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Sarkozy resucita el fantasma de las deportaciones de Vichy

La oposición y los colectivos de gitanos comparan el actual clima "racista" con el de la Francia previa al régimen colaboracionista. Los romaníes se sienten el "chivo expiatorio" del Gobierno

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Acusado de 'racismo de Estado' y atrapado en las contradicciones de su legislación sobre expulsiones y gitanos, Nicolas Sarkozy intentó salir por la tangente en Bruselas y escapar a las sanciones gracias a un espectáculo que el primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker (que asistió a la escena) ha calificado de 'discusión viril de machos'. La tibieza de las instituciones europeas probablemente permita a Sarkozy salir indemne. Pero no así en Francia: la oposición, las organizaciones de derechos civiles y las asociaciones de romaníes francesas consideran que el presidente coloca al país en la vía de retorno a los años treinta y por eso siguen organizando la resistencia.

'El gobierno de Vichy está resurgiendo a la superficie, porque, entonces, todo arrancó así, igual que hoy. Con la aplicación de decretos como el de 1912, con el decreto de 1940 para internarnos. Esto da miedo, mucho miedo, y por eso la pelea va a ser importante'. La voz es firme al teléfono. Es el hilo de voz de un anciano: se llama Raymond Gurene, es romaní de la gran periferia sur de París, tiene 85 años y fue uno de los miles de internados por el régimen fascista de Vichy. Él logró escapar a varios campos de internamiento, y participó, con otros miles de gitanos, en las tareas de la Resistencia bajo la ocupación.

André Sauzer, dirigente de una asociación romaní de la región parisina agrupada en la coordinadora La Voix des Roms, subraya que 'Sarkozy es un hombre que ya ha entrado en campaña electoral, pero no por eso se pueden dejar pasar cosas así, porque lo que está lanzando es excesivamente grave'. Destaca que, en el seno de su comunidad, 'ahora nos interrogamos sobre lo que puede haber dicho con Angela Merkel... ¿Quiere decir Sarkozy que, confidencialmente, Alemania está dispuesta a empezar a desmantelar y deportar colectivamente?'

Merkel se vio forzada el viernes a insistir, a través de su portavoz, en que en ningún momento habló con Sarkozy de desmantelar campamentos gitanos en Alemania, como el presidente francés había afirmado: 'En ningún momento se abordó esa cuestión', ratificó el portavoz Steffen Seibert.

 'Reding ha puesto el dedo en la llaga', afirma el socialista Arnaud Montebour

Desde el 21 de julio pasado, fecha del primer anuncio precursor de Nicolas Sarkozy sobre su nueva política antigitana, el presidente de La Voix des Roms, Saimir Mile, disparó la alarma en este diario. La razón de la ofensiva del candidato electoral es 'desviar la atención contra blancos fáciles', aseguró. De acuerdo con este análisis, Sarkozy necesita hallar chivos expiatorios, dados los malos resultados de su política económica, su fracaso en seguridad ciudadana y los escándalos político-financieros en que está implicado.

La imagen del gitano ladrón y sucio conviene especialmente a su fracaso en materia de seguridad ciudadana. Francia se ha vuelto una sociedad violenta, donde policías disparan y matan a jóvenes, donde las cifras de agentes asesinados o heridos ha crecido un 30% desde 2002 en la periferia norte de París y donde las agresiones han aumentado casi un 18% en siete años.

Mile subraya que sería un error ver la política de Sarkozy como un simple problema de los gitanos y los nómadas. 'Nuestros derechos son los vuestros y la supresión de nuestros derechos anuncia la supresión de los derechos de todos', explica la asociación La Voix des Roms.

Ayer, la Unión Romaní Internacional, en colaboración con asociaciones de derechos humanos francesas, anunció que está preparando una demanda colectiva para denunciar al Gobierno de Francia ante el Tribunal de Derechos Humanos de la UE en Estrasburgo. En varias ciudades de Francia se celebrarán hoy varias manifestaciones gitanas. Las marchas podrían ser agitadas a causa de una nueva provocación del Gobierno.

El confinamiento de los gitanos en Francia fue anterior a la ocupación nazi

En un juicio fallado este viernes en Toulon (sur), el juez absolvió, a petición de la fiscalía, a un gendarme que mató hace dos años de tres balazos a un joven presunto delincuente de etnia gitana. El muchacho se escapó esposado de la gendarmería y los agentes dispararon siete veces, pese a que tenían su dirección y conocían a todo su clan. La ley francesa autoriza a abrir fuego contra un fugitivo sólo si representa un peligro.

'Viviane Reding ha puesto el dedo en la llaga de los verdaderos problemas. Antes de la deportación de los judíos, hubo medidas discriminatorias que fueron juzgadas aceptables. La deportación de los judíos llegó diez años después de las primeras medidas discriminatorias contra los gitanos. Es así como se empieza', ha afirmado el diputado socialista Arnaud Montebourg.

El 6 de abril de 1940, dos meses antes de la ocupación nazi, el presidente francés Albert Lebrun firmaba un decreto ley que fue juzgado aceptable y legal: ordenaba el confinamiento domiciliario y la sedentarización de los 'nómadas'; es decir, los gitanos. La medida pareció totalmente normal. Sobre todo porque ya desde el 16 de julio de 1912 una ley obligaba a los 'nómadas' a llevar una ficha antropométrica que debía ser sellada por un policía a cada movimiento. Todo eso era tan perfectamente legal que los nazis y sus colaboradores del régimen de Vichy utilizaron esos mismos textos para llevar adelante sus propios planes meses después: internar y exterminar.

Nicolas Sarkozy intentó esta semana cerrar de un portazo la polémica por el racismo de Estado en su política de expulsiones. Y lo hizo acusando a medio mundo, especialmente a la comisaria europea Viviane Reding, de haberles comparado con los nazis. La bofetada así asestada tiene la ventaja de cubrir de oprobio a los críticos, porque es evidente que las deportaciones francesas nada tienen que ver con los trenes de la muerte. Sarkozy no es Hitler, pero sí es personalmente responsable de haber instaurado una política que trae a la memoria la época que, sobre todo en Francia e Italia, precedió y facilitó el nazismo. Y la comparación entre la Europa de hoy y la de finales de los años treinta es por ello pertinente y necesaria.