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La primavera silenciosa y solitaria de Arabia Saudí

Las ejemplarizantes sentencias contra la disidencia reflejan la mano dura con la que el régimen autocrático saudí está reprimiendo el naciente movimiento reformista en el país y el activismo político y de derec

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Hace cuatro años, cuando Mohammed al Qahtani y otros diez activistas de derechos humanos saudís cofundaron la Asociación de Derechos Políticos y Civiles Saudí (ACPRA) tenían muy claro que se embarcaban en una travesía peligrosa de resultados inciertos que más pronto o más tarde les iba a pasar factura. 'Estudiamos las posibilidades e hicimos nuestros cálculos: podíamos perder nuestros trabajos, nos prohibirían viajar, podíamos acabar en prisión', afirmaba en una conversación reciente por Skype. Así que no se sorprendió cuando en junio de 2012 la fiscalía saudí lo acusó de una larguísima lista de once cargos: desde fundar una organización ilegal y perturbar la seguridad e incitar al desorden público a 'quebrantar la lealtad con el gobernante'. Lo que quizá no podía suponer es que la sentencia sería una de las más duras contra la disidencia en el reino de la casa de los Saud: el 9 de marzo pasado un tribunal criminal especial creado en 2008 para juzgar casos de terrorismo lo condenó a una pena de diez años de encierro.

La sentencia, para el activista de derechos humanos Fowzan Alharbi, que ahora encabeza la ACPRA, no es sino la última muestra de la mano dura con la que el régimen autocrático saudí está reprimiendo el naciente movimiento reformista en el país y el activismo político y de derechos humanos. Al Qahtani, uno de los disidentes más conocidos  y uno de los más beligerantes reivindicando libertades, considerado como uno de los '100 principales pensadores globales' por Foreing Policy, fue condenado junto al veterano reformista Abdullah al Hamid, de 66 años. En abril del año pasado, el activista Mohamed al Bejadi había sido sentenciado a cuatro años en un juicio secreto y el 24 de abril pasado, otro de los cofundadores de la asociación, el profesor de jurisprudencia comparada Abdulkarim al-Khord, fue detenido por un período de cuatro meses durante una de las sesiones del juicio que arrancó en febrero en el tribunal criminal de Buraidah.

Todos habían superado desde hace tiempo los límites de lo que esta petromonarquía absolutista y retrógrada considera tolerables. Mohamed Al Qahtani, de 47 años, educado en Estados Unidos y profesor de Economía en el prestigioso Instituto Diplomático de Riad, calificó en una ocasión de 'criminal' al ministro del Interior y no calló ni se doblegó cuando fue procesado: rechazó ser juzgado a puerta cerrada y se dedicó a informar a través de su cuenta de Twitter de cada una de las sesiones e interrogatorios, como lo había hecho antes de la suerte de los más de 30.000 prisioneros políticos detenidos arbitrariamente sin cargos y encerrados en condiciones penosas que la Comisión Islámica de Derechos Humanos, con base en Londres, calcula que hay en el país. 'Este régimen es brutal y despiadado, acorrala a la gente y los mata en juicios a la sombra, sin proceso legal, sin que haya sociedad civil', afirmó en febrero, cuando su juicio había quedado ya visto para sentencia. Aunque sin llamar expresamente a la caída de la monarquía, sí afirmó que ésta se estaba cavando su propio final si no se reforma.

'El juicio de Al Qahtani fue político. Creo que si los miembros de la ACPRA seguimos en activo, nos detendrán al resto', subraya su compañero Fowzan Alharbi desde Riad. Alharbi no ha sido amenazado, pero sí algunos de los cinco fundadores de la asociación que se han salvado de momento de la quema y siguen trabajando sin miedo, aunque la asociación ha sido disuelta y sus bienes confiscados. Como Al Qahtani, Alharbi afirma que si el precio de la libertad es ir a prisión, lo pagarán con gusto. 'No nos importa', sentencia.

Los  miembros de la ACPRA son el núcleo y la cara más visible de un movimiento reformista naciente que crece al amparo de la primavera árabe y de una enorme y joven generación digital, algunos de cuyos miembros han regresado al país tras estudiar en Estados Unidos, y que se alimenta de la corrupción, el desempleo, los abusos, las desigualdades y el apartheid de género. 'Estamos todavía al principio y es un movimiento pequeño, pero que está creciendo con rapidez', afirma. El movimiento incluye mujeres, símbolos tanto de la opresión como del cambio, que colaboran de forma anónima por cuestiones de seguridad, y se desarrolla también en el ciberespacio, ahí donde las manifestaciones públicas son más difíciles de reprimir y donde no rige la prohibición de organizarse en grupos.

