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La Policía noruega rebaja de 93 a 76 la cifra total de muertos

Aduce problemas de identificación en la isla de Utoya, donde no perecieron 86 jóvenes, sino 68. La Inteligencia tenía controlado a Breivik desde marzo

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La Policía noruega rebajó ayer la cifra de muertos en la matanza de la isla de Utoya de 86 a 68, quedando el número total de asesinados en 76 contando los que provocó el coche bomba que el fundamentalista cristiano Anders Behring Breivik colocó en Oslo. Los dirigentes policiales intentaron justificar el desfase con la información facilitada el sábado por la mañana aduciendo las 'dificultades que había para reunir la información en la isla de Utoya'. También comunicaron que son finalmente ocho los muertos por la bomba en el centro de Oslo en lugar de siete.

Por la tarde se conoció otra información que deja en mal lugar a las autoridades noruegas. Según denunció el diario VG, el Servicio de Inteligencia de Noruega (PST) tenía a Breivik en una lista de sospechosos desde marzo. El motivo era la compra por parte del terrorista de productos químicos a través de internet desde un proveedor en Polonia.

La jefa del PST, Janne Kristiansen, confirmó a la cadena pública de televisión NRK que el ultraderechista levantó las sospechas de su departamento, tras hacer un pago de 120 coronas (unos 15 euros) a una empresa polaca, lo que hizo que ingresara en la lista. La cantidad, sin embargo, no era suficiente como para pasar a una 'vigilancia activa'.

Mientras tanto, la Policía británica investiga los posibles vínculos del asesino con grupos de extrema derecha en Reino Unido, después de que Breivik afirmara en uno de sus textos que acudió en 2002 a Londres a una reunión con otros siete fundamentalistas.

Ayer volvió a ser un día de emociones desbordadas en Noruega. Por un lado, el país recordando a las víctimas de la matanza y por otro, el autor confeso confirmando ante el juez su masacre. Algo que según el extremista es parte fundamental de su enloquecida cruzada destinada a salvar a Europa de los musulmanes.

Metido en su papel de terrorista, Breivik decidió hurgar en el espanto que ha quedado sumida la sociedad noruega al afirmar ante el juez que existen 'dos células más' de su organización. Aunque la línea principal de la investigación policial sigue siendo que Breivik actuó solo, ayer no se quiso descartar que el asesino tuviera algún colaborador.

En su comparecencia ante el juez Kim Heger, Breivik acusó al Partido Laborista de traicionar a Noruega con 'importaciones masivas de musulmanes'. El objetivo de atacar a las juventudes socialistas en el campamento era según Breivik para mermar el futuro reclutamiento en las filas del Partido Laborista. 'El objetivo del ataque era mandar una fuerte señal al pueblo', dijo Heger citando al fundamentalista.

'A pesar de que el acusado admite de facto las acusaciones, se ha declarado no culpable. Considera que debía actuar para salvar a Noruega y Europa occidental, entre otras cosas, de la cultura marxista', relató el juez Heger.

Tal y como tenía planeado, Breivik ha comenzado la segunda fase de su plan. Si lograba sobrevivir al asalto a la isla de Utoya, pensaba utilizar su detención 'como el inicio de la fase de propaganda', según había dejado escrito.

A la salida del juicio, su abogado Geir Lippestad afirmó: 'Tras ser políticamente activo y ver que no tenía éxito con las herramientas habituales de la política, acabó recurriendo a la violencia'.

Para evitar que tenga éxito en su campaña propagandística, un grupo de noruegos ha comenzado en Facebook la campaña 'Boicot a Anders Behring Breivik'. El grupo plantea que los medios noruegos no se conviertan en el altavoz de Breivik ni de sus creencias.

La tensión presidió la llegada del asesino al tribunal de Oslo. Una multitud se agolpaba en la entrada del juzgado para darle una furiosa recepción. Cuando arribó en el interior de un vehículo policial negro, varias personas golpearon el coche mientras le increpaban desde el exterior.

'Queremos que sufra de verdad por lo que ha hecho', afirmó uno de los presentes a la agencia Reuters. Con una mirada fija en el infinito tan tranquila como inquietante, Breivik no se inmutó durante su llegada a los juzgados de Oslo.

Aunque el sistema penal noruego establece una pena máxima de 21 años, es probable que Breivik no vuelva a recuperar la libertad, ya que el encierro se puede extender mientras se considere que existe un riesgo de repetir los crímenes.

De momento, permanecerá encarcelado en régimen de aislamiento durante las próximas ocho semanas, en las que sólo podrá recibir las visitas de su abogado.

'En recuerdo de las víctimas, declaro un minuto de silencio nacional', afirmó el primer ministro Jens Stoltenberg en la Universidad de Oslo. El primer ministro estaba flanqueado por el rey y la reina de Noruega. El silencio se extendió durante unos cinco minutos. Especialmente sentido fue el acto celebrado frente a la catedral de la capital noruega, donde miles de personas se congregaron junto a una alfombra de flores para recordar a los asesinados.

Por la tarde hubo marchas en apoyo de las víctimas en las principales ciudades del país. Más de 100.000 personas acudieron a la principal de ellas, la Marcha de las Rosas de Oslo en la que la gente portaba flores y banderas nacionales.

En una entrevista con el canal de televisión noruego TV 2, Jens Breivik, el padre del asesino, se mostró consternado con la tragedia. 'Creo que, en última instancia, debería haberse suicidado antes de matar a tanta gente', afirmó el padre desde la localidad francesa de Cournanel, en el sur de Francia, en donde reside desde que se jubiló.