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El régimen libio reconoce una "voluntad de cambio"

Saif al Islam, el heredero designado por Gadafi, promete reformas mientras evoca el peligro de una guerra civil. Sigue el éxodo masivo de refugiados en las fronteras con Túnez y Egipto

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Sumido en la desesperación, el régimen libio mantiene su brutal represión contra los rebeldes que exigen el fin de la dictadura de Muamar Gadafi, a la vez que admite que hacen falta reformas. Saif al Islam, el hijo designado por Gadafi para sucederle, afirmó ayer en una incongruente entrevista a la cadena Al-Arabiya que no hay otra opción que mantener el sistema controlado por su padre: 'Lo que está pasando en el país ha abierto la puerta a todas las opciones, incluida la guerra civil'. Sin embargo, el delfín reconoció que existe 'una voluntad interior de cambio' y admitió la necesidad de reformas.

Saif al Islam volvió a amenazar al este del país, controlado por los opositores a Gadafi, y a jugar la carta del miedo contra el pueblo libio: 'La población está asustada porque esa gente tiene armas. Esto tendrá que acabar pronto'.

Las autoridades egipcias están desbordadas por la huida masiva

Pero los rebeldes siguen ampliando las zonas bajo su control y creando nuevos focos que el régimen intenta aplastar. Las fuerzas leales a Gadafi abandonaron ayer varios de los barrios más desfavorecidos como el de Tajura, donde, según informó ayer Reuters, los manifestantes se han hecho con el control de la zona tras cinco días de protestas duramente reprimidas. Varios testigos afirmaron que los tropas leales al tirano abrieron fuego contra los manifestantes en la capital matando al menos a cinco personas.

Mientras, los rebeldes consolidan cada vez más su control del este del país, donde se encuentra la mayor parte de los pozo de petróleo. El exministro de Justicia de Gadafi, Mustafa Mohamed Abud Ajleil, que dimitió, anunció ayer que pretendía formar un Gobierno interino, basado en Bengasi, la segunda ciudad del país tomada por las fuerzas opositoras, informó el diario Quryna en su edición digital.

Mientras, los extranjeros residentes en Libia siguen abandonando el país. El Reino Unido evacuó ayer a 300 británicos y decretó el cierre de su Embajada en Trípoli. El éxodo también continúa en las fronteras con Egipto y Túnez. Ya son más de 15.000 los egipcios que han huido de Libia.

Los refugiados chinos son los que tienen el regreso mejor organizado

En Ras Ajdir, en la frontera entre Túnez y Libia, esta Yusef. Ha llegado directo del aeropuerto de Djerba. Ha atravesado toda África y viene de Johanesburgo con la intención de cruzar a Libia, en sentido inverso a los miles de refugiados que huyen de un país sumido en el caos y la violencia y el terror de este a oeste. 'Han matado a mi madre y a mi padre. Voy de camino a su entierro ', se echa a llorar. 'Gadafi no es más que un asesino. Le pueden quedar días, semanas, meses. Pero lo echaremos de nuestro país'. No quiere decir en qué ciudad vive en Libia, por miedo a las represalias. 'No tenéis ni idea de lo que es el régimen de Gadafi. Del terror absoluto bajo el que vivimos'. Tras cinco minutos de silencio, estalla y comienza a desahogarse, a contar cómo mataron a su familia.

'Gadafi ha puesto a toda la población a limpiar las calles. Barren, echan agua. Hasta les ha dado pintura porque no quiere que huela a cadáver', explica. 'Mis padres vieron cómo la gente estaba con la brocha, arriba y abajo, y salieron a la calle para increparles. Les preguntaron por qué hacían eso, por qué escondían las atrocidades que habían ocurrido allí. Subieron a casa. A la media hora, unos hombres ejecutaron a los dos'.

Para pasar la frontera, Yussefse ha vestido con un pantalón gris con muchos bolsillos y un jersey marrón. 'Así paso desapercibido porque parezco uno de los matones de Gadafi'. Acto seguido se saca una chapa del bolsillo con la imagen de Gadafi y se la pone en la solapa. 'Me han dicho que hay unos veinte controles desde esta frontera hasta mi pueblo. Al llegar, tengo que gritar consignas a favor de él y así llegaré a salvo al entierro'.

'Todas las opciones están abiertas, incluida la guerra civil', dice Saif

En el lado opuesto del lado fronterizo, miles de personas acceden a Túnez escapando de las poblaciones del oeste del país. Unas 30.000 personas han salido por este enclave por carretera, según Hoda Shalchoul, portavoz del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, una avalancha compuesta en su mayoría por tunecinos, egipcios, chinos y libios.

El campamento está formado por unas decenas de tiendas de campaña instaladas por el Ejército tunecino a la carrera. Shalchoul esperaba ayer la llegada de un cargamento procedente de España con ayuda humanitaria. 'Nos envían tiendas para dormir, colchones y camas, que es lo más urgente', y esperan que llegue más ayuda europea.

La revuelta popular se ha hecho con el control de varios barrios en la capital

Las autoridades están desbordadas por la huida masiva de sus ciudadanos de Libia y el problema de la repatriación, organizada lentamente en barcos que zarpan de la costa. 'Nos han abandonado a nuestra suerte', dice un hombre de unos 60 años gritando a un soldado tunecino que escucha su protesta con un gesto de impotencia. Los más organizados son los chinos, a los que se les espera a unos pocos metros de la salida del puesto de control libio.

Los principales enfrentamientos de ayer se produjeron en Trípoli. En algunos de los barrios más desfavorecidos de la capital las fuerzas leales a Gadafi abandonaron sus posiciones y los rebeldes tomaron el control. Zuara, junto a la frontera con Túnez, está dominada por las milicias antigubernamentales. En Zauiya, los rebeldes controlan el centro de la ciudad, donde se encuentra una importante refinería. En las afueras de la ciudad permanecen mercenarios afines a Gadafi. Según Reuters, la ciudad de Misrata se encuentra bajo el dominio de los rebeldes que consiguieron repeler una ofensiva del Ejército. En Ras Lanuf la situación resulta imposible de verificar con informaciones contradictorias sobre el control de la ciudad.