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La represión de Mubarak no logra apagar las revueltas

Miles de manifestantes siguen ocupando la plaza Tahrir pese a la violencia. El presidente egipcio dice que habrá caos si se va

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Cuando llegó el alba supieron que habían ganado la batalla. Los manifestantes que exigen en la plaza Tahrir la salida de Hosni Mubarak lograron resistir ayer la ofensiva del régimen camuflada en presuntos seguidores del presidente egipcio. El ataque dejó 13 muertos y 1.200 heridos, según cifras oficiales. Para hoy se espera una gran protesta contra el presidente egipcio a la que se piensa sumar el movimiento de los Hermanos Musulmanes. Se trata de la primera vez que el grupo islamista anuncia su presencia en la revuelta.

Tras fracasar en frenar la protesta por las malas, Mubarak volvió ayer a jugar con su carta preferida: 'Si dimito hoy esto será el caos y los hermanos musulmanes se harían con el control'. En una entrevista con la cadena ABC, el presidente egipcio negó queBarack Obama le exigiera que dimitiera inmediatamente.'Obama es un buen hombre pero no entiende la complejidad de la cultura egipcia y lo que pasaría aquí si yo dimito', dijo el rais egipcio.

Las autoridades egipcias confirman 13 muertos y 1.200 fallecidos

Durante la entrevista, que será emitida el próximo domingo, Mubarak apareció junto a su hijo Gamal y negó que alguno de los dos se fuera a presentar a las próximas elecciones: 'Estoy harto. Después de 62 años en el servicio público, he tenido suficiente. Quiero irme'.

'No me gusta ver como los egipcios luchan unos contra otros', dijo un día después de que ni su Gobierno ni el Ejército hiciera nada ante unos ataques en los que varios policías fueron descubiertos instigando y protagonizando la violencia contra manifestantes y prensa internacional.

La secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, instó ayer al Gobierno egipcio a iniciar 'inmediatamente' un diálogo serio con miembros de la oposición con el fin de impulsar una transición pacífica y ordenada.

'Estoy cansado después de 62 años de servicio público', asegura el dictador

Tras ver que la porra no ha funcionado el Gobierno ha tendido la mano a la oposición y ha rogado a los manifestantes que vuelvan a sus casas. El vicepresidente Omar Suleimán atribuyó ayer los choques a 'un complot' orquestado por algunos egipcios y con vínculos en el extranjero. No aportó ningún dato ni prueba para abalar su acusación.

Suleimán se ofreció para dialogar con todas las fuerzas políticas menos con el opositor Mohamed el Baradei. La novedad es que dijo estar dispuesto a hablar con los Hermanos Musulmanes, grupo contra el que él mismo dirigió la dura represión de los últimos años como jefe de los servicios secretos. 'Nuestra decisión es clara: ninguna negociación con el Gobierno hasta que se vaya Mubarak', repitió Mohamed Abul Ghar, portavoz de la Coalición Nacional para el Cambio.

El vicepresidente ofrece dialogar con la oposición, salvo con El Baradei

Todas las fuerzas de la oposición se negaron a cualquier tipo de negociación hasta que el régimen cesara en su violenta represión contra losmanifestantes.

Los matones de Mubarak decidieron abandonar el asedio y concentrar sus esfuerzos en intimidar en las inmediaciones de la plaza situada en el centro de El Cairo. En coordinación con miembros de las fuerzas de seguridad se inició una razia contra todo lo que tuviera pinta de manifestante antigubernamental o miembro de la prensa, a poder ser extranjero mejor.

Durante toda la jornada se escucharon disparos en las inmediaciones de la plaza Tahrir y dos personas murieron tiroteadas, presuntamente por francotiradores de los leales a Mubarak.

Durante todo el día se oyeron disparos en los alrededores de la plaza Tahrir

En el interior de la plaza se aprovechó para recuperar parte de las posiciones perdidas en la batalla de la noche anterior. Dentro seguía funcionando la autogestión. Un hombre con un altavoz organizaba a los manifestantes: 'Necesitamos 20 personas para el hospital, 20 para montar una barricada y otras 15 para la fábrica de piedras'. El hospital está en una mezquita situada en el sur de la plaza Tahrir por la que han pasado unos 600 heridos, según las estimaciones de los médicos que trabajan en ella. La fábrica de piedras consiste en los adoquines que se extraen de las aceras de la plaza y las barricadas se basan en unos precarios muros con placas metálicas que se han colocado en todos los accesos a la zona.

El optimismo de la mañana se fue oscureciendo en preocupación en la noche de ayer ante el temor de que todos los esfuerzos para lograr la dimisión de Mubarak sean inútiles. Desde el interior de la plaza, Tarek Shalaby resumió la moral en la plaza: 'Veo muy difícil que podamos conseguir que se vaya con toda la Policía que tienen vestida de civil por todos lados. Intentaremos llegar al palacio presidencial pero aunque vengan los Hermanos Musulmanes será complicado'.

Hoy será un día clave para la revuelta popular que ha obligado al régimen de Mubarak a realizar más concesiones en diez días que en todos los 31 años anteriores juntos. Queda por ver si el Ejército cumple de una vez con su palabra de proteger al pueblo egipcio y evita un baño de sangre.