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Ratzinger defraudó en su visita al continente del sida

El pontítice aún defendió en marzo de 2009 la doctrina clásica

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Como ocurrió con su reciente visita a España, el Papa Benedicto XVI no esperó ni a llegar a su destino para dar un titular polémico a los periodistas que, en marzo del año pasado, le acompañaban en su primer viaje a África, el continente donde viven 22,4 millones de infectados por el VIH, casi el 70% de los 33 millones de seropositivos que la ONU calcula que existen en todo el mundo. En el Boeing 777 que le conducía desde Roma hasta Yaundé, la capital de Camerún, Benedicto XVI declaró que el sida no se podía superar con la distribución de preservativos, que, al contrario, aumentaban los problemas.

La ciencia que, hasta la fecha, establece al preservativo como única vía certera de prevención de la infección por VIH la abstinencia sexual o la fidelidad no se pueden demostrar, no tardó en condenar las palabras del pontífice, pronunciadas además con motivo de su visita al continente más castigado por el sida.

The Lancet, una de las dos revistas médicas más prestigiosas del mundo, publicó un durísimo editorial poco después de las declaraciones, en el que calificaba de 'vergonzosa y completamente inexacta' la postura de Benedicto XVI respecto al condón. 'El Papa ha deformado públicamente la evidencia científica para promover la doctrina católica sobre el asunto', denunciaba el artículo.

Además de The Lancet, varios gobiernos, entre ellos el español, emitieron comunicados críticos sobre las palabras del Papa. Pero también organismos científicos poco sospechosos de anticlericarismo denunciaron que se cuestionara la eficacia del preservativo. Lo hizo, por supuesto, la oficina de Naciones Unidas contra el sida (ONUSIDA), pero también el Fondo de Población de la ONU, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo Global de la Lucha contra el Sida, la Malaria y la Tuberculosis.

Sólo en 2008 se infectaron de VIH 1,9 millones de personas en África. Aunque la cifra se ha rebajado un 25% desde el pico de la epidemia, en 1995, los expertos atribuyen en parte a la poca utilización del preservativo, el hecho de que se sigan produciendo tantas infecciones nuevas.