Aunque es todavía muy reducido y no exige el derrocamiento de la monarquía, sino que se reforme y se transforme en una monarquía constitucional, ha conseguido poner nerviosos a los Saud. Para la periodista independiente saudí Iman al Qahtani, la sentencia es un toque de atención. 'Lo que quieren es intimidar, que la gente viva aterrorizada. Y todo el mundo tiene miedo, lo puedo ver en sus ojos', afirma en una conversación por skype. 

Iman al Qahtani, que comparte apellido pero no está emparentada con el activista de derechos humanos, tiene 33 años, está casada con un profesor y vive en Dammam, la capital de la provincia oriental de Arabia Saudí. Aunque está a casi 400 quilómetros de Riad, se desplazó allí varias veces para cubrir el juicio contra Al Qahtani y Hamid. 'Son activistas políticos y les apoyo, pero quería sobre todo garantizar que un periodista saudí cubría realmente lo que pasaba. La prensa local no cuenta la verdad, habla por el gobierno, los llamó ‘delincuentes' en sus crónicas', afirma.

A falta de medios independientes en los que informar, Imán se dedicó a tuitear la información y traducirla para algunos de los principales medios de comunicación internacionales, a los que mandó también fotografías y vídeos. Lo mismo hace para divulgar los casos de los detenidos políticos y la situación de sus familias. Aunque asegura que no es una activista, sino una periodista que trata de hacer su trabajo, difundir información, su actividad la ha convertido también en blanco de la represión. El 10 de abril decidió dejar de actualizar su cuenta en Twitter después de que la seguridad saudí llamara a su familia y la amenazara con juzgarla y meterla en prisión.'Querida madre, lo dejo solo por ti, adiós!', escribió en su último tuit, que generó un respuesta de apoyo en el ciberespacio (despedida a Iman al Qahtani). Era ya la segunda vez: cuenta que a principios de marzo la seguridad convocó a su marido a comisaría, donde le interrogaron durante varias horas y le hicieron firmar un papel en el que le informaban de que su esposa sería detenida y procesada si seguía con sus actividades. 'En Arabia Saudí las mujeres tenemos guardianes y él es el mío. Lo utilizaron como una arma en contra mía, para presionarme', explica. 'Querían que regresara a casa y me pegara. Pero él es un liberal y les dijo que su mujer es adulta y no le puede decir lo que tiene que hacer. Se sorprendieron mucho'

La emergente primavera saudí no supone quizá de momento una amenaza real para los Saud pero se está dando en el país un nuevo tipo de despertar y una creciente concienciación política que pone bajo presión a un régimen poco acostumbrado a la contestación pública. 'La gente es consciente ahora y está forzando los límites de la libertad de expresión y habla de cuestiones muy sensibles que solían ser tabú. El debate se puede seguir en los medios sociales. La gente discute en la red abiertamente temas que eran intocables. Te das cuenta de cómo han cambiado y de lo muy críticos que son ahora con el régimen y con el gobierno', subrayaba Mohamed Al Qahtani en febrero. El movimiento de cambio se mide especialmente en Twitter, que se ha convertido en el espacio público donde ventilar las críticas por excelencia y en una herramienta de lucha contra el poder. Alrededor de 400.000 saudíes son activos en esta red social, lo que los sitúa a la cabeza del mundo árabohablante. Aunque no multitudinarias, las protestas sobre el terreno que exigen libertad de expresión y la liberación de los detenidos políticos se repiten en el país desde febrero de 2011, especialmente en la región de Qatif, en el centro, aunque cada vez son reprimidas con mayor dureza. Muestra de ello es la detención a principios de febrero de un grupo de mujeres que organizaron una protesta en la ciudad de Buraidah exigiendo la liberación de sus familiares detenidos. La protesta y los arrestos se repitieron en marzo.

