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¿Qué va a pasar en Siria después de la destrucción de Alepo?

El martes tuvo lugar en Moscú una reunión tripartita entre Rusia, Turquía e Irán sobre Siria. Los tres países han llegado a la conclusión de que el liderazgo de EEUU está en entredicho y lanzan una iniciativa cuya aplicación dependerá de la política de Donald Trump.

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Rebeldes disparan un arma antiaérea en Alepo. - REUTERS

JERUSALÉN – Con el combate por Alepo decidido, se abre ahora la pregunta de qué va a ocurrir en Siria a partir de este momento. En numerosos medios se anticipa la victoria militar del régimen y sus aliados aunque existen sobrados indicios de que no va a ser así. Como ha señalado el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, el conflicto no se va solventar en el campo de batalla sino mediante el diálogo.

Dos días después del asesinato del embajador ruso en Ankara, los seis ministros de Exteriores y de Defensa de Rusia, Turquía e Irán celebraron el martes unas insólitas reuniones en Moscú para hablar sobre Siria, e hicieron público un anuncio sobre lo que consideran necesario para solucionar el más trágico conflicto de los últimos años.

Los países participantes se mostraron de acuerdo en dos principios que deberían servir para solventar la vorágine: que Siria debe mantener su “integridad territorial” tal como la hemos conocido y que debe ser un “país secular”.

Lavrov insistió en que no es posible buscar una solución militar y que el futuro de Siria pasa necesariamente por ser un país “democrático, secular y territorialmente íntegro”. Sin embargo, estos buenos propósitos difícilmente podrán llevarse a la práctica en un país con abundantes sustratos sectarios, tanto étnicos como religiosos.

Con respecto a Hizbola existen claras discrepancias entre Irán y Turquía, pero de momento se ha decidido pasar de puntillas

Los tres ministros de Exteriores señalaron al finalizar el cónclave que todos los sirios de la “oposición moderada” deben participar en las negociaciones de paz, de las que únicamente serán excluidos los grupos que han sido calificados de “terroristas” por el Consejo de Seguridad, es decir el Estado Islámico y el Frente al Nusra (Al Qaeda) que ahora se denomina Frente para la Conquista del Levante.

En el limbo ha quedado Hizbola, la organización chií libanesa que también figura en la lista de grupos terroristas que elabora la ONU. Con respecto a Hizbola, una fuerza que ha sido decisiva en numerosos campos de batalla, incluido el de Alepo, existen claras discrepancias entre Irán y Turquía, pero de momento se ha decidido pasar de puntillas por encima.

El acuerdo de Moscú prevé la declaración de un alto el fuego general que afecte al conjunto del territorio sirio y a todas las organizaciones con excepción del Estado Islámico y el Frente al Nusra. Desde luego, es una buena intención apartar de las negociaciones a los yihadistas, aunque se debe decir que hay un montón de organizaciones yihadistas que ahora entran en la lista de moderadas, como Ahrar al Sham, y esto es un error pues equivale a practicar la política del avestruz que se niega a ver la realidad y no es viable a medio y largo plazo.

Lamentablemente, sería ingenuo pensar que una vez que desaparezcan de Siria el Estado Islámico y el Frente al Nusra,  desaparecerá también la violencia

Si el objetivo es declarar la guerra a los yihadistas del Estado Islámico y del Frente al Nusra, eso está muy bien, pero lamentablemente sería ingenuo pensar que una vez que desaparezcan esos grupos de Siria, también desaparecerá la violencia. El caldo de cultivo que se ha creado en los últimos años no deja lugar a dudas a la hora de vaticinar un negro futuro para el país, incluso a medio plazo.

De entrada será necesario que los países liderados por Estados Unidos acepten una iniciativa como la de Moscú, lo que está por ver. Pero en segundo lugar es preciso que se adopte cuanto antes una medida drástica en cuanto a las armas que Estados Unidos, Arabia Saudí, Catar y la misma Turquía pasan a los “rebeldes moderados” para que estos se las pasen a los yihadistas del Frente al Nusra e incluso del Estado Islámico. Este juego del que se es muy consciente en Washington debería terminar inmediatamente para preparar el camino de la paz, y por desgracia no parece que se esté por la labor.

Hablar de democracia en Siria, como han hecho los ministros reunidos en Moscú, incluso hablar de democracia a medio plazo, está fuera de lugar. Da la impresión de que los tres países han caído en la misma trampa que cayeron los occidentales con las “primaveras árabes” o con la trampa deliberada que crearon los neoconservadores americanos con la invasión de Irak en 2003.

Aun en el hipotético caso de que se aplique el acuerdo de Moscú, ni el régimen ni la oposición serán capaces de mantener el orden en el país

Aun en el hipotético caso de que se aplique el acuerdo de Moscú, ni el régimen ni la oposición serán capaces de mantener el orden en el país. Baste como aviso el terrible desastre que ha ocurrido en Irak. Siria es un país donde abundan los extremistas religiosos. El mismo Frente al Nusra está integrado por yihadistas sirios casi exclusivamente. Siria siempre, y no solo ahora, ha sido un país de yihadistas, y si no se les ha visto el plumero más de la cuenta ha sido gracias a una fuerte represión. Con este sustrato es muy ingenuo pensar que un “régimen moderado y democrático” podrá mantenerse durante mucho tiempo en el gobierno.

A diferencia de Estados Unidos, Rusia ha tratado de separar a los yihadistas de la oposición moderada. Washington, al contrario, se ha servido de unos y otros según le ha convenido y de hecho ha permitido que los “moderados”, cada vez más escasos, se hayan convertido en la práctica en asistentes de los yihadistas. Este planteamiento, por sí solo, ya desbarata todos los planes de Moscú.

El único interés de la administración Obama ha sido debilitar al régimen para provocar su caída, pero ni siquiera esto lo ha hecho con decisión. Dentro de un mes habrá otro inquilino en la Casa Blanca. Donald Trump ha guardado silencio durante la caída de Alepo y no se sabe con seguridad qué camino tomará. Si se implica menos que Obama, como se ha sugerido durante la campaña, no se resolverá el problema; si se implica como Obama, tampoco se resolverá; pero si se implica más y de manera diferente hay esperanzas de que el conflicto pueda reconducirse con el menor número de víctimas posible.