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"Sabía que Gordon Brown iba a ser un desastre"

Tony Blair define en sus memorias a su sucesor en el Gobierno británico como una persona con "inteligencia emocional cero"

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Era el libro más esperado del año. 'A Journey', las memorias de Tony Blair, ha salido hoy a la venta plasmando por primera vez en palabras del ex primer ministro británico la poca confianza que éste tenía en Gordon Brown como sucesor en el Gobierno y el liderazgo del Partido Laborista.

'Sabía que iba a ser un desastre', dice Blair sobre Brown. No porque el escocés fuera una persona incapaz, sino porque estaba decidido a alejarse del Nuevo Laborismo fundado por el propio Blair y que mantuvo a los laboristas 13 años seguidos en Downing Street. 'Debíamos retomar la senda reformista del Nuevo Laborismo y no lo hicimos', dijo el ex primer ministro en una entrevista con la BBC esta mañana.  

De hecho, Blair reconoce en algunas partes del libro recogidas hoy por los diarios británicos que, pese a que se planteó deshacerse de él en muchas ocasiones siempre llegaba a la conclusión de que Brown, que antes de ser primer ministro ostentaba la cartera de finanzas, daba al partido mucho más crédito que débito.

'¿Era una persona difícil y exasperante a veces? La respuesta es sí. Pero también era fuerte, competente y brillante y esas son cosas por las que nunca le perdería el respeto', dice Balir en su libro, en cuya web ya hay colgados varios extractos.

Sin embargo, las ganas de revancha de Brown, que cedió el paso a Blair en las primarias tras la muerte del anterior líder laborista, John Smith, marcaron la ruptura de las fluidas relaciones que hasta 1994 había entre los dos hombres. 'Me asustaba la antipatía, la posible brutalidad de todo ello, en realidad, la tristeza de dos amigos convirtiéndose en rivales', dice Blair.

'Me asustaba la tristeza de dos amigos convirtiéndose en rivales', dice Blair.Pero la amistad no le llevó a retirarse de la puja. Es más, cuando Smith murió, Blair convenció a Brown de que le apoyara.

Esto le creó ciertos remordimientos. 'Aún no estoy seguro de que fuera una decisión correcta' dice Blair, que cree que debería haber dejado a Brown intentarlo porque eso fue como dejar 'una batalla no resuelta'.

Los problemas fueron creciendo y las presiones de Brown para que Blair le tuviera en cuenta para el puesto de primer ministro cuando se retirara eran constantes. Blair consideraba al veterano Jack Straw o a Robin Cook tan dignos para el puesto como el propio Brown, aunque 'siempre que miraba a la situació acababa concluyendo que Brown era la persona indicada'.

En 2004 las cosas cambiaron. Con el Gobierno herido por las consecuencias de la invasión de Irak, Blair quería impulsar una serie de reformas para desviar la atención de la opinión pública. Medidas que según Blair, Brown retrasó para 'no poner en riesgo sus opciones'. Pero como en el pasado, Blair veía a Brown 'menos dañino dentro del Gobierno que fuera'.

A partir de 2005 Blair dice que ya sabía que el día a día iba a ser una 'constante lucha' con Brown. Y en 2006 se decidió su salida. Después nombró a Brown como su sucesor pese a que 'no iba a funcionar'. 'Inteligencia política, sí. Sentimiento político, ninguno. Inteligencia analítica, toda. Inteligencia emocional, cero', concluye Blair en su definición de Gordon Brown.

Las desavenencias entre Blair y Brown eran ya un tema de dominio público y en el último año ha habido varios libros que han tratado el tema. En especial dos: 'The End of The Party', del periodista Andrew Rawnsley, y 'El tercer hombre', de Peter Madelson.

En el primero, Rawnsley relata con todo tipo de detalles las constantes peleas entre ambos pesos pesados. Hasta el punto de que Brown le espetó a Blair un 'me has arruinado la vida, ¿quién crees que es mejor que yo?', en referencia a la carrera por la sucesión.

'The End of The Party' insiste también  en eso que Blair ha llamado inteligencia emocional de manera bastante eucada. Según las fuentes de Rawnsley, dentro del partido se veía a Brown como una persona 'sombría' y en 'permanente estado de ira'.

El que no tuvo sensibilidad alguna fue el ex ministro de Empresa, Peter Mandelson. En su libro, aseguraba que Blair veía a Brown como un 'loco, malo y peligroso'.

En su libro, Blair también dedica algunas palabras al ex presidente español, José María Aznar, al que presenta como un un 'duro negociador' en Bruselas y como un generoso anfitrión. Relata su primer contacto con Aznar a finales de mayo de 1997 poco después de su llegada al número 10 de Downing Street.

Aznar necesitaba que el tratado de Amsterdam reflejase 'la posición especial de España como recipiente de apoyo europeo y como un país grande junto a otros grandes, no un país pequeño'. 'Esto era un problema para los otros 'grandes', en especial para los alemanes, dirigidos por Helmut Kohl', escribe.

Blair relata como Aznar se enfrentó a todos y finalmente logró lo que quería.

El político británico recuerda todo eso a propósito de la invitación que le dirigió en 1998 Aznar después de que aquél lograra la firma del acuerdo de paz en Irlanda del Norte para que pasara la Semana Santa con su familia en España.

Debido a las negociaciones de paz, Blair tuvo que mandar 48 horas antes a su esposa, Cherie, y a sus hijos, tiempo durante el cual Aznar trató a su familia 'con enorme amabilidad y efusiva bondad'.

Páginas más adelante, recuerda que la opinión pública europea estaba muy en contra de atacar a Irak como pretendían él y el presidente de EEUU, George W. Bush.

'José María Aznar me dijo que (en España) sólo un 4% estaba a favor de una acción militar. Y yo le dije que ése era más o menos el porcentaje que se obtendría si se preguntaba a la gente si creía que Elvis Presley estaba aún vivo'.

'Pero (Aznar) era un tipo duro y estaba decidido a permanecer firme junto a (los EEUU de) América. Creía, como yo, que la posibilidad de un vínculo entre la proliferación de armas de destrucción masiva y grupos terroristas era demasiado real para aceptarla, y había llegado el momento de tomar postura frente al régimen, el de Sadam (Husein), que había recurrido a esas armas', escribe Blair.