Publicado: 30.07.2015 08:42 |Actualizado: 30.07.2015 10:37

Un policía de 25 años mata a un hombre negro desarmado en EEUU

El agente paró a la víctima porque no llevaba matrícula. El policía asegura que pensó que iba a atropellarle y por eso le disparó. El fiscal sostiene que el agente no temió por su vida en ningún momento y que el hombre no trató de atropellarle.

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Imagen de la multitudinaria protesta en Mckinney, Texas, contra la violencia policial. / Mike Stone (REUTERS)

Imagen de una multitudinaria protesta en Mckinney, Texas, contra la violencia policial. / Mike Stone (REUTERS)

WASHINGTON.- Un policía blanco de 25 años ha sido acusado de disparar y matar a un negro desarmado en Cincinati (Ohio), en un nuevo caso de presunta violencia policial contra los afroamericanos en Estados Unidos, según informaron medios locales.

Ray Tensing, agente de la Universidad de Cincinati hasta la semana pasada, cuando se produjeron los hechos, debe comparecer hoy ante la justicia por el homicidio de Samuel Dubose, de 43 años y a quien el policía paró por circular sin matrícula en su vehículo.

"Es una muerte sin sentido y totalmente injustificada. El agente no estaba lidiando con alguien a quien se buscase por asesinato, sino con alguien que no llevaba matrícula", explicó el fiscal del condado de Hamilton, Joseph Deters, quien presentó este miércoles los cargos contra el agente.



Los hechos sucedieron el pasado 19 de julio, cuando, tras parar a Dubose por la matrícula, ambos se enzarzaron en una discusión y Tensing llegó a temer por su vida al creer que Dubose se disponía a atropellarle, ante lo que le disparó y le mató, según la versión del agente. El fiscal, sin embargo, sostiene que Tensing en ningún momento llegó a temer por su vida y que Dubose no trató de atropellarle.

Tensing, que fue expulsado del cuerpo de Policía tras los hechos, deberá comparecer este jueves ante la corte para la primera vista y, en caso de que el proceso judicial se resolviese en su contra, podría ser condenado a cadena perpetua.

Este caso es el último en una serie de episodios mortales protagonizados por los cuerpos locales de Policía de EEUU y la comunidad afroamericana que han elevado al máximo las tensiones raciales en el país y han puesto en duda las prácticas de los agentes de la autoridad.