Publicado: 04.11.2013 10:57 |Actualizado: 04.11.2013 10:57

El régimen egipcio sienta en el banquillo al expresidente Mursi

Horas después de comenzar el juicio contra Mohamed Mursi, la crisis egipcia parece atravesar uno de sus peores momentos. Los golpistas y los Hermanos Musulmanes mantienen posiciones enfrentadas y no dan muestra de una voluntad de diálo

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El juicio ha despertado una enorme expectación. Han solicitado asistir un millar de abogados, en su mayor parte islamistas, que quieren presenciar el desarrollo del proceso, así como 150 medios de comunicación occidentales y 200 medios árabes, sin contar con los medios egipcios. Las autoridades darán preferencia a los periodistas locales de medios gubernamentales.

Han transcurrido cuatro meses exactos desde el golpe del 3 de julio, cuando los militares instaron a Mursi a partir al exilio, pero el presidente rechazó el ofrecimiento y prefirió quedarse aceptando las consecuencias. Durante estos cuatro meses ha permanecido detenido en lugares que no se han revelado, lejos de las cámaras, mientras el país ha sido testigo de enfrentamientos continuos y el régimen ha descabezado a los Hermanos Musulmanes.

"Mursi se adhiere a la legalidad y denuncia el golpe de Estado", es decir: no ha modificado ni un ápice su opinión

Un portavoz de la Cofradía dijo este sábado que Mursi "se adhiere a la legalidad y denuncia el golpe de Estado", es decir: no ha modificado ni un ápice su opinión.

Con la vista puesta en las manifestaciones convocadas por los Hermanos Musulmanes, las medidas que han preparado las fuerzas armadas y de seguridad para la ocasión son excepcionales. El despliegue de más de 20.000 agentes de los cuerpos de seguridad, que incluye unidades antiterroristas, no tiene precedentes y el Ejército del Aire se encargará de velar por la seguridad desde el cielo.

El propio Mursi ha sido trasladado en un helicóptero militar desde su paradero hasta la Academia de Policía de El Cairo, donde tendrá lugar la primera jornada del esperado juicio.

Mursi ha sido imputado de varios delitos, entre los que destaca el de incitar al asesinato de varios manifestantes antiislamistas abatidos en diciembre del pasado año durante unas protestas en los alrededores del palacio presidencial. Otro presunto delito que habría cometido es colaborar ilegalmente con la organización palestina Hamas.

Mursi estará acompañado en el banquillo por un grupo de dirigentes islamistas sobre los que pesan acusaciones similares. El abogado Mahmud Hassan Abu al Anin, afiliado a los Hermanos Musulmanes, ha presentado un recurso ante las máximas instancias judiciales mediante el que solicita la suspensión del juicio, pero no ha podido detener un proceso que se ha decidido en las más altas instancias militares y políticas.

En este contexto, la visita de John Kerry de este sábado a El Cairo fue la primera del secretario de Estado desde el golpe. Aunque solamente estuvo unas horas, Kerry cumplió con una agenda muy apretada. Se vio con las principales autoridades, incluido el general Abdel Fattah al Sisi, ministro de Defensa y hombre fuerte del régimen.

En medios oficiales se comentaba antes de la reunión entre Kerry y Al Sisi que ésta giraría exclusivamente en torno a cuestiones militares, es decir acerca de ciertas restricciones que la administración americana ha impuesto sobre la venta de armamento a Egipto, aunque todo el mundo pensaba que el encuentro iría mucho más allá.

La posición de Washington es que el régimen debe incorporar a los Hermanos Musulmanes al proceso político, aunque los americanos saben muy bien que esto es tan difícil como mezclar agua y aceite. Se trata de una posición que no tiene nada de realista y que choca frontalmente con la política que ha seguido Al Sisi desde el golpe.

Washington cree que el régimen debe incorporar a los Hermanos Musulmanes al proceso político

 El ministro de Exteriores Nabil Fahmi ha revelado que Washington se puso en contacto con los egipcios el miércoles para solicitar las entrevistas de Kerry. Este hecho sugiere que las cosas se están haciendo de manera precipitada y no responden a un plan meditado detenidamente por la administración de Barack Obama.

Las manifestaciones se han sucedido recientemente y este lunes se ha convocado una concentración gigantesca en El Cairo. A esto hay que añadir un puñado de incidentes violentos que no auguran nada bueno. El régimen está particularmente preocupado ante la posibilidad de que la inestabilidad endémica que asola la península del Sinaí, causada por organizaciones islamistas radicales, se extienda a la parte continental.

Imam Yusef, uno de los organizadores de las protestas, declaraba este sábado que la acusación transciende a la causa del expresidente:"No se trata solo de un juicio contra Morsi, sino de un juicio contra la voluntad del pueblo", advirtió Yusef.

Algunos medios que se identifican con el régimen han acusado a Estados Unidos de apoyar a los Hermanos Musulmanes, y en concreto a Mohamed Mursi, con el fin de hacerse con el control de Oriente Próximo, una acusación que no tiene ni pies ni cabeza pero a la que pueden ser sensibles muchos egipcios.

De hecho, el régimen del general Al Sisi desde el primer momento se alineó con las posiciones occidentales, de los países árabes más conservadores, e incluso de los israelíes. No hay que olvidar que su primera decisión, apenas unas horas después de que se consumase el golpe, fue destruir los cientos de túneles que servían a los palestinos para introducir en la franja de Gaza todo tipo de bienes, algo que ni siquiera se había atrevido a hacer Hosni Mubarak.