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"Reino Unido y España intentan reflotar el 'Thatcherismo'"

El periodista británico Seumas Milne denuncia el multimillonario funeral de Thatcher como un exceso del Gobierno de Cameron

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Londres despedirá  hoy por todo lo alto a la que fuera su primera ministra Margaret Thatcher, fallecida a los 87 años de edad el 8 de abril como consecuencia de un infarto cerebral. A partir de las 10:00 horas, la líder conservadora recibirá un funeral un grado por debajo de uno de Estado pero que, a todos los efectos, será tal. De hecho, contará con honores militares y está llamado a ser el mayor funeral celebrado desde el fallecimiento de la reina madre de Inglaterra en marzo de 2002.

La Dama de Hierro, incluso tras haber fallecido, ha conseguido generar controversia y dividir al país. El elevado coste de su funeral, que ronda los 10 millones de libras (11,6 millones de euros) correrá a cargo del contribuyente, una decisión que no ha sido del agrado de la opinión pública. En este sentido, el periodista de The Guardian, Seumas Milne, autor del libro The enemy within: Thatcher's secret war against the miner (El enemigo está dentro: la guerra secreta de Thatcher contra los mineros) indica que 'el Gobierno ha ido demasiado lejos con este funeral de Estado, en contra del que está la mayoría de la ciudadanía'.

Milne hace referencia a una encuesta realizada por ComRes en la que únicamente una cuarta parte de los británicos está a favor de que el funeral corra a cargo de las arcas públicas, frente a un 60% que se opone a ello. Algunas voces, como la del cineasta y activista Ken Loach, han llamado incluso a privatizar el evento, en un guiño irónico a las políticas de la ex primera ministra.

Así, se espera que se produzcan numerosas protestas durante todo el cortejo fúnebre, que tal y como se ensayó en la madrugada del lunes llevará en carruaje el féretro de Thatcher desde Westminster a la Catedral de St. Paul's, cuyo deán, David Ison, oficiará el servicio religioso. El propio Ison ha criticado en The Times la magnitud del evento considerando que 'parte la sociedad aún no ha superado el dolor y el enfado que dejaron sus políticas, incluso 23 años después de su Gobierno'. Ya el pasado el pasado fin de semana, la bautizada como ‘fiesta anti-Thatcher', consiguió reunir a más de 3.000 personas en Trafalgar Square.

Mientras, enfrentado a la opinión pública, el Gobierno conservador de David Cameron, cuyo ministro de Presidencia, Francis Maude, justifica el coste alegando que ha de ser 'un acontecimiento a la altura de una gran dama' y reclamando que, 'si bien es un país libre y todo el mundo puede expresarse' se guarde respeto por los que velan a la Dama de Hierro.

Se espera la asistencia de unas 2.000 personas, encabezadas por la reina Isabel II y su esposo, el duque de Edimburgo, así como el actual primer ministro David Cameron y personalidades como el ex secretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger, o su vicepresidente, Dick Cheney. Desde España han viajado el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, así como la  presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre.

Lo sorprendente de tamaño dispendio para el acto de hoy es que la propia Thatcher había expresado en vida su deseo de no recibir un funeral de Estado y, sin embargo, prácticamente hoy recibirá el más alto de todos, honores militares incluidos. De hecho, incluso, el Big Ben quedará mudo durante todo el acto, algo que tan sólo ha sucedido una vez, en 1965 durante el funeral de Winston Churchill.

El Big Ben quedará mudo durante todo el acto, algo que tan sólo sucedió una vez, en 1965 durante el funeral de Churchill

Para el periodista de The Guardian, este ‘funeral de Estado', además, supone un penoso agravio comparativo para con otros primeros ministros que influyeron decisivamente en el país, como es el caso de Clement Attlee en la década de los años 40'. A fin de cuentas, Attlee fue el impulsor del Estado de Bienestar y de la asistencia sanitaria universal y gratuita que décadas después la propia Dama de Hierro comenzaría a desmantelar por la vía de la privatización.

Milne no duda en asegurar que la opulencia de este funeral y su coste a cargo del contribuyente 'podría tener un efecto boomerang para el Gobierno de Cameron, que pretende con este acto rememorar unas políticas que, en realidad, destruyeron nuestra industria y trajeron miseria para buena parte de la población'. Una postura que ya reflejó hace unos días el exviceprimer ministro laborista (1997-2007), John Prescott en el Mirror, justificando 'por qué Margaret Thatcher no merece ningún tributo, dado que fue la mujer que dejó a Gran Bretaña amarga, egoísta y dividida'.

Seumas Milne está convencido de que 'Gobiernos como los de Reino Unido o la propia España -cuyos líderes conservadores discuten, incluso, poner el nombre de Thatcher a algunas de sus calles- están intentando reflotar el modelo político y económico' del Thatcherismo, 'a pesar de que representan el fracaso de la privatización'.

Un modelo que, además, puso en práctica medidas de seguridad y represión cuestionables. Así lo documenta Milne en su libro, en el que describe como Thatcher, en su enfrentamiento con los mineros en 1984-85 llegó a utilizar al MI5 y la Policía para infiltrar agentes en los sindicatos mineros y mediante métodos que rozaban la ilegalidad desacreditar a líderes como el sindicalista Arthur Scargill.

El periodista concluye que 'por supuesto que podría volverse a producir algo parecido, más aún si hablamos de agencias como el MI5'. Tanto es así, que esas prácticas recuerdan a las llevadas a cabo en el escándalo de las listas negras en el sector de la construcción en Reino Unido, en donde las investigaciones apuntaban a la implicación de algunas ramas de la Policía e, incluso, a los Servicios de Inteligencia. Así, Milne sostiene que 'The Guardian ha destapado ya numerosos casos en los que las fuerzas de seguridad se infiltraban y espiaban a grupos de activistas, ecologistas, etc'.