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Sarkozy reaviva su romance con Bruni frente a las cámaras

El presidente insinúa que podría renunciar a un segundo mandato por la reticencia de su esposa, en otra maniobra para mejorar su imagen

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Nicolas Sarkozy estuvo algo alicaído en la Cumbre de Copenhague en diciembre pasado al ver que pasaba tan desapercibido como una mota de polvo entre Barack Obama y el primer ministro chino, Wen Jiabao. No se le arreglaron las cosas después, al perder el juicio del escándalo Clearstream 2 hace unas semanas y el fracaso del 'gran debate sobre la identidad nacional francesa'. Pero el presidente francés ya prepara el antídoto para relanzar su carrera. Agárrense que vienen curvas: ha iniciado el capítulo 2 de la telenovela de amoríos con su esposa, Carla Bruni. Y está lleno de suspense.

Desde diciembre pasado, no pasa una semana sin que algún gran medio rosa francés, o la prensa ilustrada de gran público de tipo Paris Match, hagan algún gran elogio o alguna entrevista en prime time a Carla Bruni-Sarkozy. También se empieza a volver a ver a la pareja en público en lugares de gran frecuentación. Todo parece ir sobre ruedas, con una Bruni 'embajadora contra el sida en Africa' y amiga de los pobres en los cinco continentes, incluido Haití. A finales de enero, la Bruni fue capaz incluso de abroncar a un periodista que preguntaba por el caso Clearstream, cosa que prueba su buena integración en los modales del partido de su marido.

'Mi marido es alguien que se entrega de los pies a la cabeza, incluido en el amor', dice Bruni

Pero el intríngulis está en el origen de ese resurgimiento a un primer plano de Bruni, casada desde hace dos años con el presidente y hasta ahora confinada en un discreto trasfondo. En diciembre, Sarkozy compareció ante los franceses por televisión para explicarles que algo complica su deseo de seguir al servicio de la nación. Él quisiera seguir siendo presidente más allá de 2012, cuando concluye su actual mandato. Pero, de creer sus confesiones, hay un problema: el corazoncito de su esposa.

'Como todo el mundo, cuando tengo que tomar una decisión, el punto de vista de la persona que comparte el corazón de tu vida, forzosamente cuenta', dijo Sarkozy sobre su eventual candidatura a la reelección. Y añadió: 'Carla sabe que no sólo cuenta mi situación, que hay muchos otros elementos; elementos que se llaman Francia e interés de la colectividad'.

Entonces... ¿será candidato o no? ¿Carla se opone a que su marido vuelva al pugilato supremo? Suspense. Pero más suspense aún sobre otra cuestión subyacente. Si hay un problema en el seno de la pareja sobre el futuro de Nicolas ¿Por qué tanta alusión en público? ¿Por qué no guardar el secreto, como hacen todas las parejas que discuten sobre un problema de oficina del marido?

Su papel en la película de Woody Allen debe respetar su función como primera dama

Para responder a ese interrogante, cabe remontarse a los días que precedieron a la comparecencia de Sarkozy. Bruni había sido entrevistada por varios medios rosa, actividad normal que es una de las obligaciones contractuales de la consorte y primera dama. Era su resurgimiento.

Una de las comparecencias fue perfecta. La ex top model respetó la senda trazada y dijo: 'Si vuelve a presentarse, es asunto suyo. A mí, como esposa, un solo mandato me basta... ¡Mi marido puede hacer de todo! Es alguien que se entrega de los pies a la cabeza, incluido en el amor'. Impecable. En un solo susurro televisado, la actriz consorte reeditaba el mito de la omnipotencia de Sarkozy, hacía nacer el gemido de placer de una esposa feliz que acaba de descubrir el amor verdadero y postulaba al cargo de esposa necesitada que lo que quiere es tener a su marido tranquilo en casa.

El problema es que esa Carla esposa perfecta del siglo pasado no cuadra con la mujer ultramoderna y compleja que, supuestamente, se enamoró de Sarkozy a primera vista cuando coincidieron en una ceremonia hace dos años. Entonces, Bruni era la ex de varias estrellas mundiales conocidas por sus excesos. Y era una mujer que dijo: 'Ahora lo que quiero es un hombre con poder nuclear'.

Bruni, tras haber dejado atrás las pasarelas, intentaba en ese momento arrancar una difícil carrera de cantante. Fue puesta en bandeja al recién divorciado Sarkozy por varios celestinos de París, como Denis Olivennes y Jacques Séguéla.

Para hacer creíble el nuevo guión de la esposa, el Elíseo ha puesto en marcha una estrategia de comunicación diabólica. La escena clave se produjo en diciembre, en el Elíseo. Sarkozy abroncó en público a un frágil y anfetamínico animador de programas rosa muy célebre en Francia, Marc Olivier Fogiel. El crimen del presentador había sido preguntar hace meses a Bruni: '¿se hubiera usted casado con un hombre como Sarkozy si no tuviera el poder?'.

Si estos devaneos revisten importancia, es porque prefiguran el anuncio de la candidatura a la reelección de Sarkozy. En Francia, el momento en que un presidente anuncia que quiere volver a presentarse es muy arriesgado, casi mágico, y exige una cuidadosa puesta en escena. El balance medible y cuantificable de un mandato debe ser proyectado al futuro, en forma de un nuevo 'designio' para la nación.

Para Sarkozy, cuyo balance es poco defendible, el problema tiene difícil solución. Y, como presidente que gasta 11 millones de euros al año en sondeos personales y en comunicación de imagen, fuerte podría ser la tentación de jugarlo todo a una carta: un desgarro matrimonial relacionado con su entrega total y definitiva a los franceses.

Próximo episodio, pronto en sus pantallas: Carla Bruni ha dicho sí al rodaje de una película bajo la batuta de Woody Allen, filmada en París el verano próximo, y con Antonio Banderas de por medio. A petición del Elíseo, Bruni puso como condición que nada en el guión pueda poner en peligro sus funciones de primera dama. Al mismo tiempo, reconoce que ha aceptado el papel sin leer exactamente lo que tendrá que hacer. En sus últimas declaraciones, a finales de enero, hizo saber que no está 'segura de que esa propuesta se realice realmente', con lo que da a entender que su eventual negativa podría sabotear el rodaje.

Como decían algunas actrices del destape en la transición: 'Si lo exige el guión...'.