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Perplejidad en Londres por la elección de la gris Ashton

Su mayor mérito ha sido siempre seguir las órdenes de sus superiores

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Poco se sabe de las ideas políticas de la baronesa Ashton de Upholland, futura ministra de Exteriores de la UE. Un blog del Financial Times tiene al menos un dato concluyente: es una gran seguidora del programa televisivo X Factor, la versión británica de Operación Triunfo. Los escépticos sospechan que habrá pasado más tiempo escuchando sus canciones que leyendo libros sobre política exterior.

Políticos y periodistas británicos han reaccionado con una mezcla de sorpresa y decepción ante la noticia del nombramiento de Ashton. El primer ministro, Gordon Brown, ha dicho que permitirá que Gran Bretaña tenga una “voz influyente” en Europa.

La paradoja es que los conservadores parecen bastante satisfechos con el resultado del proceso, mientras muchos laboristas creen que Brown ha vuelto a reincidir en el error. “Pensar que empezamos con Blair y hemos acabado con Ashton. Eso deja en evidencia a Brown”, dijo de forma anónima un miembro del Gobierno a The Times.

Inicialmente, los tories estaban ayer por la mañana contentos. William Hague confirmó que los nombres de los elegidos se ajustan al perfil deseado por ellos. Querían un chairman, no un president, lo que en inglés quiere decir que preferían un presidente de bajo perfil y sin grandes poderes ejecutivos.

Horas después, una noticia de Le Monde les alarmó. Si el pacto incluye el nombramiento del conservador francés Michel Barnier como vicepresidente y encargado de la cartera económica, ya no estarán tan tranquilos.

La elección de Ashton, de 53 años, llenó de perplejidad a los círculos políticos de Westminster. Todos destacan que esta licenciada en sociología carece de experiencia en política exterior y que su papel en la política nacional ha sido oscuro y nada relevante.

Nunca ha sido ministra –todo lo más, viceministra–, aunque como líder de la Cámara de los Lores sí era un miembro poco influyente del Gabinete.

Su ascenso en política se debe a que siempre ha sido un fiel miembro del aparato del Partido Laborista, una alumna aplicada que sólo se molestaba cuando un relevo ministerial ponía en peligro su posición.

En general, se vio beneficiada por la lamentable escasez de mujeres en los primeros puestos de la política británica.

Sus 13 meses en la cartera de Comercio de la Comisión Europea no han contribuido a mejorar su perfil. Nada que ver con la frenética actividad de su predecesor, Peter Mandelson. Pero eso era precisamente lo que querían evitar los que la han nombrado.