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La revolución popular egipcia se extiende al canal de Suez

Miles de obreros de empresas e instalaciones estratégicas hacen huelga contra Mubarak. Los manifestantes de la plaza Tahrir rodean el Parlamento y preparan una marcha gigante el viernes

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Las amenazas del régimen egipcio ya no afectan a los manifestantes que exigen la salida del presidente Hosni Mubarak. Galvanizados por la figura de Wael Ghonim, el ejecutivo de Google que tras pasarse 12 días detenido animóa seguir con la revuelta, la protesta popular se extendió ayer a las calles anexas a la plaza Tahrir, a varias ciudades de Egipto y hasta al Canal de Suez .

Con la tolerancia del Ejército, los manifestantes se plantaron frente al Parlamento egipcio, llenaron su verja verde y dorada de carteles contra Mubarak y cantaron juntos exigiendo libertad y el fin del régimen.

En Jargo, al sur de El Cairo, hay otros cinco muertos y más de cien heridos

'Ya no pueden tapar todos los agujeros. Hoy estamos frente a este lugar que simboliza toda la corrupción de Egipto', decía Ibrahim Mutuale, ex jugador de baloncesto reconvertido en guía turístico. En esa misma calle, los manifestantes habían establecido un campamento anexo al de la plaza Tahrir, situada a dos manzanas.

'El viernes esto va a ser el colmo', pronosticaba Ibrahim. Los manifestantes confían en dar mañana el golpe de efecto definitivo con una nueva convocatoria masiva aprovechando la festividad del viernes.

La prensa oficialista empieza a hacerse eco de las demandas de los manifestantes

'El objetivo es llegar al palacio presidencial', decía Yusef, otro de los manifestantes plantados frente al Parlamento. Se trata de una amenaza recurren-te pero que implica salir de la plaza y desplazarse más de diez kilómetros por un camino protegido por los militares.

La plaza también vivió ayer una escena patética. El cantante egipcio Tamer Hosny, ídolo de adolescentes, se acercó a Tahrir para pedir perdón por haber apoyado públicamente al régimen los primeros días. La gente no tuvo compasión y Hosny experimentó lo arriesgado que es cambiar de caballo en medio del río. Lo insultaron, lo bajaron del escenario, lo agredieron y le entregaron como un trapo a los militares para que la cosa no acabara peor.

El movimiento popular crece cada día fuera de la plaza. Ayer se sumaron varios sindicatos que piden que se repita el ejemplo de los 6.000 trabajadores del Canal de Suez que se han declarado en huelga. El objetivo ahora es bloquear la actividad en las empresas públicas. Según Al Yazira, unas 20.000 personas no asistieron ayer a sus puestos de trabajo en las fábricas estatales.

Las protestas acabaron de forma sangrienta en la localidad de El Jargo, a unos 400 kilómetros al sur de El Cairo, donde se registraron cinco muertos y más de cien heridos, según fuentes médicas locales. La versión oficial es que unas 3.000 personas atacaron la comisaría de Policía y los agentes repelieron el asalto con fuego real. También se registraron disturbios en Port Said y manifestaciones en Suez y Alejandría.

Mostrando la misma creatividad política exhibida los últimos 30 años, el vicepresidente Omar Suleimán afirmó que si el proceso negociador con la oposición no avanzaba 'hay riesgo de un golpe de Estado'. Los Hermanos Musulmanes, el grupo opositor mejor organizado del país, contestaron ayer a la amenaza afirmando que su exigencia principal para negociar sigue siendo la misma que la de la calle: la salida inmediata de Mubarak.

'Suleimán amenaza con imponer la ley marcial, lo que implica que toda la gente que está en la plaza acabará aplastada. ¿Pero qué hará con el resto de los 80 millones de egipcios que nos seguirán después?', afirmó ayer Abdul-Rahman Samir, portavoz de los Hermanos Musulmanes.

La alianza estratégica establecida entre el Gobierno egipcio y Washington para controlar la transición no pasa por su mejor momento. El ministro de Exteriores egipcio, Ahmed Abul Gheit, afirmó ayer que los consejos de la Casa Blanca 'no están ayudando para nada'. Abul Gheit dijo sentirse 'sorprendido', ante la exigencia del vicepresidente de EEUU, Joe Biden, de que se derogue la ley de emergencia.

En otro significativo giro, la prensa oficialista ha comenzado a moderar su mensaje y mostrarse más comprensiva con las demandas de los manifestantes. Periódicos como The Egyptian Gazette, que titulaban en días anteriores: 'Italia: Mubarak es un hombre sabio', recogían ayer el éxito de la protesta del miércoles contra el régimen.