Una de las particularidades de esta primavera inestable y silenciosa es que tiene muchos nombres propios femeninos. Iman al Qahtani es uno de ellos, como lo es el de Manal al-Sharif, la activista que lideró la campaña Women2drive durante la primavera de 2011, cuando las mujeres se dieron cita para conducir públicamente, filmar en vídeo la osadía y colgar la prueba del delito en Youtube. No era la primera vez, lo habían hecho un grupo de pioneras en 1990 en Riad, y lo hizo ya en Youtube la feminista Wajiha al Huwaider en 2008. Ella misma fue quien acompañó y filmó a Manal al-Sharif, con quien compartía empleo en la petrolera saudí Aramco, en un vídeo que se hizo muy viral en 2011. Al Sharif, que fue detenida durante unos días, vive ahora en Dubai y la campaña ha perdido fuelle aunque sigue activa en Facebook.

La ACPRA no defiende expresamente los derechos de las mujeres.  'Los apoyamos pero creemos que la prioridad son las reformas políticas, si lo conseguimos todos tendremos derechos', afirma Alharbi. De hecho, Mohammed al Qahtani fue uno de los primeros maridos (y, por tanto, guardián de su mujer) que dio apoyo públicamente a la campaña Women2drive y el 17 de junio de 2011 acompañó a su mujer en una carrera por Riad. 'Mi mujer, Maha, y yo acabamos de llegar a casa después de conducir durante 45 minutos. Ella iba al volante por la calles de Riad', tuiteó. Ella se había llevado una muda de ropa por si la detenían. Los pillaron y a ella le impusieron una multa por no tener carnet, aunque se lo sacó en Estados Unidos, y a él le obligaron a comprometerse por escrito de que no la iba a dejar conducir nunca más. 'Tener una multa me reconoce como conductora', comentó después ella colgando la foto de la sanción en yfrog.

Maha al Qahtani, una especialista en tecnologías de la información de  39 años, y sus cinco hijos -la más pequeña tiene pocos meses- están desde febrero en Estados Unidos, donde se trasladaron una vez el juicio contra su marido quedó visto para sentencia. Supo de la condena estando allí y que su marido había sido detenido inmediatamente después de que el juez la pronunciara. Desde entonces, ha podido hablar algunas veces con él por teléfono. 'Está bien', afirma desde Washington. Desde allí, está activa en Twitter y cuelga a menudo mensajes personales para su marido. Hace poco, colgó la fotografía del pastel que sus hijos prepararon para su padre: 'Este es el camino hacia la libertad', escribieron con dulce de color celeste.

Mohammed al Qahtani aseguraba en febrero que estaba dispuesto a sacrificarse para tener un futuro mejor y garantizar que los derechos fundamentales de sus hijos serían respetados. Según explica su mujer, le ofrecieron dejarlo en libertad si se callaba y abandonaba sus actividades, pero prefirió ser encerrado a que lo silenciaran. Ella  comparte la misma tesis: todo vale la pena, incluso el encierro del padre de sus cinco hijos, si eso sirve para que haya un cambio en el país. Iman al Qahtani se declara pesimista y afirma que aunque hay un despertar y 'algún día la gente se rebelará contra la represión' el proceso es muy lento y el miedo paraliza. Tampoco es optimista respecto al movimiento de mujeres. 'Tenemos que hacer más. Las mujeres son las más oprimidas en este país. Las mujeres activistas tienen que ser más fuertes y tener más paciencia', opina.

Fowzan Alharbi mete el dedo en la llaga y afirma que la suerte tanto del movimiento reformista como de Mohammed al Qahtani depende mucho de la reacción en el interior pero también en el exterior del país. '[Tras la condena] los activistas saudís están indignados y la gente no está contenta, se puede ver en Twitter. Pero nadie se atreve a convocar protestas', afirma. 'Lo que es crucial es que creemos un movimiento de reforma suficientemente fuerte como para llamar la atención y conseguir el apoyo de la comunidad internacional a nuestra causa'.

Pero el apoyo internacional a la disidencia -exceptuando el de las organizaciones de derechos humanos- está bajo mínimos: la sentencia de Mohammed al Qahtani y las detenciones en Buraidah tuvieron lugar unos días después de que el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, pasara por Riad de puntillas y sin mencionar sus casos. El activismo en Arabia Saudí, el mayor productor y exportador de crudo, depende por ahora de sí mismo. 'Mohamed al Qahtani nos ha inspirado mucho y el día que este país sea libre será gracias a gente como él', afirma Iman al Qahtani antes de cerrar la comunicación por Skype y despedirse.