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Polonia releva a Hungría

Varsovia asume la Presidencia de una UE marcada por la crisis griega y el cierre de fronteras

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Hungría ha ejercido la Presidencia semestral de la Unión Europea (UE) sin brillo, pero ha sido noticia porque el país magiar ha escogido un camino hacia la derecha extrema que lo aleja peligrosamente de la Europa democrática, desde que el dirigente conservador Viktor Orban ganó las elecciones legislativas con mayoría absoluta, en abril de 2010.

Orban controla dos tercios del Parlamento, el Tribunal Constitucional y otros organismos del Estado, lo que le permite llevar a cabo una política de derecha radical que divide a la sociedad y preocupa a los países vecinos, pero le quita votos al ultraderechista Movimiento para una Hungría Mejor (Jobbik) de Gabor Vona.

El PIB polaco crece más que el alemán, pero su sanidad está en la ruina

La Presidencia comunitaria de Hungría se estrenó en medio de una agria polémica sobre la ley de control de los medios de comunicación, aprobada por el Parlamento y denunciada por colectivos profesionales, partidos y personalidades húngaras y europeas por su naturaleza liberticida. Después, el Parlamento dio un susto a la UE al aprobar una nueva Constitución de naturaleza ultraconservadora. Así las cosas, Polonia asume hoy la Presidencia europea en un contexto de delicada situación económica en la UE por culpa de la crisis griega.

Polonia experimenta un crecimiento del PIB superior al de Alemania y es un país políticamente estable y socialmente conservador, que aspira a convertirse en una potencia media europea en los próximos años. Los gobernantes polacos quieren utilizar la gestión rotatoria de los asuntos comunitarios para impulsar la apertura de la UE a Europa del Este sin molestar demasiado a Rusia; cerrar el ingreso de Croacia en la UE y, de común acuerdo con Alemania y Francia, fortalecer la integración del mercado único y la defensa europea.

Varsovia pretende abrir la UE hacia Europa del Este sin molestar a Rusia

Varsovia ha estrechado lazos políticos y económicos con París y Berlín y mejorado su relación con Moscú, y aprovechará la Presidencia para fortalecer su papel en la escena europea. En este sentido, los dirigentes polacos han puesto todas sus esperanzas en la cumbre del Partenariado Oriental, que se celebrará a finales de septiembre en Polonia entre la UE y cinco países exsoviéticos: Ucrania, Bielorrusia, Armenia, Azerbaiyán y Georgia. Polonia asume también la Presidencia en plena polémica sobre el control de la inmigración por los países del espacio de Schengen, y mientras la UE no consigue encontrar una posición común frente a las revoluciones árabes.

El panorama que se le presenta a Polonia este semestre es positivo, pero existen algunas incógnitas, porque el país todavía no ha superado del todo el trauma que causó el accidente aéreo de Smolensk (Rusia), en abril de 2010, en el que murió el presidente Lech Kaczynski.

La oposición de derecha radical del partido Ley y Justicia (PiS) de JaroslawKaczynski hermano gemelo del difunto jefe de Estado quiere utilizar el evento europeo para acosar al Gobierno de Tusk. En un informe sobre la tragedia área, el PiS acusa veladamente al Gobierno polaco de ocultar la verdad a la población ,y a Tusk de sacrificar los intereses nacionales de Polonia frente a Rusia.

Las tensiones en la vida política son continuas, y liberales y ultraconservadores se disputarán el poder en las legislativas de otoño. De momento, las encuestas dan la victoria a Tusk. Asimismo, la poderosa Iglesia católica presiona a los poderes públicos para que legislen en función de sus intereses y varios colectivos judíos se han quejado esta semana ante el Vaticano por unas declaraciones antisemitas del influyente sacerdote Tadeusz Rydzyk, propietario de un emporio mediático ultraconservador.

La negativa de Tusk a indemnizar a los ciudadanos polacos que fueron expropiados por los nazis y los comunistas da una mala imagen de Polonia, que es el único Estado poscomunista miembro de la UE que no ha resuelto este contencioso.

En el plano económico, el milagro polaco tiene su lado oscuro. El país no ha podido dotarse de una economía competitiva, la sanidad y otros servicios públicos están en la ruina, las infraestructuras básicas sufren un enorme retraso, la pobreza y la corrupción siguen siendo graves problemas y 2,4 millones de polacos se han ido a trabajar al extranjero.