillo ni con Berlusconi, si el país se mostrase ingobernable, habría nuevos comicios, y Grillo, con el viento a favor, tendría la victoria, si no fácil, si a su alcance. Algo inimaginable hace apenas un mes. Sería una auténtica revolución que cambiaría radicalmente el sistema político italiano. El movimiento, que ha salido de la cita con las urnas convertida en la formación individual más votada, podría convertirse incluso en opción de gobierno tras imponerse a las dos grandes coaliciones y controlar al menos la Cámara de Diputados, gracias a la prima del 55% de los escaños al vencedor, por mínima que sea su ventaja. Otra cosa sería el Senado, con el mismo poder legislativo, pero donde el plus no se aplica a nivel estatal, sino regional. Por otra parte, sería absurdo que se volviese a las urnas con la misma ley electoral responsable en gran parte de este embrollo y que diseñó Berlusconi a su medida cuando estaba en el poder. Cambiar esa ley debería ser prioritario para el próximo Gobierno, por frágil y temporal que sea.

Nadie, excepto Grillo, tiene hoy derecho a hablar de cambio en Italia. Nadie como él ha elegido a sus candidatos en un proceso transparente y abierto a todos, promete no aceptar dinero del Estado, que sus cargos no cobrar sino una parte del salario público y cumplan un máximo de dos mandatos. Sin embargo, su ascenso, basado en la democracia directa, en el masivo uso de las redes sociales, en el desprestigio de la corrupta política tradicional, en la indignación de los millones de víctimas de la crisis, en la promesa de laminar a quienes han gobernado para los mercados, en una antipolítica que no es sino otra forma de hacer política, aún no se ha sometido a ninguna genuina prueba de fuego.

El M5S aprende sobre la marcha y se refuerza día a día. Pero aún no ha tenido ocasión de demostrar su consistencia y su coherencia, que es capaz de gobernar y no solo de criticar lo mal que lo hacen otros, de probar que no es flor de un día, que está para quedarse. Con todo, representa la única esperanza de cambio real, y no sólo para Italia, sino también para otros países, como España, abatidos por la crisis y defraudados por la política convencional. Es también -sólo en eso coincide con Berlusconi- un enemigo de la austeridad salvaje impuesta por Merkel para salvar un euro que, para Grillo, no vale ni las cuatro letras con las que se escribe y no justifica tantos sacrificios.