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¿Qué rumbo va a tomar ahora la guerra de Siria tras el ataque aéreo de EEUU?

El ataque de Estados Unidos contra una base aérea en la provincia de Homs, que ha causado importantes destrozos y la muerte de nueve civiles, según Damasco, puede significar un cambio cualitativo en la guerra civil que ya dura seis años, y que se ha cobrado la vida de cientos de miles de personas, entre las que se cuentan decenas de millares de civiles.

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Imagen de la televisión siria donde se muestra la base militar destruida por los misiles de EEUU. /REUTERS

La cuestión es saber si el ataque de la madrugada del viernes ordenado por el presidente Donald Trump se va a detener o señala el principio de una mayor implicación militar en el conflicto. Los Estados Unidos disponen de decenas de bases militares en Oriente Próximo, además de una fuerza naval considerable, mientras que Rusia únicamente posee una base naval, precisamente en la ciudad de Tartús. Esto significa que un enfrentamiento directo entre los dos ejército es bastante improbable.

En las últimas horas muchos se habían preguntado si Estados Unidos iba a lanzar, de alguna manera, un ataque contra el ejército sirio en respuesta al incidente ocurrido el martes en Sheij Sheijun, un pueblo del distrito de Idlib, al norte del país, que ha costado la vida a más de ochenta personas, muchas de ellas afectadas por gases supuestamente utilizados por el ejército contra los rebeldes.

Un navío de EEUU lanza uno de los misiles contra una base militar siria. /REUTERS

Era una pregunta a la que el presidente Donald Trump rehusó contestar el miércoles en el transcurso de una rueda de prensa con el rey Abdallah de Jordania. Sin embargo, midiendo bien sus palabras, Trump manifestó que el ejército sirio había rebasado una “línea roja” con el uso de las armas químicas y que su actitud con respecto al presidente Bashar al Asad había “cambiado mucho” tras el mencionado incidente.

¿EEUU se decidirá por una intervención prolongada?

Una prolongada intervención militar americana distinta de la que está en marcha contra el Estado Islámico, presenta numerosos inconvenientes. Quizás el primero es que Rusia está muy implicada en el conflicto y probablemente hay pocas bases militares sirias donde no haya una presencia de soldados rusos. Este es un problema que de momento se ha podido soslayar pero que se ha de tener muy en cuenta.

Más allá de este problema, Trump debe considerar si una intervención a larga escala, algo a lo que el presidente se ha resistido desde el primer día de mandato, resolverá este conflicto que dura seis años. Pensar que una vez apartado del poder Bashar al Asad todo van a ser flores y violas es tener unas expectativas que guardan poca relación con la realidad de Siria.

Donald Trump durante su discurso tras ordenar el ataque a Siria. /REUTERS

Baste recordar lo ocurrido en Irak a partir de la invasión de 2003 y del país que dejaron los americanos cuando se marcharon en 2011, un país completamente desencajado cuya situación agravó significativamente la intervención del presidente Bush. Hoy vuelve a haber tropas americanas en Irak pero aunque están allí para derrotar al Estado Islámico, es completamente ingenuo pensar que se resolverá la situación cuando se acabe con el Estado Islámico.

Cuando el miércoles el vicepresidente Mike Pence advirtió que “todas las opciones están sobre la mesa”, apuntó a una intervención militar a larga escala que puede ser peor para una Siria que ya ha registrado un elevado número de muertos, más de 300.000, de los que probablemente más de la tercera parte son civiles, incluidos decenas de millares de niños.

Naturalmente, muchos se han rasgado las vestiduras tras el incidente del martes en Sheij Sheijun, entre ellos el presidente Trump. “Lo que ocurrió (el martes) es inaceptable para mí”, ha dicho sin mencionar que las tropas americanas han causado la muerte de un elevado número de civiles en Siria y en Irak, incluso después de que terminara de manera oficial la invasión de este país en 2011.

Los americanos han descartado la versión de los hechos que han dado los tres aliados que son Siria, Rusia e Irán, según la cual las armas químicas que mataron a decenas de personas estaban guardadas en un arsenal de los rebeldes que fue bombardeado por la aviación siria, y no fueron armas químicas usadas por los aviones sirios.

Cuerpos tendidos tras el ataque aéreo en Jan Sheijun (Siria). /REUTERS

En cualquier caso, una vez que la administración Trump ha cambiado su discurso tras la intervención de la madrugada, se abre una serie de interrogantes que solo el tiempo aclarará. La embajadora americana en la ONU, Nikki Haley, advirtió el miércoles que su país puede adoptar una “acción unilateral”, en alusión al uso de la fuerza que algunos aliados de Estados Unidos esperan.

Posición de los países del entorno

El caso de Israel es único. Los israelíes están cada vez más incómodos con la presencia de tropas rusas en la región y así lo han hecho saber. El jefe del ejército del aire reconoció el mes pasado que la presencia rusa está obligando a los israelíes a reconsiderar algunas de las operaciones que hasta hace poco eran rutinarias sobre el cielo sirio. Según el general, Israel debe proteger su capacidad operativa de los radares rusos.

Además, existe una preocupación creciente con respecto a Irán. Jefes militares israelíes han indicado que es muy posible que si Asad permanece en el poder, Irán establecerá una base naval en el Mediterráneo oriental similar a la base rusa de Tartús, una idea que Teherán ya ha dejado caer teniendo en cuenta que Israel dispone de submarinos nucleares que con toda seguridad patrullan por el Golfo Pérsico. Es una idea que preocupa mucho a Israel y hace que este país sea favorable a una intervención americana en Siria.

Aunque las relaciones entre Trump y Benjamín Netanyahu no son todo lo sólidas que dice el primer ministro israelí, no cabe duda de que éste va a hacer todo lo posible para acabar con el régimen de Asad para que Siria se convierta en otro país títere en la región. Netanyahu se ha apresurado a felicitar a Trump por el ataque, ahora bien, habiendo visto lo que ha sucedido en Irak, no es complicado pronosticar que Siria no será una balsa de aceite sin Asad.

Si hace apenas unos días el secretario de Estado Rex Tillerson manifestó en Turquía que el futuro de Asad “lo decidirá el pueblo sirio”, todo indica que en las últimas horas en Washington se están considerando otras opciones más expeditivas.