Publicado: 11.02.2014 07:00 |Actualizado: 11.02.2014 07:00

La posibilidad de ser español agita a la comunidad sefardí

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Varios millones de judíos sefardíes de Israel y del resto del mundo podrían acogerse automáticamente a la nacionalidad española si el Parlamento de Madrid aprueba el anteproyecto de ley que el pasado viernes sancionó el Consejo de Ministros, y que prevé la modificación del artículo 23 del Código Civil, una reforma que ha impulsado el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, que recientemente fue galardonado en Jerusalén con el premio Samuel Toledano y mantiene una estrecha relación con el Estado judío.

Se estima grosso modo que la mitad de la población judía de Israel, que en su conjunto supera por poco los seis millones de habitantes, es de origen ashkenazi, es decir oriunda de Europa oriental y central, mientras que la población de origen sefardí, es decir la oriunda de la Península Ibérica, sobrepasaría muy holgadamente los dos millones.

Una parte de los judíos israelíes no ashkenazis son orientales pero no sefardíes, ya que provienen de Yemen, Irak, Irán, parte de Siria y de otros países de Oriente Próximo. Pero otro contingente significativo de sefardíes vive en varios países occidentales y en principio también podrían acogerse, si lo desean, a la reforma del Código Civil.

El anuncio ha provocado un sinfín de reacciones en Israel, donde una parte considerable de la población está buscando desde hace algunos años una segunda nacionalidad europea que les permita desplazarse libremente por los países de la UE, trabajar o estudiar en la UE o disfrutar de los beneficios de ser europeos.

Si cuando comenzó el movimiento sionista, a finales del siglo XIX, los judíos que emigraban a Palestina aspiraban a olvidar sus países de origen y crear un hombre nuevo en Eretz Yisrael, en los últimos años muchos de sus descendientes están buscando la nacionalidad de sus antepasados. No es, en absoluto, que quieran volver a las tierras de sus ancestros, sino una medida de precaución por lo que pudiera ocurrir o por las ventajas que les puede dar una segunda nacionalidad.

Millares de judíos de origen europeo están tramitando una segunda nacionalidad En la actualidad millares de judíos originarios de Europa oriental que emigraron a Palestina antes de la Segunda Guerra Mundial, o que emigraron a Israel después de la Segunda Guerra Mundial, están tramitando los papeles para obtener una segunda nacionalidad. Los bufetes de abogados que se encargan de estas tramitaciones se están empleando a fondo y cobran alrededor de 2.000 euros por las gestiones.

Los sefardíes fueron expulsados de la península ibérica en 1492 mediante un edicto de los Reyes Católicos, el mismo año en que se expulsó a los musulmanes. Una parte considerable de ellos se convirtieron al catolicismo para permanecer en España, pero otra parte, sobre cuyo número los historiadores no se ponen de acuerdo, optaron por mantener su religión y emigrar a ciertos países de Europa y del norte de África.

Si el Congreso de los Diputados  sanciona la ley, es muy probable que haya un aluvión de solicitudes, pero eso no significa que los sefardíes estén pensando en asentarse en España. El diario Yediot Ahronot informaba ayer de que la emigración a España "no es atractiva" debido a la crisis económica y al alto índice de desempleo, y recordaba que muchos emigrantes han decidido regresar a sus países de origen a causa de esos dos conceptos.

La crisis y el alto desempleo evitarán la emigración Una parte de los sefardíes conservaron su dialecto peculiar del español, el ladino, durante siglos, pero en la actualidad prácticamente ha desaparecido y tan solo la habla una pequeñísima parte de los serfardíes de edad avanzada. A las generaciones jóvenes se les ha educado en hebreo y en las casas el hebreo también se ha convertido en la lengua de comunicación, de modo que los jóvenes quizás saben decir en ladino algunas palabras sueltas que les oyeron a sus abuelos.

Los medios hebreos han hecho un esfuerzo considerable para explicar a sus lectores y oyentes la decisión del Consejo de Ministros, dando todo tipo de referencias y tratando de allanar el camino para quienes deseen solicitar la nacionalidad española, aunque advierten que será necesario que primero cuente con la aprobación del Parlamento.

La embajada de España en Tel Aviv también ha recibido múltiples llamadas de personas interesadas, aunque se estima que deberán pasar varios meses antes de contar con la aprobación del Congreso y el Senado, un trámite imprescindible para iniciar las gestiones.

Numerosos sefardíes de Israel han dedicado las últimas horas a rebuscar las partidas de nacimiento de sus abuelos o a ver si sus apellidos se encuentran en una lista de 5.500 nombres supuestamente sefardíes que circula por Internet. Algunos profesores han señalado que esa lista es incompleta y que incluso se han colado en ella apellidos claramente ashkenazis.

El diario Haaretz concluía que es más fácil conseguir la nacionalidad alemana o polaca que la española, aunque los alemanes y los polacos que la solicitan pertenecen a la primera o segunda generación, mientras que los sefardíes lo harán 522 años después de la expulsión de los Reyes Católicos.