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El régimen bielorruso reprime las "protestas silenciosas"

Más de 1.500 manifestantes han sido detenidos en un mes por salir a la calle a aplaudir

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El régimen autoritario de Aleksander Lukashenko no piensa aflojar las tuercas contra la oposición en Bielorrusia. La represión sistemática de manifestaciones, las detenciones masivas y las condenas se han convertido en la única respuesta del poder a las demandas de mayor libertad, que cada vez cobran más fuerza en las calles de la dictadura más feroz de Europa.

Unas 400 personas fueron detenidas el pasado miércoles en manifestaciones silenciosas en todo el país, según informó ayer el grupo de defensa de los derechos humanos Viasna. Casi la mitad de las detenciones tuvieron lugar en la capital bielorrusa, Minsk. Según la Asociación Bielorrusa de Periodistas, unos 25 informadores fueron detenidos por la Policía, lo que para el abogado y miembro de este colectivo, Andreï Bastounets, demuestra que el régimen 'ha escogido una nueva técnica para limitar la difusión de informaciones sobre las protestas'.

El grupo Revolución organiza las marchas a través de las redes sociales

El colectivo Revolución es la fuerza motriz detrás de las protestas y, una vez más, las redes sociales han demostrado ser un instrumento eficaz a pesar de la censura para organizar a los opositores al régimen. Pero las protestas en Bielorrusia tienen una nota muy particular, las llamadas 'manifestaciones silenciosas'. Revolución llama a los ciudadanos a salir a calle sin gritar consignas ni portar pancartas y banderas. Los manifestantes tan sólo aplauden para expresar su desacuerdo con Lukashenko. Desde el estallido de las protestas el pasado 15 de junio han sido detenidas más de 1.500 personas, según Viasna.

El pasado domingo se realizaron protestas pacíficas en diversas ciudades del Estado postsoviético. En esa ocasión, otras 400 personas fueron detenidas y 140 pasaron a disposición judicial, un centenar en Minsk y el resto en otras ciudades. Una parte de los manifestantes detenidos fueron condenados a penas de prisión de entre dos y 15 días y otros a pagar multas de unos 140 euros.

Pero la represión se remonta más atrás. En mayo, la condena a seis y cinco años de prisión impuesta a dos excandidatos de la oposición a la Presidencia de Bielorrusia en las elecciones de diciembre de 2010, Nikolaï Statkevitch y Andreï Sannikov, evidenció que el régimen no piensa dejar en paz a la disidencia. En su afán represivo, Lukashenko ha puesto en marcha mecanismos legales para cerrar el principal periódico opositor del país, Narodnaya Volya, y el semanario crítico Nasha Niva.

Dos candidatos de la oposición han sido condenados a cinco y seis años de cárcel

El dirigente bielorruso, que tomó posesión de su cargo de presidente el pasado 21 de enero por cuarta vez consecutiva, no ha perdonado a la oposición que el 19 de diciembre de 2010 organizara una marcha de protesta masiva en las calles de Minsk para denunciar el 'fraude electoral' después de las presidenciales.

La Policía reprimió con dureza la manifestación y detuvo a unas 600 personas, algunas de las cuales fueron torturadas y acusadas de 'alteración del orden público'.

El propio Sannikov fue arrestado. Acusó al poder de manipular los votos y de presionar a la población para que apoyara a Lukashenko en las urnas. Y los observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) invalidaron las elecciones presidenciales bielorrusas.

Lukashenko intenta cerrar el principal periódico opositor y un semanario crítico

Pese a gobernar con mano de hierro, Aleksander Lukashenko ha sabido ganarse el apoyo de amplios sectores populares gracias a una generosa política populista de distribución de subsidios sociales. Pero soplan vientos fríos en Bielorrusia. Las líneas de crédito se están acabando y el Gobierno de Minsk podría tener problemas para pagar las pensiones y los salarios.

Lukashenko no consigue negociar nuevos préstamos con Rusia, que ha cumplido finalmente su amenaza de interrumpir el suministro de electricidad a Bielorrusia al no haber pagado una deuda de 29 millones de euros. El Kremlin ya no apoya a Lukashenko, aunque sigue queriendo que Bielorrusia sea un aliado estratégico para el tránsito de gas ruso hacia Europa. Además, Lukashenko no ha conseguido acercarse a la UE para salvar al país de la bancarrota y la inestabilidad política.

Lukashenko ejerce un férreo monopolio sobre los medios de comunicación y las redes sociales en Bielorrusia.

La mayoría de las televisiones, radios y periódicos están en manos del régimen e internet sufre un control de los aparatos de represión.

Desde julio de 2010, un decreto presidencial impone a los cibercafés la obligatoriedad de anotar el número de pasaporte de sus clientes y conservar los datos de navegación por la red.

Los escasos medios impresos independientes están sometidos a presiones políticas, económicas y judiciales y el Ministerio de la Información impone a las emisoras de radio la difusión de canciones pseudopatrióticas que ensalzan el nacionalismo y la figura del presidente.

La oposición ha desplegado una metodología de protesta propia de situaciones dictatoriales, como la edición de discos clandestinos, la distribución de octavillas y la realización de pintadas.