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Romney se aferra a la televisión para dar un golpe de efecto

Primer cara a cara entre los candidatos a la Casa Blanca.  Sólo en contadas ocasiones el pugilato cambió la tendencia de las encuestas, que lidera Obama

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Este miércoles se celebra el debate, el primero de los tres que enfrentará a Barack Obama y Mitt Romney antes de las elecciones del 6 de noviembre.

¿Conseguirá el primer encuentro en directo cambiar la opinión de los indecisos? ¿Dará a Romney la oportunidad de acortar las distancias en unos sondeos que de momento le son desfavorables? En suma, ¿habrá un antes y un después?

Hay opiniones para todo los gustos y en una campaña que está resultando ser bastante más aburrida que la de hace cuatro años, el evento televisivo ha desatado especulaciones, análisis y pronósticos. Pero los precedentes indican que en el fondo, a menos que uno de los contrincantes meta seriamente la pata, los debates no cambiarán realmente el panorama electoral.

Los candidatos llevan días preparando el encuentro con sus equipos. Obama en un hotel de los alrededores de Las Vegas, Romney en Denver donde tendrá lugar el debate. Para parecer más normal, el candidato republicano, contaba The New York Times, lleva desde agosto memorizando 'bromas' para quitarse de encima ese aspecto de madera que tantos votos le está costando.

Los dos bandos tienen estrategias distintas de cara al debate. 'Tenemos a un candidato que lo va a hacer increíblemente bien el miércoles por la noche', dijo el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, cuyo nombre sonó durante cierto tiempo como posible candidato a vicepresidente. Christie dio a entender que la cita serviría a relanzar la campaña algo descarriada de Romney. Los demócratas por su parte sólo dicen que el presidente está 'ansioso por hablar de todos los temas con los estadounidenses', incluida la economía, ha venido subrayando su ex portavoz, Robert Gibbs.

El presidente Obama tiene más posibilidades de brillar porque se conoce mejor los temas

Los sondeos de momento están a favor de Obama, pero queda todavía un mes de campaña, una eternidad en términos políticos. Según la última encuesta publicada por The Wall Street Journal, el presidente lograría 49% de los votos, 46% para Romney, una cifra ligeramente inferior a la ventaja de cinco puntos que disfrutó a mediados de septiembre, justo después de las convenciones de los dos partidos. Obama mantiene el apoyo de los jóvenes y de las mujeres, así como de los hispanos, entre los que lograría el 71% de las intenciones de voto.

La lógica parece indicar que el presidente tiene más posibilidades de brillar porque se conoce mejor los temas. Pero, como han contado asesores de algunos de los predecesores de Obama, a los jefes de Estado no les gusta mucho que les contradigan. Los adversarios, por el contrario, tienen más fresco lo de ser constantemente criticados.

Tanto Obama como Romney llegan al debate habiendo cometido errores serios en ocasiones anteriores. Para el presidente fue durante las tremendas primarias que le enfrentaron a Hillary Clinton. 'Caes lo suficientemente bien, Hillary' (en versión original 'you are likeable enough') lo que en su momento, y todavía ahora, se percibió como un comentario altanero, rayando en lo despectivo. Obama tiene ese defecto, pensar que es el más listo de la clase. Y aunque a menudo lo sea, no es realmente la percepción que la opinión pública estadounidense quiere tener de su líder.

Romney, por su parte, no puede evitar parecer el millonario que es. Su momento escasamente estelar es más reciente. Fue también en unas primarias, las republicanas del pasado invierno, cuando propuso a su entonces rival, el gobernador de Texas, Rick Perry, apostar 10.000 dólares sobre su plan de salud. 'Yo no apuesto' contestó Perry.

En pocas ocasiones los debates han dado de sí, aparte del famoso precedente en el que John F.Kennedy barrió a Richard Nixon. Ronald Reagan fue sin duda el que mejor supo usar las cámaras para proyectar una imagen mucho más relajada que la de su entonces contrincante Walter Mondale. Su naturalidad ante las cámaras desarmó a su rival.
Reagan, que cuando se presentó a un segundo mandato en 1984, ya tenía 73 años cogió el toro por los cuernos al afirmar que no iba a 'explotar por motivos políticos la inexperiencia y juventud' de su contrincante. Mondale, 56 años, no pudo evitar reírse. Supo en ese momento que se habían acabado sus aspiraciones presidenciales. Perdió en todos los estados salvo en el suyo, Minnesota.

Más que la ideas, los espectadores esperan ver en estas justas políticas algo que revele la verdadera identidad del político profesional que aspiran a representarles. En 2000 Al Gore perdió muchos puntos al acercarse a George Bush en un gesto inesperado que dio cierta sensación de desesperación.

Pero lo más importante en los debates no es tanto el evento en sí, sino la habilidad de las campañas de interpretar los errores del contrincante. Y para eso está el spin room la sala de prensa donde segundos después del debate los principales asesores de los candidatos se precipitan para contar su versión a los periodistas. Y en la era de Twitter, el ataque debe ser masivo y perfectamente coordinado.