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"Salta o te asfixias"

Casi 400 personas mueren en la estampida de Camboya

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'Salta, salta. Era lo único que escuchaba. Salta o te asfixias. Así que salté'. Srey Em recuerda, aún con lágrimas en los ojos, la trágica noche del lunes. 'Estaba con unos amigos y volvíamos de la isla. Cuando estábamos en el medio del puente, la gente empezó a empujar. Hacía mucho calor y no se podía respirar. Muchos saltamos al agua', continúa.

Srey Em es uno de los más de 700 heridos que tuvieron que ser trasladados a diferentes hospitales de la capital camboyana, Phnom Penh, después de que una estampida de personas los bloqueara durante horas en un pequeño puente. Una de sus amigas está en la lista de al menos 378 muertos que se asfixiaron esa misma noche. Venía de un pequeño pueblo de la provincia de Kompong Cham y había llegado a la capital para celebrar el Festival del Agua.

Como ella, otros tres millones de personas de las provincias se habían dado cita en Phnom Penh, una capital de tan sólo dos millones de habitantes, para presenciar las populares regatas que cada año cierran la estación de las lluvias.

La estampida se originó hacia las diez de la noche, cuando la multitud comenzó a agolparse en un puente que conecta Phnom Penh con la conocida como isla del Diamante por causas de momento desconocidas. Sin embargo, algunos testigos apuntan a que una de las luces que decoraban el puente causó un cortocircuito que asustó a la multitud.

'Vi a mucha gente en el puente que intentaba salir y entrar'

'Vi a mucha gente en el puente que intentaba salir y entrar. Empezaron a llegar ambulancias y policías, y entonces vimos que algo pasaba. Algunos se habían electrocutado', asegura Somaly, encargado de un puesto de telefonía móvil que se encontraba a 20 metros del acceso al puente.

La estampida bloqueó a cientos de personas en el puente durante al menos tres horas y la policía tuvo que sacarlos poco a poco. Cheang Sarath ni siquiera recuerda cómo salió de la avalancha: 'Creo que alguien me cogió y me trajeron al hospital. Tengo pequeños recuerdos, pero el calor no me dejaba pensar con claridad'.

Cuando consiguieron sacar a todos los supervivientes, sólo quedaban en el suelo los cuerpos inertes de cientos de personas. Varias horas después, sólo sus zapatos, todavía yaciendo en el puente, recordaban lo ocurrido.

Da busca con la mirada a Viracon entre los cuerpos dispuestos en fila en el hospital Calmette. Su hermano había ido con unos amigos a ver un concierto en la isla. 'He buscado en todos los hospitales, pero no lo he encontrado. Sé que algo le ha pasado', asegura.

Tras buscarlo en cada una de las tiendas habilitadas por el hospital para proteger a los cadáveres, la llegada de su madre con el gesto desencajado le hizo presagiar la noticia. Viracon sólo tenía 16 años.

'Yo conseguí salir de allí. Entonces ¿por qué ella no?'

Como la familia de Viracon, muchas otras han vagado durante la jornada de ayer de hospital en hospital para encontrar a sus seres queridos. En algunos, a los cadáveres sin identificar los habían descubierto el rostro para que las familias pudieran reconocerlos.

Los ataúdes son sacados uno tras otro de los centros sanitarios para devolver a las víctimas a sus lugares de origen en el interior de Camboya.

Mientras, los heridos se apilan a pocos metros, donde reciben asistencia por contusiones y asfixia. Sus familiares intentan reconfortarlos después de recibir la noticia de la muerte de algún conocido. 'Yo aún no me creo que ella haya muerto', asegura Srey Em recordando a su amiga. 'Yo conseguí salir de allí. Entonces ¿por qué ella no?'

 

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