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"Quería destruir el país y devolverlo a 1969"

Zauiya, clave para la victoria rebelde en el frente oeste, festeja la derrota del dictador libio

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Los primeros signos de los rebeldes son visibles ya en Túnez, a 60 kilómetros de la frontera con Libia, donde un oportunista vende banderas, chapas y camisetas de la revolución en medio de un paisaje árido y lunar que fuera un día escenario de una de las películas de La Guerra de las Galaxias. En la frontera, una decena de coches hacen cola frente a los aduaneros. Jóvenes combatientes increpan a los extranjeros por fumar, '¡estamos en ramadán'. Al enterarse de la procedencia de los visitantes corean '¡Messi, Messi!', dibujando una gran sonrisa.

Varios controles salpican el camino hacia Narut, el primer pueblo de la Libia liberada del sur, a unos 200 kilómetros de la frontera. Todos caseríos en cuyos portales hombres armados con kalashnikov reciben al visitante haciendo el signo de la victoria, saludando el final del régimen del dictador y dando paso a los vehículos. Por el camino desierto, magníficas montañas y grandes almacenes de munición dispersos por la carretera, símbolo de que este país está en guerra. 'Ha robado a Libia y a los libios, quería destruir el país y devolverlo a 1969' explica Alí Said Hakkcar, miembro del Consejo Nacional de Transición de Fiji, una localidad a 100 kilómetros de las montañas bereberes de Narut que fue liberado hace apenas cinco días.

Hombres armados con kalashnikov hacen el signo de la victoria

Con más de 10.000 habitantes, se ha convertido en un pueblo fantasma. Los comercios, con las puertas verdes, el color de Gadafi, abiertos de par en par, destrozados y víctimas de pillaje. Numerosos edificios muestran signos de combate y de artillería pesada en las fachadas. En el suelo, dos gorras negras del Ejército del coronel junto a unas botas y casquillos de bala, símbolo de lo que fuera una gran batalla. 'Aquí lucharon 1.300 rebeldes contra 3.000 soldados de Gadafi' explica Said, ingeniero agrónomo que pertenece a la tribu siaann fiji, tradicionalmente enemigos de los gadafa, la tribu del líder libio.

Varios todoterrenos pasan por la carretera a toda velocidad, cargados con baterías antiaéreas, metralletas y mantas en la parte trasera. 'Mi hijo acaba de partir', confiesa Said junto a Amadud, un combatiente de 30 años que alardea de haber luchado en muchos frentes.

«Aquí lucharon 1.300 rebeldes contra 3.000 soldados de Gadafi»

El único signo de vida de este pueblo llega a las cuatro en punto cuando el almuecín llama a la oración desde el minarete de la mezquita junto a la carretera. En algunas paredes, cubiertas de grafitis en árabe, puede leerse 'Gadafi es un pelele loco' o frases que materializan un sueño hecho realidad: 'Mi ciudad es libre' se lee en letras de color amarillo sobre el eterno verde, color símbolo de un régimen que les ha oprimido durante 42 años.

Llegados a Zauiya, símbolo de la rebelión en el oeste del país, el ambiente es de júbilo en las calles, familias que salen a festejar junto con sus banderas la toma del complejo residencial del clan en el poder hasta ayer. Disparan al aire gritando 'Alá es el más grande'. Esta vez, gracias a sus rezos, pero también a seis meses de dura lucha, Alá ha escuchado sus plegarias en este rincón del mundo.