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La revuelta del Tíbet se expande por China

El Gobierno tibetano en el exilio habla de 80 muertos mientras Pekín cifra en 10 las víctimas

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'¿Qué llegará antes, mañana o la muerte?', dice un antiguo proverbio tibetano. Uno de los cánones del budismo es ser consciente de que la muerte es algo inevitable e impredecible. Los disturbios que empezaron monjes budistas el viernes en Lhasa, capital del Tíbet, han causado la muerte de al menos 80 personas, informó ayer un portavoz del Gobierno tibetano en el exilio.

El Gobierno chino ha anunciado la muerte de diez civiles. Las cifras no pueden confirmarse porque la prensa internacional tiene prohibido el acceso a Tíbet. El Dalai Lama, líder espiritual tibetano, teme que haya más muertos, a menos que Pekín cambie su política de opresión en este territorio, anexionado a China por los comunistas en 1951.

Los disturbios se han extendido a las provincias limítrofes, Gansu, Qingai y Sichuan, con numerosa población tibetana. Más de cien estudiantes se manifestaron ayer en la universidad de Lanzhou, capital de Gansu, según Free Tibet. En Xiahe se impuso el toque de queda después de que la Policía atacara con gas lacrimógeno a un millar de personas, entre ellos monjes budistas.

En Sichuan, unos 200 manifestantes tibetanos incendiaron una gasolinera y otros miles de manifestantes ondearon banderas tibetanas y gritaron eslóganes independentistas, informa la agencia Reuters.

Más de 200 vehículos militares chinos han entrado en Lhasa. La Policía mantiene el control de las calles y ha decretado el toque de queda. El clima general entre los residentes era ayer de miedo, aunque los medios chinos aseguran que la ciudad ha recuperado la calma. Esta medianoche termina el ultimátum de rendición lanzado el sábado por el Gobierno chino a los manifestantes. Pero los testimonios recogidos en distintos medios internacionales aseguran que la Policía está  registrando casa por casa en busca de agitadores.  

China culpa al Dalai Lama

'Si el grupo de separatistas que lidera el Dalai Lama, no estropeara la estabilidad de la región, Tíbet estaría en el mejor momento de desarrollo de su historia', dijo ayer el alcalde de Lhasa, Doje Cezhug, a la agencia oficial Xinhua. Fue la respuesta a las declaraciones del Dalai Lama, en las que el líder tibetano acusó a las autoridades chinas de llevar a cabo un 'genocidio cultural' y de recurrir a la fuerza.

Pekín defiende que su política de ocupación -grandes inversiones públicas en infraestructura y educación, y la repoblación con miles de chinos de la etnia mayoritaria han- ha beneficiado al Tíbet, una provincia históricamente pobre. 'Es cierto que ahora los tibetanos son más ricos, pero su cultura y su lengua están desapareciendo', aseguró una investigadora argentina de la universidad Tshinghua de Pekín, que prefiere el anonimato.

Los disturbios amenazan con estropear la imagen de China de cara a los Juegos Olímpicos, dos semanas antes de que empiece el relevo de la antorcha olímpica, que pasará por el Tíbet.