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Otro revés para Israel

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El asalto de su Embajada en El Cairo representa un nuevo revés para la política exterior de Israel, y más concretamente para su política regional, después de que esta semana Turquía anunciara la expulsión del embajador israelí en Ankara. En ambos casos el detonante de la crisis está relacionado con la problemática israelo-palestina: la Flotilla de la Libertad y la muerte de seis policías egipcios en el Sinaí. El Gobierno de Binyamin Netanyahu podría dar un paso de gigante para la normalización de las relaciones en la zona sacando a los colonos de los territorios ocupados en 1967, pero esto es algo que ni siquiera ha considerado.

Al contrario, Israel está enviando más y más colonos a Cisjordania, y particularmente a Jerusalén, mientras la comunidad internacional se tapa los ojos, los oídos y la boca y permite que la legislación internacional se viole a diario. Esta actitud es percibida en el mundo árabe como una ofensa y una agresión de Israel y de Occidente que se están perpetuando y creciendo conforme transcurre el tiempo.

Tel Aviv podría dar un paso de gigante retirando a los colonos

Tanto Netanyahu como el titular de Defensa, Ehud Barak, hablaron el viernes por teléfono con sus homólogos en EEUU, lo que pone en evidencia la gran dependencia de Israel con respecto a Washington. No obstante, ni Netanyahu ni Barak quieren escuchar los consejos bienintencionados de EEUU o de otros países occidentales que, al mismo tiempo, con tozudez, se empeñan en defender una política, la de Israel, que cada día es más indefendible.

En medios políticos israelíes se comentaba anoche que Netanyahu llamó desesperadamente al presidente Barack Obama para que ordenara a los egipcios que rescataran a sus diplomáticos en Egipto cuando ya todo parecía perdido.

Pongamos el ejemplo de los dos países árabes que han firmado la paz con Israel, Jordania y Egipto. En ambas situaciones los regímenes gobernantes han tratado de limar asperezas con el Estado judío a pesar de que la población tiene una opinión muy distinta al respecto. Si se impulsa la democracia en los países árabes, una consecuencia inevitable es la imposibilidad de detener la crisis política con Israel.

Netanyahu llamó desesperadamente a Obama para que le ayudara en la crisis

El grave incidente de El Cairo cuestiona la disponibilidad democrática de Egipto, y por extensión la del mundo árabe de Oriente Próximo. Sin embargo, los norteamericanos parecen decididos a llevar la democracia al mundo árabe al coste que sea. Esta es una idea que ignora la realidad social, económica y religiosa de la región, pero que acariciaron los neoconservadores de la época de George Bush hijo y que la actual Administración Obama parece haber asumido a pesar de que está recibiendo un revés tras otro.