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Putin se va de Siria, pero sólo un poco

El ejército ruso ha sido decisivo a la hora de consolidar el poder del presidente Bashar al Asad. Durante los últimos 27 meses, la aviación de Moscú ha bombardeado a los enemigos de Damasco allá donde los ha encontrado. Ahora Vladimir Putin anuncia una retirada parcial de sus tropas que tendrá consecuencias dentro y fuera de Siria.

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Fotografía de archivo del 4 de mayo de 2016 que muestra a soldados rusos mientras ensayan para el desfile de la Victoria en la base aérea de Hmeimym (Siria). EFE/Archivo

El anuncio de Vladimir Putin de que Rusia va a evacuar una parte de sus tropas desplegadas en Siria se hizo el martes considerando el contexto regional de Oriente Próximo pero también el contexto interno ruso. Las próximas elecciones que se celebrarán en ese país dentro de tres meses, el 18 de marzo, contarán con la candidatura de Putin. El anuncio de retirada parcial de Siria es su primer acto de campaña puesto que la guerra es impopular y costosa para sus compatriotas.

La retirada se produce después de 27 meses de presencia militar, durante los que Moscú ha apoyado al gobierno de Damasco sin titubear, y finalmente ha conseguido dar la vuelta a la tortilla en una guerra que parecía perdida para Damasco. El éxito es doble si se tiene en cuenta la crisis económica que afecta a Rusia debido al bajo precio del petróleo y a las sanciones occidentales por Ucrania.
Rumbo a El Cairo, Putin detuvo su avión en la base aérea de Jmeimim, desde la que los cazas rusos han estado bombardeando a los enemigos del gobierno de Damasco durante los últimos meses, una base que continuará activa en el futuro, aunque no está claro en qué medida ni con qué alcance.

El presidente ruso fue muy ambiguo en su declaración, probablemente de manera deliberada, ya que la guerra no ha concluido. Hay aún una fuerte presencia de elementos extranjeros y locales activos y no hay duda de que mantener la estabilidad será una tarea difícil.

Para empezar, están los estadounidenses, que también se atribuyen la derrota del Estado Islámico. Una portavoz del Kremlin dijo esta semana que Washington no debe atribuirse los créditos de la derrota del Estado Islámico en Siria, sino los créditos por los desastres de Afganistán, Irak y Libia, donde reina un caos absoluto.

El anuncio de Putin fue recibido en el Pentágono con displicencia. El departamento de Defensa se limitó a decir que a menudo los rusos no hacen lo que dicen sobre el movimiento de tropas. Naturalmente, los americanos y los rusos mantienen una desigual guerra generalmente fría en Oriente Próximo, donde Estados Unidos dispone de decenas de bases militares.

Los rusos, en cambio, solo cuentan con dos bases, una naval en la ciudad siria de Tartús, y otra aérea de Jmeimim, y están dispuestos a conservarlas durante mucho tiempo. Eso quiere decir que seguirán respaldando al presidente Bashar al Asad, a quien han logrado mantener en el poder cuando todas las circunstancias eran adversas.

Washington ha dicho que sus “prioridades” no han cambiado con el anuncio de Putin del martes. Sin embargo, una y otra vez la Casa Blanca dijo que su prioridad era acabar con el Estado Islámico y una vez conseguido ese objetivo no ha desvelado cuáles serán sus siguientes pasos, o si se resignarán a seguir viendo a Al Asad en Damasco de manera indefinida.

Ni Rusia ni Irán quieren cantones en Siria. Eso significa que la guerra no puede darse por terminada, especialmente en relación con la provincia de Iblid y con la larga frontera entre el Kurdistán sirio y Turquía. Y también están las llamadas ‘zonas seguras’ que no se han consolidado.

Algunos analistas han dicho que la influencia de Rusia e Irán en Siria será cada día menos militar y más económica, aunque desde luego nadie ha dicho que las tropas de Rusia e Irán vayan a irse de la noche a la mañana. A diferencia de los demás agentes, Rusia e Irán están allí invitados por el gobierno local. Además, Siria debe reconstruirse de arriba abajo y eso implica que se moverá mucho dinero. Rusia e Irán serán los más beneficiados en este apartado.

No se sabe cuántos militares rusos hay en Siria pero se ha señalado que seguramente son más de 4.000. Solo una fracción de ellos será evacuada puesto que las bases de Jmeimim y Tartús seguirán estando operativas. Aunque Moscú facilita de tanto en tanto un número de sus militares muertos en Siria, algunos creen que los fallecidos son bastantes más.

Quizá la retirada anunciada se revierta una vez se hayan celebrado los comicios en Rusia y Putin se haya asegurado otro mandato. Algunos sondeos indican que el número de votantes descenderá significativamente en marzo debido a una creciente apatía del electorado, y Putin podría querer que este gesto anime a sus seguidores.

Israel tiene un gran interés en apartar del Golán ocupado a Irán y a las milicias chiíes. Su última petición a Moscú es que esos grupos estén alejados por lo menos 25 kilómetros. Hasta ahora Israel no ha conseguido que Putin les responda afirmativamente pero los aviones israelíes siguen operando con frecuencia en territorio sirio.

Está claro que ocurra lo que ocurra Siria no será el país libre y democrático que decían buscar los estadounidenses y sus aliados. El fracaso en Afganistán, Irak y Libia, como el caso de Siria, pueden servir de aviso de que imponer la democracia no siempre da los resultados esperados.