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La revuelta regresa a Tahrir

Miles de egipcios piden el fin de la Junta Militar que gobierna tras la caída de Mubarak

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Ocho meses después de destronar a Hosni Mubarak, miles de egipcios volvieron a concentrarse ayer en la plaza Tahrir para pedir la abolición de la Ley de Emergencia, principal herramienta de represión del Gobierno militar durante los últimos 30 años. También reclamaron la liberación de los miles de activistas condenados en juicios militares desde el inicio de la revolución, en enero.

Sin embargo, con buena parte del país sumido en la confusión y el escepticismo, el movimiento revolucionario parece haber perdido cierto fuelle, pues la movilización de ayer languidecía comparada con las de meses anteriores.

Los manifestantes piden la liberación de los detenidos en las protestas 

'La Junta Militar ha conseguido sembrar una sombra de duda sobre nuestro movimiento al acusarnos de recibir financiación extranjera', lamentó Amal Sharaf, portavoz del Movimiento 6 de Abril, una de las organizaciones que encendieron en enero la mecha de la rebelión, que esta semana fue nominado al premio Nobel de la Paz. 'Pero soy optimista, la gente poco a poco se está dando cuenta de la verdadera naturaleza represiva de esta Junta Militar', agregó.

De acuerdo con la liturgia habitual, la concentración se inició al mediodía con un rezo conjunto en el centro de la plaza Tahrir, donde se congregaron unas 3.000 personas. Durante las horas siguientes, Tahrir, símbolo y epicentro de la revolución, recibió continuas llegadas de manifestantes, entre ellos hasta el actor estadounidense Sean Penn, a medida que convergían otras marchas iniciadas en diversos puntos de la ciudad y encabezadas por jóvenes activistas.

'La Junta Militar ha logrado sembrar dudas sobre nuestro movimiento' 

Mohamed Tantawi, máximo dirigente de la Junta Militar que administra el país, era el blanco de la mayoría de los cánticos de protesta de los congregados. 'Te vistas de civil o de militar, ¡queremos que te vayas!', gritaba un grupo de jóvenes, haciendo referencia a la visita que hizo esta semana Tantawi a un zoco vestido con traje y corbata, un hecho que ha disparado los rumores sobre la voluntad del Ejército de retener el poder indefinidamente. Seis candidatos políticos pidieron el jueves a la Junta que ceda el poder antes de marzo.

Las pancartas, atuendos y símbolos de los manifestantes daban fe de la pluralidad ideológica de la revolución egipcia. En un extremo de la plaza, Leila, una joven con una larga melena morena, vendía el diario de la Juventud Comunista, que aboga por 'derrocar el capitalismo'. En el otro, se reunían los seguidores de Abu Ismail Hazm, el candidato del islamismo radical a las elecciones generales del próximo 28 de noviembre. Entre ellos, Mahmud, un barbudo empleado de una compañía de telefonía móvil, que pedía una transición democrática 'lo más corta posible', una demanda compartida por las distintas corrientes islamistas, convencidas de contar con más partidarios que las fuerzas laicas.

Sin embargo, la realidad a veces rompe los estereotipos. Shadia Bin Nil, una ama de casa vestida con un oscuro niqab, el velo integral, negó tener simpatías por los Hermanos Musulmanes o los salafistas, los islamistas radicales: 'Soy independiente, no tengo partido, mi única demanda es la libertad'.

Cuando el sol empezaba a esconderse en el horizonte, algunos grupos de manifestantes se dirigieron a varios edificios oficiales. La consigna de los organizadores era clara: la lucha debe ser pacífica. De hecho, ante la ausencia policial, se establecieron estrictos controles en todos los accesos de Tahrir para evitar la entrada de armas.