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La policía detiene a casi 600 manifestantes

Cuatro individuos logran colarse en el perímetro de seguridad

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La policía canadiense ha detenido en dos días a más de medio millar de personas en Toronto, a raíz de los incidente que se desarrollaron a partir de la noche del sábado, protagonizados por grupos violentos que se habían mezclado con los manifestantes de los movimientos antiglobalización.

Los últimos detenidos fueron cuatro personas que, a través del alcantarillado, llegaron a penetrar en la zona de seguridad en torno al centro de convenciones donde se han desarrollado las reuniones del G-20. Las fuerzas de seguridad montaron una valla de más de tres metros de altura a lo largo de más de tres kilómetros, rodeando la sede de la cumbre, que estas personas lograron salvar por el sistema de alcantarillado. Tras la detención de estas cuatro personas, la policía selló el acceso a las alcantarillas de la zona.

A lo largo de la jornada fueron detenidas un centenar de personas en diversos puntos de la ciudad y en los alrededores de la Universidad de Toronto, por su supuesta participación en los incidentes de la noche del sábado, cuando fueron arrestadas 484 personas.

La policía se mantenía en alerta ante la posibilidad de nuevos disturbios. 'Estamos preparados para algo como lo del sábado o superior, aunque nos gustaría ver que las manifestaciones se desarrollan en paz', dijo un portavoz. Durante el día siguieron produciéndose enfrentamientos aislados con la policía, pero sin llegar a los niveles de la jornada anterior.

El sábado, según dijeron los responsables policiales, la protesta pasó 'de la calma al caos'. La manifestación comenzó como una marcha pacífica, pero rápidamente empezaron los disturbios cuando grupos de enmascarados irrumpieron entre la multitud, rompiendo escaparates de tiendas y bancos (un establecimiento de la cadena de cafeterías Starbucks quedó completamente destrozado) e incendiando al menos dos vehículos de las fuerzas de seguridad. Los portavoces policiales sostienen que algunos de los manifestantes llevaban armas y otros objetos contundentes. La policía, que admitió que por momentos perdió el control de la situación, usó gas lacrimógeno para dispersar a los manifestantes.

El humo de las llamas llegó hasta el lujoso hotel del centro de la ciudad donde se reunían los líderes del G-20, en una zona protegida por barreras y centenares de policías, en un operativo de seguridad que le costó a Canadá unos 600 millones de euros. Los violentos incidentes obligaron a cortar las líneas del metro que pasan por esa zona.

El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, fue de las dirigentes del G-20 que no pudo llegar al hotel que tenía asignado. La comitiva española fue desviada por la organización a un hotel alejado de la zona por donde transcurría la manifestación, aunque dentro del perímetro de seguridad. Fuentes de la delegación española señalaron que en ningún momento la comitiva presenció los incidentes que obligaron al cambio de planes.