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Las relaciones difíciles a 700 metros bajo tierra

Las tensiones se disparan dentro de la mina y en la superficie

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En las primeras semanas después del derrumbe, las relaciones entre ellos fueron difíciles. Tuvieron problemas, discusiones, había mucha desesperación tuvieron diferencias', cuenta a Público Gastón Henríquez, hermano de José, uno de los 33 atrapados a quien han bautizado como el 'guía espiritual' del grupo.

Gastón, de 49 años, revela que su hermano era el único de los atrapados que profesaba la religión evangélica. En las primeras horas del derrumbe, cuando aún no habían establecido contacto con el exterior, José intentaba dar tranquilidad a sus compañeros hablándoles de Dios. Pero al principio prácticamente ninguno le escuchaba. 'Rechazaban su discurso de que la única forma de estar bien y poder resistir para salir vivos de ese lugar era el camino del señor', dice Gastón mientras saca de su cartera una carta que hace algunas semanas le envió José a través del conducto que facilita la comunicación con los mineros atrapados. En ella relata que está contento porque ya son cinco los mineros que se 'habrían convertido a la fe'.

José Henríquez ha convertido a cinco de sus compañeros al cristianismo

Si se producían tensiones a 700 metros de profundidad, las relaciones interpersonales también eran complicadas en la superficie, en el llamado Campamento Esperanza, una improvisada ciudadela que ya conglomera a cerca de 4.000 personas entre familiares, trabajadores y periodistas de todos los rincones del mundo.

Helen Ávalos, de 17 años, la pareja del menor de los mineros, Jimmy Sánchez, de 19 años, con quien tiene una hija de cuatro meses llamada Bárbara, comenta que no se habla con el padre de Jimmy. 'Ese señor se ha portado muy mal con nosotros. Se ha quedado con todas las ayudas y a mí no me ha pasado dinero ni siquiera para pañales o leche de la niña', asegura muy molesta Helen al subir al autocar que la lleva hasta el Campamento Esperanza, donde su suegro se encuentra viviendo en una tienda de campaña.

Las ayudas de distinto tipo han despertado la codicia y han elevado el riesgo de conflictos entre familiares y conocidos de los atrapados. Allí está, por ejemplo, un extravagante empresario minero, Leonardo Farkas, quien dijo en los medios de comunicación que regalaría 8.500 euros a cada uno de los 33. El salario mínimo en Chile es de 262 euros.

La mujer y la amante de uno de los atrapados se conocen en la mina

En el plano pasional, también se han producido conflictos, como el del minero Jo-hnny Barrios, que está ejerciendo de enfermero en el fondo del yacimiento. Su mujer y sus hijos acudieron al Campamento Esperanza y a los pocos días apareció también la amante del minero. Exigía que se le reconociera su derecho a permanecer en el lugar porque su relación duraba ya cinco años.

El campamento incluso tiene su propio payaso, llamado Rolly. Tras años trabajando en el circo, Rolando González, se retiró y empezó a trabajar en una mina en Calama. En cuanto supo del accidente, vino al Campamento Esperanza. Cuando le tocaba volver a su trabajo, los niños lloraban y la prensa extranjera habló con el ministro de Minería, Laurence Golborne, quien negoció con la empresa de Rolly para que permaneciera, con sueldo, divirtiendo a los niños del yacimiento San José.