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Sarkozy nombra un nuevo Gobierno más conservador

Fillon repite como primer ministro y gana poder frente al presidente francés. Regresan algunos pesos pesados de la derecha y caen los centristas como el ministro de Exteriores Kouchner

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Nicolas Sarkozy se vio obligado a nombrar de nuevo como primer ministro a François Fillon, y se desquitó de la afrenta colocando a varios de sus peones fieles en el nuevo Ejecutivo francés, cosa que provocó una estampida de las personalidades de centro, que abandonaron el Gobierno dando un portazo. El Gabinete anunciado anoche destaca además por el regreso de varios notables clásicos de la derecha, y entre ellos un peso pesado, Alain Juppé, que se había destacado en los últimos meses por sus frases asesinas contra el presidente.

Tras la dimisión del anterior Gobierno el sábado y el nombramiento, de nuevo, por Sarkozy, del católico practicante Fillon el domingo por la mañana como primer ministro, el día de la misa estuvo dominado por tres reuniones de alta tensión sobre la composición del nuevo equipo, entre los dos hombres cuya rivalidad personal y política es cada vez más marcada. Sarkozy, que había preanunciado la crisis de Gobierno hace nada menos que cinco meses, tenía inicialmente la intención de desembarazarse de una vez por todas de Fillon, y pretendía hacer un giro cambiando de primer ministro. No pudo porque Fillon goza de una popularidad envidiable en la opinión pública y de un apoyo masivo entre los notables de la derecha, que hace unos meses lo aclamaron en una reunión al grito de '¡Fillon, presidente!'. Es el nuevo hombre fuerte de Francia.

Así las cosas, Sarkozy se conformó con el lote de consolación: forzó la mano a Fillon y colocó en el Ejecutivo a varios de sus aliados más fieles, cediendo además a la presión de los barones de la derecha, para darles puestos clave. Entre los sarkozystas de choque en el Gobierno anunciado anoche, figura en un lugar muy destacado Xavier Bertrand, apodado en París el lamebotas de Sarkozy, que ocupa el ministerio de Trabajo y Sanidad.


y Fillon es cada vez más marcada

Continúan los pesos pesados del equipo económico, con la ministra de Economía, Christine Lagarde, y el del Presupuestos, François Baroin, quien se convierte además en el portavoz del Gobierno.

Muy destacado por los analistas políticos fue el regreso a primer plano de Juppé, como titular de Defensa con rango de 'ministro de Estado', superior al de simple ministro. Ese nombramiento es particularmente polémico. El hombre había sido condenado en 2004 a una pena de inelegibilidad que le apartó de la política, por su implicación en los casos relacionados con la financiación irregular del ancestro de la UMP, la Agrupación para la República (RPR) de Jacques Chirac.

Como para señalar claramente su peso preponderante recuperado, Juppé se permitió anunciar indirectamente él mismo su nombramiento, agravio mayúsculo para Sarkozy en un país en el que el nombramiento del Gobierno es prerrogativa sagrada del presidente. Ese peso de los clásicos chiraquianos en el nuevo Ejecutivo quedó confirmado con el mantenimiento en el Gobierno de Michelle Alliot-Marie (anterior titular de Justicia), que pasa al ministerio de Exteriores, también con rango de 'ministra de Estado'. Un rango que Sarkozy nunca concedió a su predecesor, el controvertido Bernard Kouchner, venido del Partido Socialista, y que ahora abandona, amargado, el Gobierno.

Continúa el equipo económico, con Christine Lagarde y François Baroin

La configuración de un Ejecutivo con el poder acaparado por Fillon, por un lado, y por barones clásicos de la UMP venidos del RPR, por otro, además escoltados por varios juniors conocidos por su servilismo hacia Sarkozy, provocó la salida de los centristas.

Jean-Louis Borloo, estelar ministro de Ecología que se había postulado al cargo de jefe de Gobierno, se permitió anunciar por sí solo que se iba del Ejecutivo. Sonoro fue el comunicado del centrista. 'Prefiero recuperar mi libertad de palabra y de proposición al servicio de mis valores' para favorecer 'la primera de las prioridades, que es la cohesión social', dijo. La declaración era una auténtica zancadilla a Fillon, que había sacado un comunicado por la mañana para afirmar que su Ejecutivo iba a estar 'al servicio del empleo' y de 'las solidaridades'.

También aireó su cólera el otro gran centrista del precedente equipo, el ya ex ministro de Defensa, Hervé Morin. El nuevo Gobierno, dijo públicamente, no es más que 'un equipo electoral del RPR', siglas que hoy, tras los escándalos de financiación que azotaron a ese partido conservador hasta su desaparición, constituyen casi un insulto.

La entrada del centrista Michel Mercier, como ministro de Justicia, y de otro centrista desconocido como secretario de Estado mal encubrieron el giro hacia la derecha clásica que representa este Gobierno. Ese cambio de tercio hacia un estilo más clásico también se notó por la desaparición del polémico término 'Identidad Nacional'.

La rivalidad entre Sarkozy y Fillon es cada vez más marcada

El Sarkozy triunfante de 2007 había creado un pomposo Ministerio de Inmigración, Identidad Nacional y Desarrollo Solidario, ocupado primero por Brice Hortefeux y luego por Eric Besson. Ahora el término 'Identidad Nacional' desaparece. Sin duda el ridículo en que cayó el 'Gran Debate sobre Identidad Nacional' organizado por el anterior Gobierno hace unos meses no es algo que guste a los elefantes clásicos de la derecha.

No obstante, Sarkozy guardó en el Gobierno, como ministro del Interior, y con competencias en inmigración, a su fiel Brice Hortefeux, un hombre que ha sido condenado en los tribunales por 'injurias raciales'. Por el contrario, no salvó al controvertido Eric Woerth, implicado en el caso Bettencourt de fraude fiscal, que se cae del Gobierno.

 

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