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Sarkozy enciende 'la banlieue' en medio de los escándalos

El desproporcional despliegue policial en dos barrios populares en Francia causa graves disturbios que acaparan todos los titulares

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De momento no es más que una casualidad. Pero una casualidad lo suficientemente inquietante como para ser resaltada. La policía francesa, dirigida por el último fiel al presidente francés Nicolas Sarkozy, el titular de Interior, Brice Hortefeux, pegó fuego el viernes a dos puntos diferentes de la geografía de barrios populares de Francia, unos lugares particularmente castigados por la crisis. Y desencadenó así nuevas noches de insurrecciones violentas que están acaparando la atención de las televisiones. En el preciso instante en que el presidente no tiene a qué agarrarse, sumido como está en el fango del caso Bettencourt.

Veinte ciudadanos del barrio popular de Villeneuve, en Grenoble (Alpes franceses), se encontraban detenidos ayer tras la segunda noche de choques armados entre la policía y los jóvenes de la localidad. Una tensión originada por un incidente mortal ocurrido el viernes: un hombre del barrio de 27 años murió por disparos de la policía que le perseguía después del atraco a un casino de la región.

Los disturbios arrancaron de inmediato la noche del viernes. Y ello por una razón precisa. Tras el atraco del casino de Uriage-les-Bains, el coche de los presuntos atracadores fue perseguido por varias unidades de la Brigada AntiCriminalidad, unidades que tirotearon el vehículo en el preciso instante en que llegaba al barrio y no antes. Los jóvenes de esa localidad ampliamente peatonal y popular afirman que es falsa la versión de la policía, versión oficial que afirma que los agentes actuaron en legítima defensa.

Ayer, las autoridades mandaron 300 militares tras el ataque a una comisaría

Se da la circunstancia de que en ese preciso momento de la muerte del presunto atracador grenoblés, el mismo viernes, en otro punto de Francia, en Sevran (periferia norte de París), la policía lanzó una vasta operación antidrogas que duró toda la madrugada en dos barrios populares, con despliegue de cientos de agentes, helicópteros y un estado de emergencia de facto que irritó a los habitantes.

La tensión era palpable en Grenoble al ocaso, por tercera noche consecutiva. La policía desplegó unidades de intervención especiales fuertemente armadas, normalmente reservadas a casos de gran bandidaje o terrorismo, como el GIGN. Y ayer por la noche, se abrió un tercer frente, cuando las autoridades mandaron 300 militares a Saint-Aignan (centro del país) tras el ataque a una comisaría.

El ministerio de Interior afirmaba que los insurrectos de Grenoble habían utilizado armas de fuego. Se trata de algo que viene afirmando el Gobierno francés en cada choque entre policías y jóvenes de las barriadas, desde los disturbios de Villiers-le-Bel (al norte de París), en otoño de 2007, con Sarkozy recién elegido presidente.

En esa ciudad, los policías arrollaron entonces con su auto a dos adolescentes del barrio, Moushin y Lakami, y nunca fueron imputados o procesados. Por el contrario, en las noches que siguieron, la policía dijo haber localizado y detenido a cinco jóvenes que habrían utilizado armas de fuego o sido cómplices de su utilización en los choques con la policía. Cinco de esos jóvenes han pasado hasta dos años en prisión preventiva. Fueron juzgados hace tres semanas a penas de prisión, gracias a testigos anónimos remunerados, y declarados culpables. Los abogados de tres de ellos han anunciado un recurso.

En 2005, tras varias frases provocadoras del precandidato presidencial y ministro de Interior Nicolas Sarkozy, y tras la muerte de dos adolescentes perseguidos por la policía, Bouna y Zyad, electrocutados en una central eléctrica de Clichy-sous-Bois (periferia noreste de París), una insurrección pegó fuego al conjunto de barrios populares de Francia durante más de un mes, con una declaración del estado de emergencia que no tenía precedentes desde la guerra de Argelia (1958-1962).

Los conservadores empiezan a decir que el 'caso Bettencourt' ya ha hundido al presidente

Sarkozy ganó las presidenciales dos años después, apoyándose en el terror televisivo que las imágenes habían generado entre las clases medias blancas residentes en casas unifamiliares, y grandes consumidoras de la televisión privada TF1, propiedad del multimillonario Martin Bouygues, amigo personal Sarkozy.

El caso Bettencourt sigue sumiendo a Sarkozy no sólo en un embrollo judicial y político irreparable, sino también en una rebelión cada vez más abierta dentro de sus propias filas, cosa que le deja escasísimas perspectivas de poder ser candidato presidencial en 2012, como tampoco le permite llevar ahora adelante su proyecto de recorte del sistema de pensiones.

'El Elíseo cada vez encuentra menos voluntarios para atravesar el Puente de Arcole en llamas', declaró la semana pasada el líder parlamentario conservador Jean-François Copé. De rival en ciernes de Sarkozy dentro de la Unión para un Movimiento Popular (UMP) ha pasado al estatuto de enemigo frontal contra el presidente que se hunde en el fango.

La metáfora del 'Puente de Arcole en llamas' no podía ser más apropiada. Se refiere a una batalla sangrienta librada por el entonces casi desconocido Napoleón Bonaparte en 1796. El ambicioso general se tiró al fango de una marisma, sacrificó casi por completo un ejército de 17.000 hombres y dejó lisiados de por vida a varios oficiales, sólo para poder obtener una victoria.

Copé está diciendo lo que numerosos notables conservadores dicen en privado: que el caso Bettencourt, sobre financiación política ilegal, tráfico de influencias y ocultación de fraude fiscal, ha hundido ya a Sarkozy. Que ya sólo sirve para pelear en el barro y por su pellejo. Y ello, sea cual sea el futuro político y judicial que aguarde al ex tesorero de la UMP, el ministro Éric Woerth, hombre clave del tijeretazo social del presidente.