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Sarkozy sacrifica a su ministra de Exteriores

Alliot-Marie dimite por su polémica relación con la dictadura tunecina de Ben Alí

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Nicolas Sarkozy ha sacrificado a su ministra de Exteriores, Michèle Alliot-Marie, comprometida en relaciones de negocios con la tiranía tunecina de Zin el Abidine Ben Alí. Colocó, en su lugar, al histórico y experimentado Alain Juppé, que abandona la cartera de Defensa y se convierte en figura tutelar del presidente francés, en este desesperado intento de rescate de la política exterior del país galo, en marasmo total a causa de las revoluciones árabes.

'Pese a tener la sensación de no haber cometido ninguna falta, he decidido renunciar a mis funciones', dijo Alliot-Marie en una carta dirigida a Sarkozy, en la que se declaró víctima de una campaña política y mediática contra su figura.

Para reemplazar a Juppé en Defensa, Sarkozy llamó a filas a un personaje que no es ya un histórico, sino un auténtico dinosaurio: se trata de Gérard Longuet, un excentrista que ha ido saliendo progresiva y penosamente del purgatorio en el que se encontraba durante más de una década a causa de su implicación en el escándalo de la financiación ilícita de partidos.

El presidente francés propone un Consejo Europeo extraordinario

El controvertido Brice Hortefeux abandona el Ministerio de Interior, que será ocupado por el secretario general de la Presidencia, Claude Guéant.

La impresión de caos diplomático ha sido tal en Francia desde el inicio de las revoluciones árabes que han nacido tres grupos anónimos de altísimos funcionarios y selectos embajadores para enfrentarse a golpe de tribunas en los medios, a propósito de la 'imprevisión', la 'improvisación' y el 'amateurismo'. Defectos, todos ellos, que se imputan al propio Sarkozy, en la mayoría de los casos, o a los embajadores mismos, en otros.

El presidente compareció en los medios para, sin preguntas de la prensa, afirmar que planea 'proteger' a los franceses de lo que pueda ocurrir en la otra orilla del Mediterráneo. Después de haber apoyado al dictador tunecino Ben Alí, nombrar al egipcio Hosni Mubarak copresidente de la Unión por el Mediterráneo y acoger con rango de visita de Estado y todos los honores a Muamar Gadafi en diciembre de 2007, dijo que ahora quiere respaldar 'sin miedo' a los pueblos magrebíes. Dicho lo cual, pasó rápidamente a evocar el riesgo de 'tragedia', 'inmigración incontrolada' y 'terrorismo' en la orilla sur, por lo que propuso un Consejo Europeo extraordinario.

Advierte del riesgo de 'terrorismo e inmigración descontrolada'

La intervención de Sarkozy intentó hacer olvidar que su canciller volaba en el jet privado de un multimillonario del clan Ben Alí en plena revolución y por haber dejado que al mismo tiempo su familia cerrara negocios de más de 300.000 euros con la gente del régimen.

Autoridad mermada

Uno de los momentos más interesantes de la velada se produjo en los minutos que precedieron a la intervención de Sarkozy. Cuando todos los consejeros de la presidencia francesa clamaban que nadie sabría nada hasta que el presidente hablara, numerosos notables de la derecha le tomaron la delantera e hicieron oídos sordos. Como para dejar claro que Sarkozy ya no ordena ni manda, sino que está bajo tutela.

Por citar sólo uno de esos notables que fueron por libre: el presidente del Senado, Gérard Larcher, soltó un comunicado oficial, tres cuartos de hora antes de la intervención de Sarkozy, para 'felicitar' al nuevo titular de Defensa, Gérard Longuet. Olvidando citar que, oficialmente, todavía no había sido nombrado.

Patrick Ollier, el novio de Alliot-Marie, salvó ayer su cartera a pesar del intento de Sarkozy por recuperar la virginidad política en el Magreb.El ministro de Relaciones con el Parlamento, en realidad es un mandado que ha pasado más de un lustro trabajando como una hormiga en el encargo que le habían dado: recalentar relaciones con Gadafi, tal y como hacía todo Occidente a partir 2001. Pilotó misiones a Trípoli, presidió asociaciones franco-libias y trabajó para la liberación de las enfermeras búlgaras en 2007, además de facilitar la visita de Gadafi a París en 2007. Todo con la bendición de Sarkozy. Cierto es que Ollier también cometió los excesos de celo necesarios en esos recalentamientos de relaciones con tiranos: llegó a elogiar las “sorprendentes” capacidades “de análisis y de decisión” de Gadafi.